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miércoles, 3 de abril de 2013

Nostalgia celular

No sé en qué momento los teléfonos celulares se convirtieron en pequeñas computadoras (bueno, ok, sí sé, fue en el 2007), y no sé si esté muy a favor de ello.

I mean, sure, es cool poder tener miles de canciones, videos, fotos, juegos y todo lo demás en un aparato que te cabe en la bolsa, ¿pero a qué precio?
¿Acaso no éramos más felices con los celulares de antaño?

Recuerdo perfectamente mi primer teléfono: un hermoso Nokia 3320, desos que TODO el mundo tenía porque eran baratos y estaban de moda.
It was fuckin gorgeous.

Me acuerdo de lo feliz que me sentía sacando mi celular en la secundaria, cuando todavía la mayoría de mis compañeros no tenían un teléfono, ¿porque pues para qué chingados quieres uno a los 14 años?
Para jugar viborita en las clases aburridas (a escondidas, claro, porque la peor tragedia sería que el profesor te cachara y te quitara el teléfono) y entonces te sentías extremadamente rebelde porque eras un chico malo que no estaba poniendo atención a su clase de matemáticas.
Evidentemente, los 14 años es una edad muy teta.

Mi Nokia aguantaba toda clase de madrazos, sin importar qué tan fuertes fueran. Juro por Dios que me mira desde abajo que ese celular era virtualmente indestructible.
Además, si prendías el vibrador y ponías el teléfono encima de una mesa, podrías jugar carreritas usando los tonos (monofónicos).
Era como si la diversión nunca terminara con los teléfonos viejitos.

Después las cosas todavía mejoraron con los primeros celulares con pantalla de 256 colores, y las primeras cámaras chafísimas.
Era lo mejor de dos mundos: la simplicidad adorable y la "modernidad" impresionante. Debo admitir que era impresionante en sus tiempos.

No sé, llámenme anticuado, pero la verdad es que recuerdo con mucho más cariño esos teléfonos viejitos y anticuados, que las mini computadoras que tenemos ahora. Como que no tienen la personalidad de antes.
Todos los teléfonos son iguales hoy en día: una pantalla grande. That's it.

Evidentemente hacen muchísimas más cosas, y sería difícil imaginar una vida sin ellos, pero eso no quita que cuando recuerdo mis primeros celulares, suspire con cariño, para después agitar el puño con furia mientras veo lo que venden hoy en día.
En mis tiempos los celulares estaban mejor hechos.

lunes, 18 de octubre de 2010

Y afuera llovía

Y ahí estaba yo, con una taza de café a medio tomar frente a mí.
Deja-vú no es la palabra correcta, pero es la primera que me viene a la mente.

Un silencio incómodo flotaba en al aire de una manera desconcertantemente tangible.
Me pasé la mano por el cabello, como hago miles de veces al día, en forma casi inconsciente.

Una vez más, había terminado de contar la historia del ángel de un sólo verano.
Me pareció como si hubiera contado esa historia más veces de las que son necesarias para empezar a recitarla de memoria, sin siquiera tener que pensar en lo que sale de mi boca.

"Wow...", dijo por fin ella, y después volvió a quedarse callada.
"Sí bueno... esas cosas pasan", dije yo, sin saber qué más decir.

Siempre me ha parecido graciosa la forma en la que la gente reacciona cuando le cuentas que la persona que más amabas en todo el mundo, murió justo frente a tus ojos.

Es como si su mente tratara de ponerse en tu situación, como si trataran de imaginar la escena.
Te dejan de ver: sus ojos se pierden en algún punto cualquiera, y tú sabes que es porque les parece imposible mantenerte la mirada.
Me parece gracioso cómo por unos segundos, quieren sentir lástima por tí; como si eso los hiciera sentirse mejor del hecho de haber traído el tema a la conversación.

"Y... ¿estás bien?", me preguntó unos segundos después.
Le di un trago a mi café ligeramente frío. "Pfft, fue hace muchos años, claro que estoy bien..."

Ella puso su mano sobre la mía, y me dijo que lo sentía mucho.
¿Sentirlo por qué?
No es como si fuera su culpa, no es como si hubiera conocido a la muerta siquiera.

Sonreí, pero no le dije nada. Nunca he sabido qué decir cuando me dicen que lo sienten.
¿Gracias?, ¿qué amable?

"¿Por qué nunca me habías dicho nada de lo que pasó?"
Precisamente ése tipo de preguntas son las que hacen que nunca tenga ganas de hablar de eso.

"Pues... nunca salió a tema, supongo.", le contesté.
"Pero es algo muy importante de tu vida..."
"Ahá, pero no es como si fuera a ir por la vida dicíendole a la gente "Hola, me llamo Joselo, hace muchos años mi novia se murió mientras yo veía lo que pasaba sin poder hacer nada al respecto, ¿me pasas la sal?", ¿sabes?, es un tema un poco más delicado que eso"

Me estaba viendo con los ojos ligeramente llorosos. Si hay algo que odio en este mundo es que la gente llore por mi culpa, aunque técnicamente no sea mi culpa.

"¿Ves?, si lo estuviera diciendo todo el tiempo, la gente se pondría a llorar y nunca me pasarían la sal..."
Ella sonrió un poco.

"¿Piensas mucho en ella?"
"Meh... ya no mucho. Antes pensaba en eso todo el tiempo, pero supongo que fue hace tantos años, que lo he ido borrando poco a poco... no lo sé, es raro, ¿sabes?"

Esperaba que ella me contestara "sí, sí sé", pero como se quedó callada, tuve que seguir hablando.
"Es raro porque ya no me pone triste ni nada, pero cuando escribo de eso, siempre parece como si yo estuviera deshecho por lo que pasó... supongo que es simplemente mi forma pitera de escribir"

"¿Escribes mucho de eso?", me preguntó.
"Mucho más de lo que me gustaría, ja"
"Entonces todavía la extrañas..."
Le di otro trago a mi café, en parte porque si no me tapaba la boca iba a terminar agradeciéndole por recalcarme lo obscenamente obvio.
Seguro después me diría que tengo un cromosoma Y, que mi cabello es café, y que uso el sarcasmo para esconder lo estúpidamente vulnerable que soy.

"Nunca la voy a dejar de extrañar, pero no es eso", le dije.
"¿Entonces?"
"No sé... es como si tuviera que escribir de eso... como si tuviera que plasmar cada detalle, por pequeño y ridículo que sea..."

Ella se quedó callada.
Ella se quedó callada, y yo empecé a sentir algo raro en mi pecho.
Se sentía frío, se sentía como si me empezaran a apretar muy fuerte.

Sin darme cuenta, seguí hablando, cada vez más débil: había dejado de hablarle a ella y me estaba diciendo las cosas a mí mismo.

"Es como si tuviera que escribir mientras todavía me acuerdo, porque algún día se me va a empezar a olvidar todo... y no se me puede olvidar..."

De repente ya no me importó el café, ya no me importó mi amiga, ya no me importó que afuera estuviera lloviendo, ya no me importó nada.
Tenía miedo.

"Si se me olvida es como si no hubiera sido real, como si nunca hubiera pasado... como si ella nunca hubiera existido..."

El frío que empecé a sentir sólo me recordó lo lejos que estaba de la playa y de esos días.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Ligeramente preocupante

Recuerdo que hace muchos años, mis padres discutían acerca de si era buena idea comprarme un juego de video o no.
El juego en cuestión era Mortal Kombat 2, y la discusión se centraba alrededor de si tal vez el juego tenía demasiada violencia para mi joven y voluble mente.

Mi padre veía la caja del juego, y yo sabía que sus ojos se estaban centrando en la etiqueta de "contenido no recomendable para menores de 17 años"
En esos tiempos, yo tenía como 9, así que obviamente el juego no era recomendable para mí.

Eventualmente, tal vez después de darse cuenta de que habían desperdiciado más de 10 minutos pensando en un videojuego, lo mandaron todo al diablo y me lo acabaron comprando.
Joy of joys.

Por las siguientes semanas, todo mi tiempo libre fue dedicado a aprender a sacarle la columna vertebral a mis oponentes, a hacer que su corazón explotara dentro de su caja torácica, o a echárles ácido en la cara.
Dios, cómo amaba ese juego.

Recuerdo también que un día, no mucho después de toda la discusión paternal, yo invité a unos amigos a mi casa después de la escuela, para jugar Súper Nintendo (como era la costumbre en esa época)
Estábamos todos embobados alrededor de mi tele, viendo como la sangre virtual manchaba de rojo el piso virtual.
Los que jugaron Mortal Kombat 2 no me dejarán mentir: en ese entonces, las gráficas eran impresionantes.

De repente, uno de mis amigos me dijo "wow, qué envidia que te hayan comprado este juego... yo lo quería, pero mis papás me dijeron que no, porque cuando creciera me iba a volver insensible a la violencia..."
Todos nos burlamos de él, y lo llamamos gay.
Cuando tienes 9 años, decirle gay a alguien es como... lo más hardcore que puedes hacer.
Siendo sinceros, sigo diciéndole gay a la gente cuando quiero molestarla; pero eso es sólo porque soy tremendamente inmaduro.

En fin, el tiempo pasó, y yo seguí jugando juegos cada vez más violentos.
Después, vinieron los slasher films, el cine gore, etcétera etcétera.

No es que yo quiera decir que soy sumamente badass y hardcore, porque no lo soy; en realidad soy todo chillón y marica (pero soy tremendamente guapo y tengo desgarradores ojos verdes, así que todo está bien), simplemente crecí rodeado del mismo tipo de estímulos que la mayoría de la gente.

Fast forward.

El día de hoy, estaba viendo una película con unos amigos.
En una escena, el protagonista saca un cuchillo de sus pantalones, le corta la panza a uno de los malos, le saca las tripas, empieza a correr con ellas, y se avienta de una ventana agarrado de las tripas, para usarlas como bungee.

Después de reirme inmaduramente por unos cuantos segundos, dije "meh, hubiera estado más chido si los intestinos se hubieran roto y el tipo hubiera salido volando y se hubiera estrellado contra el piso"

Fue en ese momento que escuché la voz de mi amigo, que había estado guardada por muchísimos años: "... cuando creciera, me iba a volver insensible a la violencia..."

Me quedé pensando en lo cierto de sus palabras, y me preocupó un poco el hecho de que las escenas violentas me den tanta risa.

"Carajo, el gay tenía razón", dije en voz baja.
Mis amigos se me quedaron viendo, y después regresaron su atención a la película hilarantemente violenta.

Me quedé un par de minutos pensando en la situación, ligeramente preocupado por no haberme sentido mal de que al pobre villano le sacaran las tripas.

¿Y si tenía familia?
¿Y si era el único sustento de una casa llena de gente?
¿Qué sentirán sus padres cuando sepan que un tipo bigotón usó las tripas de su hijo como una cuerda de bungee?
¿Y si su esposa estaba embarazada?
¿Qué tal que no era un tipo tan malo, y simplemente había aceptado el trabajo para pagar las deudas que le dejó su tratamiento para la leucemia?
¿Y si al otro día había quedado de ir a visitar a unos ancianos al asilo, y los viejitos estaban emocionados de por fin hablar con alguien que les pusiera atención?

Fue entonces cuando regresé al mundo de las personas no-imaginarias, y le pregunté a mis amigos si alguien sabía de alguna página donde pudiera jugar Mortal Kombat 2.

Dios, cómo extraño ese juego...

viernes, 26 de junio de 2009

Un post que nada tiene que ver con Michael Jackson

Sino más bien con el paso del tiempo, el fin de semestre, la nostalgia, y las chicas pseudo-rockers.

Y es que por fin, después de un par de intensísimas semanas de exámenes, entregas, chingas, perseguidas de maestros, conversaciones intensas, subidas y bajadas de escaleras, comprensión de canciones de musicales, agregados, anexos, y bibliografías; por fin estoy de vacaciones.
Albricias.

Y hoy, después de hacer mi última entrega, me senté en una silla helada, y sentí paz y tranquilidad por primera vez en muchos días.
No hay nada más bonito que dejar de sentir presión, y empezar a sentir libertad y calma.

Mientras mataba el tiempo, esperando a que fuera hora de irme a comer con mis amigos, me puse a platicar acerca de la genialidad musical de Norman Cook, y en eso, la infinita sabiduría del shuffle eligió una canción que desató una serie de cuestionamientos:
Days Go By, de Dirty Vegas.

Sin nada más que hacer, los ahí presentes empezamos a discutir acerca de la letra de esa canción.
Algunos decían que trataba sobre un tipo ardido, otros decían que trataba sobre el amor pasado, y algunos otros decíamos que todo iba mucho más allá, y se refería a la nostalgia.

Como muchos de ustedes saben, lectores imaginarios, la nostalgia es mi sentimiento favorito y mi sentimiendo más odiado simultáneamente; porque ponernos nostálgicos nos trae una inmensa cantidad de felicidad, y al mismo tiempo, nos hace sentir una tristeza impresionante.

En fin, la discusión en nuestra mesa giraba en torno a la nostalgia y a las experiencias pasadas. Por azares del destino, Johanna Rocker llegó en ese momento y se sentó junto a mí.

Y así, medio clavado en la música, medio embobado con la chica rocker, medio escuchando la conversación, con hambre, con frío, con sueño, con nostalgia, y sintiendo mucha paz y tranquilidad; me perdí en el momento.

Fue una mañana un poco rara, pero bastante agradable; llena de caféces, anécdotas, chistes, albures, música, ojos café claro, mariposas en el estómago, planes para el futuro, y demás conversaciones que salen cuando varias personas que apenas empiezan a vivir se juntan en un mismo lugar.

Unas cuantas horas después, me di cuenta de que ya era hora de irnos a comer, así que todos agarramos nuestros triques y fuimos a probar la mejor pizza que jamás hayamos probado.

Feliz inicio de vacaciones para mí.

martes, 14 de abril de 2009

Las pedas irresponsables

Hace un par de días, un amigo convocó a una reunión de emergencia en su casa; y una de las poquísimas cosas que mi grupo de amigos respeta, es la convocatoria a reuniones de emergencia, así que todos acudimos a la residencia de este güey con presteza.

Cuando llegamos, descubrimos que la emergencia era que el anfitrión acababa de comprar la quinta temporada de Los Simpson, y quería reunirnos a todos para que la viéramos en su tele de alta definición.
Podríamos habernos enojado por su emergencia ficticia, pero hey, el CCR estaba reunido otra vez, así que decidimos echar la hueva un rato.
(CCR significa Club de los Corazones Rotos, y últimamente nos autonombramos así porque la mayoría de nosotros cortó con sus novias recientemente; esa fue la nota irrelevante del día, gracias por su atención)

Pasamos toda la tarde viendo capítulos viejos de Los Simpson, jugando Street Fighter, Rock Bandeando, cheleando, dándole baje a una botella de Appleton, y algunas otras cosas más; pero de repente, Zeus nos castigó por la cantidad de blasfemias que estábamos diciendo, y de la nada, se fue la luz.

Ya que no podíamos seguir viendo videos argentinos en Youtube, decidimos sentarnos a platicar un rato.

Al principio, las historias se concentraban en nuestros corazones rotos, y durante un par de horas, cada uno de nosotros fue contando su relato, mientras los demás apoyaban con frases como "todas las viejas son iguales", "todas son unas perras locas", "ya sal del clóset y ahórrate todos estos pedos", "Abo es un pendejo", o cosas así.
Afortunadamente, después de ese breve periodo emo, la conversación pasó a ser más entretenida, y se enfocó a los buenos viejos tiempos, donde las pedas eran mucho más divertidas y siempre pasaban miles de cosas cada vez que salíamos a embriagar.

Hubo una anécdota en particular que me hizo darme cuenta de que eso era cierto, antes todo era mucho divertido, y eso se debía principalmente a que éramos mucho más irresponsables, y nos valía madres todo.
Y esa anécdota va a ser la que contaré el día de hoy.

Estábamos en quinto de prepa (que como ya he mencionado antes, ha sido el año más divertido de mi vida); de hecho, todo pasó un día después de la iniciación.

Me desperté, bastante crudo, y me acordé de que tenía que ir a una obra de teatro ese día, porque la maestra de Literatura nos había mandado a ver... Pedro y el capitán, o no me acuerdo qué.
Ya en el teatro, me di cuenta de que muchos de mis compañeros estaban igual de mal que yo, así que eso me hizo sentir un poco mejor, porque, digan lo que digan, la desgracia ajena es poca madre.

Me senté junto a algunos de mis amigos, y junto a una niña que quería conmigo (me enteré unos meses después).
En el trayecto de la aburridísima obra, me la pasé quejándome de mi cruda, así que esta niña me sugirió "pues hay que seguirla ahorita saliendo de la obra, ¿no?".
Evidentemente, me pareció buena idea, así que le pasé el mensaje a mis amigos, y decidimos ir al billar en cuanto saliéramos de ahí.

Una vez afuera del teatro, nos pusimos a juntar gente que quisiera ir, y acabamos con un grupo de como 20 personas.
18 de nosotros eramos ladillosos, y había 2 niñas fresas que quisieron acompañarnos, seducidas por los encantos de mi amigo Chavo y míos.

Antes de entrar al billar, preparámos una pitera mezcla de Squirt con Mezcal, y mientras jugábamos, la bebíamos con sumo gusto; así que para el segundo juego, ya estábamos bastante jalados. Todos excepto las niñas fresas, que cada vez estában más escandalizadas.

Aparentemente nuestra ebriedad era tan notoria, que nos corrieron del local. De todos modos estaba bien chafa. Fuck them.

Como apenas eran las 8 o 9 de la noche, decidimos que íbamos a ir a otro lado, y escogimos La Chabela (que es uno de los bares/antros más piteros del DF, pero en ese entonces éramos menores de edad ilusos, así que parecía buena idea).
Nos dividimos en 3 coches, y yo terminé en el Vocho de Mielconpasas, que por cierto, es de los peores conductores que he conocido. Era su tercer Vocho, con dos pérdidas totales que le precedían.

Y a eso me refiero con que antes todo era más divertido, porque honestamente, hoy en día, jamás me atrevería a subirme a un coche con ese pendejo, y mucho menos en el estado en que estábamos, pero en esos tiempos, eramos tan irresponsables que nos valía madres... y creo que por eso pasaban tantas cosas chingonas.

En fin, mientras nos dirigíamos a La Chabela, algo se le rompió al coche, y de repente dejó de acelerar. No importaba qué tanto pisaras el pedal, el coche no iba a más de 15 por hora.
En vez de preocuparnos, nos pareció gracioso, y alguien dijo que íbamos más lento que el Papamóvil, así que uno de nosotros sacó medio cuerpo por la ventana y se puso a bendecir gente; mientras decenas de coches atrapados detrás de nosotros nos mentaban la madre.

Después de un rato, detuvimos a un taxista para que checara el coche, y nos dijo que el chicote estaba roto, pero que por 20 pesos lo arreglaba de forma temporal.
Le dimos 12.
Un alambrito de pan Bimbo después, ya íbamos en camino al bar.

Cuando llegamos, todos nos estaban esperando, pero nos dijeron que no estaban dejando pasar, porque éramos menores de edad.
Después de acercarme a mentarle la madre al cadenero, nos corrieron de otro lugar.

"Pero oigan, me acaba de hablar un pendejo que vive por aquí cerca, y hay fiesta en su casa, ¿vamos?", dijo una tipa que iba con nosotros.
Perfecto, Dios no cerraba una puerta sin proporcionarnos otra peda.

Nos volvimos a subir al coche de Mielconpasas, y el conductor nos dijo "oigan, no sé llegar, alguien me va a tener que decir por dónde".
Abo se ofreció. Gran error.

Sí, Abo es más ubicado que un GPS en esteroides, pero el problema es que es de esas personas que te dicen "tienes que dar la vuelta... ¡aquí!", y te lo dice justo cuando estás pasando la calle y ya no hay forma de hacer nada.

Pues bien, íbamos manejando tranquilamente, a la mitad de un eje vial sumamente transitado, y Abo hizo su gracia.
Pues a Mielconpasas le valió madres que ya fuera muy tarde, y dio el volantazo.

Le valió madres que fuéramos en el carril de un extremo y la vuelta fuera hasta el otro.
Le valió madres que el semáforo estuviera en rojo.
Le valió madres que vinieran muchos coches justo en la dirección contraria.

Lo único que recuerdo es haber visto unas luces viniendo directo hacia nosotros. Curiosamente, justo de mi lado.

Y después recuerdo haber sentido el madrazo, y ver como el vocho daba 3 trompos.
No sé cómo nadie salió lastimado, pero el caso es que todos estábamos bien.
Excepto el coche. Ese estaba todo jodido.

A pesar de que Mielconpasas tenía TODA la culpa, de todos modos se bajó todo emputado, y le dijo a Abo "ahorita vengo, voy a arreglar este pedo"; y caminó engreídamente hasta el otro coche.
Pero resulta que del otro coche se bajaron 3 tipos todos fuertes y con cara de matones. Y traían machetes.

Con las pelotas en la garganta, todos le gritamos a Mielconpasas que se subiera al puto coche; y él pensó lo mismo, porque lo vimos regresar corriendo, con una cara de espanto que nunca le he vuelto a ver a nadie.

De alguna forma, brincó dentro del vehículo, pero entró de cabeza, así que nada más gritó "¡Puta madre Abo, sálvanos!" y con una mano apretó el acelerador.
Abo, desde el asiento del copiloto, se aventó encima del volante, y empezó a maniobrar para darnos a la fuga, antes de que los matones con machete nos alcanzaran.

Todo pasó tan rápido que no recuerdo bien los detalles, pero todos estábamos gritando como desesperados, mientras 2 de los tipos nos perseguían corriendo, y otro había regresado al coche para que no nos diéramos a la fuga.
Mielconpasas no veía nada, porque tenía la cabeza junto a los pedales, y tenía el acelerador a fondo.

Pues Mielconpasas no pudo ver que el semáforo estaba en rojo, y todos los carriles estaban ocupados. Abo, en un acto de inspiración divina, logró hacer que el coche se subiera a la banqueta, y evitar que chocáramos otra vez.

Dimos vueltas a lo pendejo en todas las esquinas que pudimos, y como 6 cuadras más adelante, nos atrevimos a voltear hacia atrás. Ya no veíamos a nadie siguiéndonos.
Nos escondimos en el estacionamiento de un Pizza Hut, caído del cielo.

Recuerdo haberme puesto a hablarle a los amigos que venían en otros coches, para que nos alcanzaran ahí. Mientras tanto, Mielconpasas trataba de desabollar su coche, pero como no quería llenarse las manos de aceite, usó sus apuntes de historia como guantes.

Unos minutos después, llegarían otros amigos, a tratar de ayudarnos. Venían en el coche de una de las niñas fresas, con su papá como conductor.
Cuando me acerqué al auto y les conté la historia; mis amigos se bajaron riéndose copiosamente, y en cuanto todos estuvieron fuera del coche, el papá se arrancó, junto con las dos niñas fresa. Fuck them.

Después de un rato, y cuando hubieron llegado más coches, re-emprendimos el camino a la fiesta.
Afortunadamente, estaba bastante cerca del Pizza Hut.

Nadie conocía al dueño de la casa, pero todos lo felicitamos con gusto. Después nos enteraríamos de que no era su cumpleaños.
Alguien agarró un par de botellas y nos subimos a la azotea. Yo ya estaba BIEN mal.

Tengo un par de recuerdos de una tipa güerita tratando de bailar conmigo junto a los tinacos, mientras yo le decía que yo no bailo, y que me dejara en paz.
Después la noche se vuelve un poco borrosa, pero por alguna razón el hermano de Mielconpasas (que es infinitamente más responsable), decidió llevarme a comer unos tacos, porque ya había llegado al punto de la ebriedad donde descubro que tengo ojos verdes y eso me emociona.

Cuando llegamos a la taquería, la reconocí. Estaba a 2 cuadras de mi casa. Qué cosas tiene la vida.

Regresando a la peda, busqué a mis amigos, pero muchos ya estaban medio muertos.
Fui a buscar a mi amigo Chavo, y me dijeron que estaba en un cuarto con una tipa. Valiéndome madres, fui al cuarto.
Cuando entré, la tipa tenía la cabeza en un bote de basura, y estaba vomitando.

"Güey, no sé qué pasó, nos estábamos agarrando y se puso a vomitar", me dijo mi amigo.
"Eso pasa cuando no te bañas ni te lavas los dientes", le dije.

La tipa sacó la cabeza del bote para verme feo, y fue entonces cuando me di cuenta de algo: la tipa tenía barba.

"¡NO MAMES! ¡MIREN TODOS! ¡CHAVO SE ESTÁ AGARRANDO A UNA BARBONA!", grité emocionado.
Me corrieron del cuarto.

Harto de que me corrieran de todos lados, decidí que ya era momento de irme a mi casa. Mielconpasas me ofreció ride.

Una vez en el coche, la novia de Mielconpasas le marcó, y le dijo que se acababa de enterar que le había puesto el cuerno en la fiesta.
Pasé la siguiente hora escuchando cómo mi amigo trataba de negar los hechos, pero fue inútil. Cortarían.

Ella lo perdonaría una semana más tarde, y todo tendría final feliz: hoy en día están casados y tienen un hijo.
Bueno, no sé si eso cuente como final feliz.

Creo que mi historia salió mucho más larga de lo que pensaba; pero es que pasaron montones de cosas ese día.
Y ese es mi punto... ya no pasan.
Quiero volver a ser así de irresponsable.

Pero en fin, la moraleja del asunto es:

Si te agarras con mujeres barbonas, tus amigos jamás te dejarán olvidarlo, aunque hayan pasado más de 5 años.
Ahh, los verdaderos amigos...

miércoles, 1 de abril de 2009

Un cuento corto

Como sigo sin muchas ganas de escribir algo nuevo, el día de hoy postearé un cuento que escribí hace un par de años.
Puntos extra si alguien reconoce la canción que me dió la idea para escribir el cuento.

Prometo dejar de estar emo y escribir algo nuevo muy pronto.
De todos modos me han pasado varias cosas contables últimamente.

En fin, he aquí el cuento corto:

La lluvia no dejaba de caer.
Ella miró por la ventana y sonrió con su dentadura gastada y vieja.
“Cuando deje de llover vendrá. Vendrá, yo lo sé”
Se sentó en su mecedora favorita y se frotó los brazos, hacía mucho frío y estaba húmedo.

La casa era grande, y había sido hermosa hace muchos años, ahora estaba descuidada y cayéndose a pedazos; el papel tapiz se despegaba de las paredes, y no pasaba un día sin que apareciera una nueva gotera.
Y la lluvia no dejaba de caer.

Ella miró el reloj y alzó las cejas.
“Ya son las 3, y él llegará a las 6.”
Volvió a sonreír; pensar en su hijo la hacía sentir feliz, aunque cada vez lo viera menos. Él era un hombre ocupado, y no podía ir a verla seguido; sin embargo, ella no tenía a nadie más, todas las personas de su vida habían ido desapareciendo poco a poco, se habían ido volviendo etéreas, se habían esfumado junto a las gotas de lluvia, y ahora estaba sola.
Sola, excepto por él.
Él vendría cuando la lluvia cesara, pero la lluvia no dejaba de caer.

Volvió a mirar por la ventana, y a sonreír con su dentadura gastada y vieja.
Posó su cabeza en las almohadas de la mecedora, y sin que se diera cuenta, el sueño se había apoderado de ella.
Soñó con su esposo, que la miraba sonriente desde un jardín lleno de flores. La saludó con la mano y le hizo un guiño con el ojo, el sol brillaba y el aire olía a pasto mojado.
Una lágrima resbaló por su ojo, porque sabía que aunque él estuviera ahí, cerca de ella, jamás podría tocarlo.
Entonces un ruido fuerte la despertó, era un trueno.
La lluvia no dejaba de caer.

Ella miró el reloj y alzó las cejas.
“Ya son las 3, y el llegará a las 6”

Se puso otro suéter, y volvió a pensar en su hijo.
“Ojalá esté bien abrigado, hace mucho frío”

Entonces pensó en la última vez que la visitó, y como, a pesar de que ya era un hombre, siempre lo vería como su pequeño niño. Estaba más orgullosa de él de lo que jamás podría decirle.
Quería verlo, pero era un hombre ocupado y no podía estar con ella todo el tiempo.
Además, lo vería pronto, cuando la lluvia parara.
Pero la lluvia no dejaba de caer.

Sentada junto a la ventana, volvió a sentir que el sueño la invadía; no podía evitarlo, dormía siempre que estaba lloviendo.
Volvió a soñar con su esposo, y esta vez estaba más cerca, casi podía oler su fragancia de siempre, la fragancia que conocía muy bien, después de haber estado junto a ella tantos años.

Ella siempre había sido muy feliz, más feliz de lo que pensó que se podía ser, hasta el día en que él murió. Ahora cada rincón de la casa le recordaba algo, y si ya no lloraba era porque ya no tenía más lágrimas para derramar.

Volvió a despertar.
Miró el reloj y alzó las cejas.
“Ya son las 3, y él llegará a las 6”


Sí, llegaría, y entonces ella podría hacerle unas galletas, como cuando era niño, y lo vería con todo el cariño que sólo una madre puede tener.
Lo abrazaría y le diría que lo amaba.
Miró por la ventana y sonrió con su dentadura gastada y vieja.
Gastada y vieja, así se sentía últimamente.

Caminó por la casa, y llegó a la puerta. La abrió y miró hacia afuera, tal vez él ya estaba en camino.
Pero no vio nada, excepto la lluvia, y el viejo tapete de “Bienvenidos”.
El mismo tapete que había recibido tantas visitas durante los años, y que había sido la entrada a una casa llena de risas y alegría, pero que ahora estaba despintándose, y muy sucio.
Lo desempolvaría más tarde, ahora tenía mucho sueño.

Caminó de regreso a la casa, y se sentó en la sala. Sin darse cuenta, volvió a quedarse dormida.
Soñó con sus viejos amigos, radiantes y felices, todos le sonreían y la saludaban, en el mismo jardín lleno de flores de antes. Ella reía y caminaba hacia ellos, pero no se acercaban, era como si cada paso que diera hacia adelante, ellos dieran uno hacia atrás.

Despertó frustrada.
Miró el reloj y alzó las cejas.
“Ya son las 3, y él llegará a las 6”

Cada vez tenía más frío, y se sentía más cansada.
Pero la lluvia no dejaba de caer.
Fue hacia la mesa del comedor, y encontró una rosa roja, como la que su esposo le dio el día que se conocieron.


Por primera vez en mucho tiempo, pudo llorar, y lo hizo hasta que no pudo más.
Era como si toda la tristeza que había estado guardando todos estos últimos años saliera de ella de una vez y para siempre.
Y cuando dejó de llorar fue muy feliz.
Tan feliz como el día en que se casó, o el día que nació su único hijo.

Miró el reloj una vez más, y sonrió.
“Ya son las 3, y él llegará a las 6, llegará cuando deje de llover.”

Fue hacia su cuarto y miró las fotografías de su cabecera. Los dos hombres que había amado en su vida.
Se recostó en su cama y abrazó la foto. Cerró los ojos.

Soñó con su esposo una vez más, pero ahora podía tocarlo. Y también estaban sus amigos. Y supo que nunca más se iba a sentir sola.

Días después, la encontraron.
En su mesa de noche, estaba un ramo de flores marchitas, junto a la foto de su hijo, y un recorte de periódico que leía:
“Hombre es atropellado en avenida de alta velocidad.
La fuerte lluvia hizo que un vehículo perdiera el control e impactara con el joven.”
En su cama, había una mujer abrazando un portarretratos, con una sonrisa en la boca y el surco de una lágrima resbalando bajo sus ojos.
Y un reloj descompuesto, que llevaba marcando las 3 por varios años.

miércoles, 18 de marzo de 2009

Una oferta irrechazable

Como todos en mi familia sabemos, mi hermana tiene unos sueños bastante bizarros: llenos de demonios, monstruos, lugares abandonados, desesperación, niños derritiéndose, sufrimiento, destrucción, copos de nieve, panquecitos y demás cosas agradables.

Varias veces me ha tocado conversar sobremesas que giran alrededor de esos sueños y sus posibles significados; y por lo que sé, mi querida carnalita heredó de mi señor padre (el italiano) todos esos sueños tan pacíficos y lindos.

Hace unos cuantos días, mi hermana soñó algo que, sin dejar de estar ad hoc con sus temas recurrentes, sí fue un poco diferente:

Soñó con el diablo.
EL diablo.
Lucifer, Mephisto, Luzbel, Satanás, El señor del fuego y el sufrimiento, Benedicto XVI.

Soñó que el mismísimo diablo se le aparecía, y le decía que quería su alma. Mi hermana, sin dejarse asustar por el aspecto tan horrible del demonio (porque los Petrelli somos gallardos y valientes), le decía que no iba a negociar con él si se veía así de mal.
El diablo se sorprendía y le decía que si quería, le enseñaba cómo se veía en verdad; y entonces se transformaba en un chico sumamente apuesto (palabras de mi carnala, no mías).

Habiéndose ganado la atención y confianza de mi hermana, el líder vitalicio del inframundo le decía que quería su alma.
Cuando ella le preguntó que qué ofrecía a cambio, él le dijo que le prometía una cosa: pasaría el resto de la eternidad muy feliz; junto a él, viéndose como se veía en ese momento.
Mi hermana accedió.

Hizo bien, la neta iba a terminar en el infierno de todos modos, y ahora mínimo se aseguraba una estadía agradable.

En fin, el caso es que mi hermana despertó, preocupada porque no sabía si aún era dueña de su alma o no.

Después de que contara la historia en una comida familiar, y todos pasaran un buen rato discutiendo sobre las repercusiones religiosas/físicas/metafísicas/abo de este sueño; yo llegué a dos conclusiones:

Número uno:
Mi hermana no es el diablo.
Curioso, porque yo siempre había pensado lo contrario.

Número dos:
Yo estaría más que dispuesto a venderle mi alma al diablo, si me hiciera una buena oferta.

Es más, yo ni siquiera pido algo tan chido como lo que le dio a mi hermana, yo no quiero una eternidad de felicidad; yo simplemente quiero una vida feliz.

Quiero una vida tranquila.
Quiero poder seguir mis sueños sin miedo a lo que pase.
Quiero felicidad para mis seres queridos... no son tantos, no debe de ser tan difícil.
Quiero poder dominar la nostalgia.
Quiero dejar el pasado atrás y olvidarme de la espuma de mar que cerró sus ojos para siempre.
Quiero poder hablar con las personas que se fueron, aunque sea una vez más.
Quiero despertar y sentirme igual que antes.
Quiero poder regresar en el tiempo unos cuantos años, aunque sea por sólo un día.
Quiero estar tan seguro de mi vida como cuando era niño.
Quiero poder querer a la gente que me quiere.
Quiero dejar de ser tan emo.

Entonces, diablo, ¿qué dices?
Ya te llevaste el alma de la mitad de los hermanos Petrelli, ¿no quieres completar el paquete?

Se vende un alma seminueva, modelo 86. Solamente un dueño previo.
La pintura está en perfectas condiciones.

Se aceptan cheques y carnevales.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Masoquismo

Aunque me haga sonar un poco raro y friki, debo decirlo:
En todo dolor hay un poco de placer.

Sí, vamos, júzguenme.
¿Terminaron?

Ahora, piensen en lo que dije y díganme que no es cierto.

Por alguna razón extraña, el ser humano es capaz de encontrar un poco de placer dentro del dolor; no se esfuercen en llevarme la contraria, porque saben que es cierto.

Es como cuando eres niño, y todavía tienes dientes de leche.
Cuando se te afloja uno, sabes que se tiene que caer, así que empiezas a moverlo para que se afloje más.
Lo empiezas a empujar cada vez más, y duele, pero es un dolor que se siente rico.

Si no se sintiera bien, la gente no lo haría. Y digo, eres niño, así que ni siquiera puedes echarle la culpa a alguna parafilia enferma; simplemente lo haces porque es natural y te sale del alma.

Pues bueno, a ese tipo de conductas me refiero cuando digo que podemos encontrarle placer al dolor.

Otro buen ejemplo, son los tatuajes y las perforaciones.
Hablo por experiencia propia, porque tengo 2 tatuajes y tenía 8 aretes.

Cuando te vas a perforar, vas a uno de esos lugares coyoacaneros, y le informas tus intenciones al "técnico calificado de piercings". El vago te ayuda a elegir una pieza, y te cobra por adelantado.

Después, se lleva la pieza al cuartucho de atrás, para poderla desinfectar. Ese es el momento en el que sabes que todo ya valió madres y no puedes echarte para atrás. Ahí es cuando los nervios y la adrenalina hacen lo suyo. Y honestamente, es la parte más chida de hacerse una perforación.

Para los que nunca se han hecho una, debo decirles que no duele ni la tercera parte de lo que ustedes pensarían. La única vez que me dolió fue cuando me perforé la nariz, pero eso fue mi culpa.
Escogí una arracada de labio, porque las de nariz me parecían muy delgadas y maricas; así que tuvieron que usar una aguja 2 veces más gruesa de lo normal para poder perforarme.
El empleado dijo que era la primera vez que conocía a alguien tan pendejo y masoquista como yo.
Estoy orgulloso.

Probablemente sí sea más masoquista de lo normal, pero es que, honestamente, el dolor no me da nada de miedo, porque sentir dolor significa recordar que sigo vivo.

Y... en realidad no sé por qué estoy escribiendo de esto; porque yo iba a escribir sobre la nostalgia.

En fin. La nostalgia duele.
Sí, a eso iba.

jueves, 15 de enero de 2009

La iniciación

Escribiendo en B.I.L.F., me atacó la nostalgia.
Y es que cada vez que me acuerdo de mi salón de quinto de prepa, me dan ganas de poder regresar el tiempo.
Nunca en mi vida me he divertido tanto como en ese año.
Todos los días eran un desmadre, y yo me la pasé muy bien.

Claro, académicamente hablando, ese año fue un fracaso total; pero estoy seguro de que quinto de prepa me enseñó más de la vida que toda mi primaria y secundaria combinadas.

Y fue, precisamente en quinto de prepa, que me puse la primera borrachera de mi vida.
Todo comenzó en las primeras semanas de clases, en un viernes como cualquier otro.

Cuando llegué a la escuela, me di cuenta de que todo el salón estaba emocionado, y entonces recordé que ese día era la comida de grupo.
No sabía si iba a ir o no, porque la neta, la comida estaba siendo organizada por los ñoños del salón, y eso significaba que iba a ser una comida ñoña.

Cuando le comenté mi dilema a mi amigo Chavo, me dijo que no me preocupara, porque él tenía un plan infalible para alegrar la comida: Mezcal.

Además, también me dijo que él se había involucrado un poco en la organización de la comida, y que debería de acompañarlo a la Central de Abastos a comprar los refrescos.

Terminando las clases, toda la bolita de amigos vagos fuimos a la Central. Mientras nosotros íbamos por los chescos, el resto del salón empezaría a llegar a la casa donde sería la comida.

El viaje a la Central no tuvo grandes aventuras, a menos que ustedes consideren perderse en el pasillo de los plátanos como una gran aventura.
En serio, jamás había visto tantos plátanos juntos (excepto en el vestidor del gimnasio al que iba, pero eso es muy diferente).

Después de recorrer alrededor de 2 kilómetros sin ver nada más que plátanos de todo tipo, por fin llegamos al área de refrescos.
Decidímos comprar los más baratos.

10 minutos y 150 pesos después, eramos los orgullosos propietarios de 20 botellas de a 2 litros de refrescos tan reconocidos como: Aye sabor mango, First de naranja, Red Cola, y muchos otros.

Ahora, aquí surgió un problema: para ir a la Central, habíamos tomado un camión, pero no podíamos tomar uno de regreso, porque veníamos cargando demasiadas cosas; así que decidimos tomar un taxi.
Lamentablemente, la mayoría de los taxistas no querían subir a tanta gente en su coche, y menos con la cantidad de botellas que veníamos cargando.

Después de parar como 7 taxis, por fin, un conductor amable accedió a llevarnos; así que nos subimos todos al coche.

Eramos 9 personas (10, contando al conductor), y veníamos cargando mochilas y 20 botellas de refresco.
Y todos íbamos en un vocho.

Llegamos a nuestro destino, y en cuanto la puerta del coche se abrió, todos nos caímos. Estábamos tan apretados que lo único que nos ayudaba a mantener el equilibrio eran las paredes y puertas del coche.
Nos levantamos y recogimos nuestras cosas, y salimos ordenadamente del vehículo.
Parecía un coche de payasos, la gente salía y salía. Me imagino que la escena debe de haber sido curiosa, porque unas ancianas que iban pasando por ahí se rieron de nosotros.

Entramos a la comida grupal, y descubrímos que yo tenía razón: era la comida más ñoña que yo jamás hubiera visto.
Nadie estaba haciendo nada, ni bebiendo nada.

De un lado, estaba la gente normal, aburrida, y con cara de sálvenme por favor.
Del otro lado, estaban los ñoños, jugando juegos estúpidos de niños de primaria.

Cuando llegamos nosotros, algunas de las "personas normales" nos pidieron ayuda; y entonces, Chavo sacó una garrafa de mezcal de su mochila.
La fiesta estaba por comenzar.
Y yo estaba a punto de ponerme pedo por primera vez.
Ah... lo que daría por tener 16 años otra vez...

Empezamos a servirnos mezcal con refresco de mango, pero a escondidas, porque si los ñoños nos veían, seguramente nos acusarían con nuestra titular, y todas las desgracias del universo caerían sobre nosotros.
Afortunadamente, los ñoños estaban demasiado ocupados jugando a pasarse cartas con la boca para ponernos atención.

En un momento de estupidez, yo abandoné el refugio de la sala (donde estaban mis amigos) para ir al jardín (donde estaban los ñoños), porque yo quería ir a hablar con una niña que me gustaba, y que en esos momentos estaba sola en el jardín, con cara de que iba a morir de aburrimiento.

Antes de que pudiera llegar hasta donde estaba mi bomboncito azucarado, una ñoña me interceptó, y me arrastró hasta donde estaban realizando sus juegos idiotas.
Sin darme cuenta de lo que estaba pasando, me pusieron en medio de un círculo, y de espaldas a una ñoña muy fea.

Me dijeron que cuando dijeran "ya", yo tenía que girar la cabeza hacia mi derecha o hacia mi izquierda; y mientras me explicaban lo que iba a pasar, yo deje de poner atención, porque honestamente, no me interesaba, así que le di un trago a mi bebida.
Un ñoño gritó "¡ya!", y yo voltée a la izquierda, porque la niña que me gustaba estaba a mi izquierda. Le sonreí, y ella me sonrió; mi sonrisa duraría poco.

Los ñoños gritaban emocionados, así que yo voltée a ver qué pasaba.
Uno de ellos me dijo que tenía que darle un beso a la vieja horrible que estaba a mis espaldas.
"¡¿Qué?! ¿Estás pendejo? Estás pendejo, ¿verdad?", le contesté.

"Es parte del juego, los dos voltearon al mismo lado, así que la tienes que besar, si hubieran volteado a lados diferentes, te tendría que dar una cachetada", contestó, con su cara de imbécil.

"Ah bueno, pues si es parte del juego, es parte del juego", le dije, sonriendo amablemente.
Entonces la ñoña se me empezó a acercar para darme un beso.

"¡Carajo! ¿Qué ustedes no entienden el sarcasmo? Hazte para atrás. Más atrás. Más. Un poco más. Bien, ahora quedate ahí y no te me acerques", le dije a la ñoña, también amablemente.
Después, volteando a ver al tipo que me dió las instrucciones, le dije: "y si tú vuelves a tratar de hacerme besar a alguna gorda, yo te voy a cachetear a ti, ¿entiendes?"
Dicho esto, me salí del circulo de gente que jugaba a intercambiar saliva.

Sobra decir que yo ya estaba ebrio, y ya me había puesto grosero e impertinente.

Como la niña que me gustaba ya no estaba sola, yo volví a entrar a la sala, con mis amigos.
Seguí bebiendo, y cada vez me estaba poniendo más mal.
Al ser la primera vez que tomaba tanto, yo no conocía mis propios límites.

Después de un rato, la dueña de la casa nos dijo que la titular había llegado a "convivir un rato con nosotros", y que le había pedido que nos sacara de la sala, para que todo el grupo estuviera en el jardín.
Chavo, sabiendo que la presencia de nuestra titular no podía traer nada bueno, nos sugirió que fueramos discretos; si se daba cuenta de que estábamos ebrios, nos meteríamos en pedos muy severos.

Salimos al jardín, y nos mantuvimos juntos, como en manada. Mientras nadie se separara, nada podría hacernos daño.

"¡Esto es una mierda, no me gusta estar parado, me quiero sentar!", dije, tal vez un poco demasiado fuerte, y me alejé del grupo.
Chavo trató de detenerme, pero no contaba con mi fuerza sobrehumana, producto del alcohol. Me libré de sus garras, y caminé hacia donde estaban todos los demás.

No había sillas por ninguna parte.
Bueno, sí, sí había, justo al centro de un círculo de personas.

Los ñoños estaban jugando sillas musicales.
I shit you not.

Digo, mis amigos dicen que estaban jugando sillas musicales, yo estaba tan ebrio que no me di cuenta; yo sólo vi un monton de sillas, y la oportunidad de sentarme.
Me tambalée hacia los asientos, y segundos antes de que llegara, todos los ñoños se sentaron.

Miré fijamente al ñoño más cercano, y le dije: "Oye, creo que estás en mi asiento, ¿me permites?"
Esa es mi versión, al menos.

Mis amigos dicen que le grité: "¡Ni madres, mi silla, vete!", y lo empujé, tirándolo de la silla, y ocupando su lugar.

La titular se me acercó, y me preguntó que si me pasaba algo. Yo le respondí: "Chavo me dijo que tenía que ser discreto, así que no le puedo contestar"; y volví la mirada al infinito.
En ese momento no pasó nada, mi castigo vendría después; pero esa es otra historia.

El resto de la velada transcurrió sin pena ni gloria.
Pude hablar con la niña que me gustaba, y por lo que me cuentan, ella estaba igual de ebria que yo.
Ninguno de los dos recordamos la conversación al siguiente día.

Lo que sí recuerdo, es que un par de horas después, yo me sentía bastante mal.
Había escuchado que el café ayuda a que la sobriedad regrese a la vida de los pedos, así que le pedí un café a la dueña de la casa. Como no me lo dio, yo fui a la cocina, y saqué una bolsa de café soluble de la alacena, y una cuchara del cajón.

Los detalles son borrosos, pero por alguna razón recuerdo que en un momento dado, 9 personas estábamos encerradas en el baño.
Yo comía café a cucharadas, mientras discutía con un amigo acerca de cosas muy profundas, como por ejemplo, que yo acaba de descubrir que mis ojos eran muy verdes.

Mientras tanto, Chavo estaba besándose con una compañera, mientras la amiga gorda de esa compañera trataba de separlos, recordándole a su amiga que estaba demasiado ebria como para besarse con alguien.
Yo le grité a la gorda, y le dije que dejara a mi amigo en paz, que podía besarse con quien él quisiera.
La gorda me empezó a gritar a mí, así que yo le aventé una cucharada de café en la cara.

Una vez que Chavo acabó de besarse con la tipa, yo grité: "¡Segus! ¡Voy yo! ¡Shot!", y la tipa estaba punto de besarme cuando su amiga gorda la sacó del baño, diciéndome que esto no era feria.

Poco después, mi papá me llamó, para decirme que ya había llegado por mí.
Curioso; yo no recordaba pedirle que me recogiera, pero un ride es un ride.

Me subí al coche y me hice el dormido, mientras pensaba:
"Creo que este año va a estar poca madre, creo que me la voy a pasar muy bien, creo que me voy a divertir un chingo... creo que quiero vomitar"

sábado, 8 de noviembre de 2008

La liga de los ojetes

Queridos lectores imaginarios, la historia que estoy a punto de contarles es 100% verídica, y ninguna parte fue exagerada; ya que, es tan ridícula por sí misma, que no necesita ser exagerada para ser interesante.

Antes de empezar a contarles lo sucedido, quiero hacer la aclaración de que todo esto pasó hace mucho tiempo, en una de mis peores épocas; yo era un hijo de puta, y no estoy orgulloso de nada de lo que pasó.
Lo único bueno que me dejó toda esta serie de eventos, fue un montón de historias que contar.

Los nombres de las personas involucradas han sido cambiados, para no quemar a nadie, porque la neta, viéndolo con un poco de objetividad, nos ganamos el infierno. No es que nos hubiéramos ido al cielo de todos modos, pero eso no quita que hayamos actuado mal.

Ahora, sin más preámbulos, les traigo a ustedes una historia real:

Un día veraniego, hace alrededor de 4 años, me encontraba en la escuela, sentado con mis amigos, perdiendo el tiempo mientras nos esforzábamos en no quemarnos las neuronas.
Sin darme cuenta del por qué, yo dije:
"Me pregunto qué es lo peor que alguien puede hacer, así como lo más ojete..."

Ninguno de los 6 huevones presentes sabíamos que esa frase iba a afectarnos en una forma tan grande; algo así como un efecto mariposa que sólo traería llanto y desesperación. Y también muchas risas, pero risas ojetes.

Uno de mis amigos, que a partir de ahora llamaremos Librorojo, dijo: "pues... no sé, ¿robarle un dulce a un niño?".
Otro de nosotros, El Lingeroso, exclamó que ninguno de nosotros se atrevería a hacerlo.
Zapatosgrandes, dispuesto a probarle a El Lingeroso que se equivocaba, dijo que él sí se atrevía, y nos llamó maricas a todos los demás.

La cuestión se nos olvidó por unas horas, pero saliendo de la escuela, mientras caminábamos hacia el metro, El Lingeroso gritó como niñita emocionada: había visto a un niño de como 6 años con una Tutsi Pop en la mano.
Otro de nosotros, Nazareno, le recordó a Zapatosgrandes lo que había dicho unas horas antes.

Animado por la mezcla de frases motivantes y burlas detrimentes, Zapatosgrandes corrió hacia el niñito y le robó la paleta.

Mientras todos lo mirábamos, entre sorprendidos y arrepentidos; Zapatosgrandes celebraba su victoria unos metros más adelante.
Claro, el karma no se haría esperar mucho tiempo, y un policía lo agarró. Después de un regaño de 15 minutos y 120 pesos de mordida, nuestro amigo recuperaría su libertad.

Cuando Zapatosgrandes regresó, triunfante, a donde estábamos todos los demás (porque claro, nadie se acercó a él mientras estaba con el policía), Librorojo lo felicitó, pero después dijo que seguro eso no era lo más ojete que alguien podía hacer en esta vida.

En otro de mis grandes momentos de inspiración, yo abrí mi bocota, y dije: "pues entonces, ¿qué tal si hacemos algo así como un torneo? el que haga la cosa más ojete es el macho alpha, y sólo podrá ser destronado por alguno de nosotros que haga una cosa aún más ojete."
Mis amigos me miraron con una cara de sorpresa que pronto pasó a ser de emoción.

Lo más jodido del asunto fue que en cuanto lo acabé de decir, supe que las cosas no iban a acabar bien para nadie; pero el daño ya estaba hecho, todos aceptaron el pacto; y así, nació la liga de los ojetes.
Claro, para evitar daño severo a personas inocentes, se estableció una única regla: sólo podríamos hacer ojetadas a las personas que nos hubieran hecho daño a nosotros. De esa forma, calmamos nuestra conciencia, y nos refugiamos en la falsa creencia de que beneficiábamos al mundo con nuestras estupideces.

Con Zapatosgrandes como nuestro rey, los demás empezamos a pensar en cosas que podíamos hacer para ganar el trono, y el título del más ojete y menos marica.

Ahí empezó a ocurrir una cadena de malas decisiones que definitivamente terminaron mal (pero no por eso dejan de hacerme gracia).

El Lingeroso, dispuesto a probar que era mejor que Zapatosgrandes, fue el primero en hacer algo: se esperó a la semana de exámenes para robarse la mochila de la más ñoña del salón, y prenderle fuego. Obviamente se ganó el título de macho alpha.

Viéndolo con perspectiva, neta me arrepiento de todo lo que hicimos, porque no hay excusa para haberlo hecho; pero en ese entonces, lo justificamos diciendo que esa ñoña nos había hecho la vida imposible varias veces, acusándonos con los maestros cada vez que hacíamos algo (y causando la suspensión de un amigo).

El siguiente en hacer una culerada fui yo: corté por MSN a mi entonces-novia, pero el catch era que no podía decirle ninguna frase que no estuviera en alguna canción de José José; después imprimí la conversación del cortón, y la repartí por la escuela.
En mi defensa, siempre estuve convencido de que ella me ponía el cuerno.

Afortunadamente, puedo decir que mis malas acciones no llegaron más lejos que eso. Digo, si no contamos todas las veces que yo secundaba a mis amigos en sus pendejadas, para ver hasta dónde llegaba ese desmadre.

Y así siguió pasando el tiempo, y empezamos a hacer cosas cada vez más crueles; como orinar en el coche de un maestro, embarrar caca de perro en la mochila de un niño Abercrombie; y muchas otras cosas más.

Una de las cosas más memorables, fue cuando mi amigo Cosmético, se acercó a una gorda que estaba profundamente enamorada de él desde hacía un año, y le dijo: "oye, ¿quieres andar conmigo?" y cuando la gorda, muy emocionada, le dijo que sí; Cosmético le contestó: "pues yo no, estás muy gorda".

Después de que la tipa llorara muchas lágrimas de salsa, entró en un pedo de depresión bastante agudo; y nos sentiríamos mal, si no fuera porque gracias a eso enflacó como 40 kilos. ¿Lo ven? Mejoramos al mundo.

En fin, conforme lo que hacíamos se volvía más elaborado, decidimos que necesitábamos una nueva forma de determinar al ganador, así que creamos al "consejo", que éramos, básicamente, los miembros originales de la liga de los ojetes (porque se me olvidó mencionarles que a mucha gente le hizo gracia nuestro pequeño experimento, y para ese entonces, había alrededor de 15 personas haciendo ojetadas por el mundo), y que asignábamos puntos a los actos cometidos por los demás, y después los apuntábamos en una tabla para ver quién iba ganando.

Fue en una reunión del consejo, en que yo les dije a los demás: "carajo, esto neta no va a terminar bien, de hecho, creo que no va a terminar hasta que alguien acabe muerto".

Y aquí, lectores imaginarios, es donde la cosa se pone truculenta.

Verán, antes de llegar al plato fuerte de todo esto, permítanme explicarles un poco del back story:

Ipso Facto, otro de nosotros, siempre decía que su única meta en la vida era impactar la vida de alguien más, de tal manera que esa persona nunca, NUNCA lo pudiera olvidar.
Siempre dijo eso, y de hecho, lo repetía como cada tercer día.

Pues daba la casualidad, de que Ipso Facto tenía una novia, que llamaremos Solsticio.

Solsticio era una grandísima perra; de esas que todo el tiempo está quejándose de algo, con una voz gangosa y molesta; de esas que tienen un montón de amigas gordas que nunca están conformes con nada; de esas que nunca entienden cuando están haciendo comentarios pendejos; de esas que le lavan la mente al novio para que piense que sus amigos la ponen en contra de ella; de esas que le dicen a su novio que sus amigos son una pésima influencia (aunque, en este caso sí era cierto); en fin, era una completa hija de puta.
Sin contar que además, trataba a su novio como si fuera basura; siempre le gritaba y lo humillaba delante de todos.

Y también daba la casualidad de que Solsticio era virgen, y ya estaba a punto de cumplir un año de andar con Ipso Facto.

Ipso Facto estaba hasta la madre de Solsticio, pero no la cortaba porque, cito: "no ha aflojado, y me cago si ya pasé un año con ella y me voy antes de que afloje".

Pues bien, ahora que la back story ha sido establecida, es momento de contar la verdadera anécdota:

Un día, mientras el consejo se reunía para asignar los puntos; Ipso Facto declaró: "el viernes cumplo un año con Solsticio, y todas las señales apuntan a que es la gran noche".

Todos lo vimos con cara de poco interés, y cuando nos disponíamos a regresar a lo que hacíamos, nos dijo: "y eso significa que el viernes es el día que tomo el trono de la liga de ojetes, y reclamo mi merecida posición de macho alpha".
Eso, definitivamente nos llamó la atención.

Así que, ese mismo viernes, el escenario estaba puesto para lo que sería una noche que jamás olvidaríamos: un amigo cumplía años, y todos habíamos ido a su fiesta, incluyendo Ipso Facto y Solsticio.

Lo bonito de la casa de mi amigo, es que estaba sóla, y disponía de muchos cuartos desocupados. El rumor de que Ipso Facto estaba planeando algo se había difundido por todos lados, así que muchos de nosotros estábamos oscilando entre el nerviosismo y la emoción.

Ipso Facto se estaba aplicando: la estaba tratando mejor que nunca, y además los dos se estaban poniendo medio jarras; así que, después de unas horas de espera, Ipso Facto y Solsticio desaparecieron.

Lo que pasó después fue tan confuso, que no me enteré bien bien de lo que había pasado hasta un par de días después; en gran parte gracias a que yo pasé la mayoría de la fiesta peleándome con mi novia/exnovia/novia/exnovia/novia.

Aparentemente, Solsticio, en celebración del aniversario, había decidido que ese día era el momento de perder su virginidad. Después de lo que (cuentan las voces) fueron 8 minutos incómodos, Ipso Facto terminó.

Y fue ahí donde el muchacho reclamó el trono de la liga de los ojetes. 5 segundos después de dar por terminado el asunto, le dijo: "ya no te amo, creo que deberíamos de ver a otras personas".

Literal. 5 segundos después.

Dice Ipso Facto que ella se lo quedó viendo sumamente sorprendida, y entonces él se echó a reir. Cuando ella también se rió, pensando que era una broma, Ipso Facto puso cara seria y le dijo: "no, es neta."

Lo que pasó después fue todavía más ojete, porque Ipso Facto quería consolidar su reinado; y además, había pasado tanto tiempo con Solsticio que necesitaba probar nuevas experiencias (sus palabras, no las mías).

Ipso Facto pasó el resto de la noche ligándose a la niña más fácil que jamás he visto en mi vida, y acabó dándosela, dos horas después de haberle quitado su virginidad a Solsticio, y de haber cortado con ella. Además, para acabarla de joder, Solsticio seguía en la fiesta, así que lo vió todo.

En fin, para no hacerles la historia MÁS larga; Ipso Facto mantuvo su reinado durante cerca de 2 meses, ya que nadie pensaba en nada que pudiera ser peor que lo que él había hecho.


Y pasó el tiempo, y un día, nos enteramos de que el abuelito de El Lingeroso se había muerto, así que, en una admirable muestra de solidaridad; todos fuimos a Gayosso a apoyarlo.

Una vez ahí, nos enteramos la causa de la defunción: El Lingeroso le había querido jugar una broma, así que se puso una máscara de zombie, se escondió en el closet del abuelo, y cuando éste estaba desprevenido, le saltó encima mientras gritaba como demente.

El corazón del anciano no aguantó, y murió en ese mismo momento.

Todos estábamos en el billar de afuera de Gayosso mientras El Lingeroso nos contaba su triste historia; y cuando terminó, estaba llorando desconsoladamente, gritando que él había matado a su abuelo.

En una muestra de tacto característica de mí, le dije: "no mames, qué mal pedo..."

El Lingeroso me miró agradecido de que no me burlara, y me dijo: "yo sé... lo quería mucho..."

Yo lo vi feo y le dije: "no no no, yo digo que qué mal pedo, acabas de ganar el torneo... nadie nunca va a poder superar algo tan ojete como matar a su propio abuelo."

Mientras todos me miraban sorprendidos, yo dije: "¿ya ven? les dije que esto no iba a terminar hasta que alguien acabara muerto..."


Edit: Había quitado este post porque me pareció que ventilaba asuntos que no debían de ser ventilados; sin embargo, después de consultarlo con El Lingeroso, Ipso Facto y Zapatosgrandes; decidí que no tenía nada de malo postearlo.

domingo, 17 de agosto de 2008

En shock

Hace nada, yo estaba yendo al cine y perdiendo el tiempo por Galerías Insurgentes; y los bares se negaban a vendernos nada que no fuera una piña colada natural. Al otro día iría a Coyoacán a comprar pulseras y collares, y después su mamá me daría ride a mi casa.

Hace unos cuantos días, yo estaba robándome los posavasos y menús para guardarlos como recuerdo; y estaba sentado afuera de la banqueta de un Carrefour, con un billete de doscientos en la mano, y esperando a que llegara mi amiga para poder comer en un Itallianis por primera vez.

Hace muy poco tiempo, yo me estaba quejando de la cantidad de tarea que nos dejaba nuestro profesor de historia, y también estaba balanceándome sobre unos tubos de metal que esperaban a que los pusieran en el esqueleto de un edificio en construcción.

Hace unas semanas, veía a mis amigos tratar de parar ambulancias para poder cruzar la calle antes de tiempo; y esperando afuera de un Sanborns a que llegaran por mi amiga, porque me enseñaron a ser un caballerito.

Hace poquito tiempo, estaba yo aprendiendo a jugar billar, pidiendo un Spirit verde y sintiéndome casi adulto mientras pasábamos enfrente de una moto que sólo servía como decoración.

Hace unos ayeres, yo me estaba poniendo unos patines naranjas que después de unas cuantas horas me lastimarían muchísimo los pies y hasta me sacarían sangre, pero yo no lo sentiría porque el frío y la humedad adormecerían mis piernas; pero no importaba, porque estábamos celebrando su cumpleaños; el que prometimos que sería el primero de muchos cumpleaños juntos en que nos felicitaríamos.

Hace unos meses, estábamos celebrando el fin del año escolar, y yo abrazaba a mi amiga mientras le pedía que firmara mi anuario.

Y el tiempo pasó...

Los bares ya nos venden lo que queramos, pero seguimos pidiendo piñas coladas naturales para recordar aquellas primeras veces, mientras sonreímos e intercambiamos miradas de complicidad, como si fueramos dos niños haciendo travesuras.

Ahora Coyoacán está destruído, los puestos donde compramos cosas ya no existen, y esas pulseras se alejaron de nuestro cuerpo desde hace muchos años.

Yo sigo robándome los posavasos y los guardo como recuerdos, pero ya perdí aquellos que tomé en esos días.

El Carrefour ya no existe, ni tampoco la ilusión de comer en el Itallianis. Los billetes de doscientos ya no se ven tan valiosos como antes; y el lugar de esa banqueta donde me gustaba sentarme, ahora se convirtió en una central de taxis.

Ya no me dejan tarea de historia, esos cuadernos que en su tiempo me parecían tan importantes, pasaron a acumular polvo, y después se fueron de mi casa y de mi vida.

Los tubos de metal donde me balanceaba, pasaron a ser parte de un nuevo edificio, y el edificio dejó de ser nuevo hace muchos años ya.

Cruzar la calle donde una vez paramos la ambulancia ya dejó de ser complicado, porque ahora es una cerrada.

El coche en el que pasaban por mi amiga pasó a ser suyo, y después lo vendió para poder comprarse uno nuevo.

Yo ya sé jugar billar, los Spirits ya no existen y la moto decorativa se convirtió en una fuente que nunca está prendida.

Los patines naranjas dejaron de existir, y las cicatrices de mis pies ya son casi invisibles, sólo las puedo ver si me esfuerzo en recordar el aire frío que había afuera del McDonald's.

Pasamos muchos cumpleaños juntos, y otros separados, pero siempre nos hemos felicitado.

Y el tiempo pasó...

Y hoy, desempolvé mi anuario y encontré una nota que sólo podía ser suya:

"Te adoro, eres mi mejor amigo.
Espero que dentro de muchos años nos sigamos queriendo como nos queremos hoy."

El tiempo pasó, y parece que alguien se hubiera robado mis años.

Pasé de verla diario, a verla cada semana, a verla cada dos meses, a verla cada seis.
La última vez que la vi fue en diciembre, cuando me presumió un anillo de compromiso.

Ahora vive en Liechtenstein y casi no nos hablamos; pero yo la sigo queriendo como el día que escribió en mi anuario.

Felicidades Daniela.
Te adoro, eres mi mejor amiga.
Espero que dentro de muchos años nos sigamos queriendo como nos queremos hoy.

Yo sé que van a ser muy felices.

sábado, 24 de mayo de 2008

Nostalgia

En uno de esos atques de insomio que suelen atormentar a mi persona, entré al blog de mi primo (el geek mecatrónico que admiro tanto), y leí acerca de un ataque de nostalgia que tuvo.
Bueno, en realidad era mitad ataque nostálgico y mitad narración descriptiva de recuerdos universitarios.

El caso es, que me gustó mucho, y me hizo ponerme a pensar.

Me hizo ponerme a pensar en las cosas que me ponen nostálgico a mí; y me di cuenta de que muy pocas veces me tomo el tiempo de disfrutar de mis propios recuerdos.

Estoy tan ocupado viendo a futuro y viviendo el presente que no me permito voltear la cabeza y mirar esas cosas que, hace no mucho tiempo, me provocaban muchas emociones.
Emociones que, ingenuamente, pensaba interminables.

Y ahora, que me doy la oportunidad de recordarlas con la calma que merecen; me encuentro a mí mismo con una lágrima resbalando por mi cara, y que pasa junto a la sonrisa triste que por alguna razón no puedo quitar.

Es curioso cómo la mente humana es capaz de olvidar con tanta facilidad las cosas que nos parecieron importantes en algún momento de nuestras vidas; pero es más curiosa todavía, la forma en que, con tan sólo pensar en ellas podemos revivirlas.

Oler las mismas fragancias que alguna vez nos hicieron cosquillas en la nariz; sentir las mismas mariposas en el estómago y la opresión en el pecho, tocar a las personas que pensábamos jamás volver a ver.

Y por eso, ahora, cerrando los ojos; puedo estar en mi propio pasado.

Y pruebo esos dulces. Los dulces que tanto tiempo llevaban escondidos, para que todos pudiéramos encontrarlos. Esos chocolates que comía a escondidas, mientras ella me veía.
Y se acomodaba los lentes, sonreía, y volteaba hacia otro lado justo cuando yo la miraba, comprobando que ella no me hubiera visto a mí.
Sonreía y seguía tejiendo.
Y hoy cierro los ojos y veo su sonrisa; sólo que ahora está un poco más lejos, y ya no la veo tan nítida como antes.
Pero cuando cierro los ojos, la veo, sonriéndome a escondidas, para que todos podamos verla.

También veo esos ojos verdes, debajo de ese cabello café claro. Veo ese cabello caer sobre su cara, una mañana de junio, mientras ella se quejaba de que nunca jamás iba a poder controlar tanta despeinadez.
Y veo esa misma boca, diciéndome una vez más que deberíamos de escaparnos de todo; y que deberíamos de irnos al mar y quedarnos ahí.
Veo esos ojos verdes, que un día se cerraron para no volver a abrirse más.
Pero cuando cierro los ojos, la veo, quitándose el cabello de la cara y viéndome con esos ojos verdes que hace unos cuantos ayeres, hacían que mi mundo se volviera espuma.

Y también puedo escuchar las risas que hace no mucho llenaban mis mañanas, mientras yo escribía en hojas sueltas. Esas risas y voces que me decían que estaba en casa, rodeado de gente que jamás se iba a separar de mí. Y miraba el reloj y no podía esperar a que las manecillas se movieran, para poder salir de ahí. Porque en ese entonces esos días me parecían interminables.
Y ahora, que cierro los ojos, me doy cuenta de que terminaron más rápido de lo que yo hubiera querido, y no van a regresar nunca.
Y esas personas que jamás se iban a separar de mí, ya se separaron. Ya no tengo que escuchar esas risas y voces, y cuando abro los ojos, me siento más sólo que nunca.

Porque ya no van a regresar.

Ya no hay dulces escondidos ni tampoco sonrisas ocultas.
Esos ojos verdes nunca más se van a volver a abrir.
Ya no puedo escuchar esas risas, y esas voces ya se apagaron.

Y lo único que puedo hacer es borrar el zurco que dejó la lágrima sobre mi cara; y seguir sonriendo.
Aunque sea una sonrisa triste.

lunes, 26 de noviembre de 2007

Con la elegancia de un cisne

Oh sí, oh sí.

Al principio, éste iba a ser un post depresivo, lamentándo las pérdidas que tenemos en nuestras vidas y maldiciendo a los fantasmas del pasado.
Después, tuve una ligerísima crisis en mi relación con Dzz, y estuvimos a dos de cortar; pero al final, el amor salió adelante (aaah! maestro poeta!) y no pasó nada, así que, so far, so good.

A fin de cuentas, decidí que no quiero escribir cosas depresivas, porque corro el riesgo de regresar a mi etapa pseudo-emo de hace un año, y la neta, me avergüenza haber sido pseudo-emo.

Y ahora que los fantasmas del pasado fueron derrotados por la tecla backspace, ya no tengo tema sobre el cuál escribir.
¡Cosas irrelevantes al rescate!

Readers, beware:
A continuación, voy a relatarles el plan que tengo para el sábado, si no les interesa saber acerca de mi vida personal, favor de dar media vuelta ahora (y favor de sentirse muy estúpidos cuando se den cuenta de que acaban de darle la espalda a una computadora).

Este sábado, señores y señoritas, chacales y bellas damitas, voy a ir a patinar en hielo.
Así es, el espíritu navideño me ha invadido, y a falta de Rockefeller Center, voy a tener que ir a San Jerónimo.

Si mi mente fuera un programa de televisión, aquí sería donde todo se empieza a mover y a volver borroso, y cuando la imagen regresa, de alguna forma sabes que estás viendo un flashback.
No he ido a patinar en hielo desde que era un adolescente tarado que acababa de pasar la etapa de puberto pervertido.

Ir a la pista como a los 14 años era poca madre, uno se sentía chingón y popular, aca de "Wow! mirenme! son las 8 de la noche y no he regresado a mi casa! Bad boy, bad boy..."
Y aparte era el lugar ideal de "ligue", en las épocas en que si una cita terminaba con un beso, entonces ya eras todo un playboy.

Tus papás te daban ride a la pista, llegabas todo emocionado, entrabas y sentías el airecito frío y sonreías como idiota. Ibas a rentar tus patines: eran naranjas, estaban super jodidos, siempre olían a humedad, y lo peor es que estaban extremadamente mojados, así que tus calcetines se ensopaban en cuanto te los ponías (de todos modos, las mamás te hacían llevar doble calcetín, por aquello de las bajas temperaturas).
Después de como 10 minutos de amarrar unas agujetas estúpidamente largas, te levantabas de las banquitas heladas, y caminabas cual pato, tratando de mantener el equilibrio, y te metías a la pista, donde pasarías la siguiente media hora poniendo todo tu esfuerzo en no caerte. Patinarías a dos por hora, deslizándote junto a la orilla para poder detenerte si era necesario (y siempre era necesario).

Ya que medio le agarrabas la onda, podías pasar las siguientes dos horas dando vueltas en círculo, con velocidad variable, hasta que te decían que te metieras al área de comida, porque iba a pasar el camioncito limpiahielo.
Entonces te sentabas con los pies adoloridos, y comprabas un pedazo de pizza extremadamente caro, y una lata de refresco ridículamente costosa.
Después de como 15 minutos, te dejaban regresar a la pista, pero ahora patinabas en sentido contrario, ¡wow!

Eso era básicamente todo... pero por alguna razón era muy divertido.
Ah, no, miento, miento, no era todo, si ibas en viernes, tenías el privilegio de la "noche disco", y entonces las citas adolescentes eran todavía más chidas, porque la pista se ponía a media luz, y salía acá como una de esas bolas disco, y había luces de colores que parpadeaban, y maquinas de humo que te ahogaban y olían como a durazno rancio.
¡Dios! La nostalgia se apodera de mí...
Mi primer beso bien bien, fue en esa pista de hielo, en una noche disco... awww... cosita!!

Y cuando por fin dejabas de patinar, ya era de noche, y te sentabas afuera, pensando en si te alcanzaban los 50 pesos que te dió tu papá para ir al McDonald's que estaba cerca.

Y ahora, 7 años después, regresaré al mismo lugar, a sentir el mismo airecito frío y a sentirme cool otra vez.
Lo único que cambia esta vez, es que ahora no usaré los horrendos patines naranjas, porque tengo unos negros muy chidos; y que ahora en vez de patinar entre "gente grande", voy a patinar entre puro puberto pendejo.

Estar en secundaria era poca madre...