Pues el día de hoy llego a la edad en la que murió Kurt Cobain.
Lamentablemente, también llego a la realización de que no me parezco NADA a Cobain, y muy probablemente nunca lo haré.
Y es que 27 años es una edad en la que... pues en la que estás bastante jodido: ya no eres jóven, pero todavía no te sientes viejo (excepto los viernes en la noche)
Y como todos los años, me siento detrás de este monitor a hacer un recuento de los daños y a evaluar cómo va mi vida. Es una desas tradiciones tetas que me gusta tener.
Well, puedo decir con gusto que este año fue uno de los mejores que he tenido.
Empecé el año con un trabajo horrible y una depresión de "no sé qué carajos quiero de mi vida"
Los primeros meses de mis 26, mi depresión se fue volviendo más y más profunda, porque estar en un trabajo que odias hace que poco a poco odies también todo tu mundo.
Afortunadamente, el destino me sonrió (porque Jesús me ama, claro) y me cayó del cielo uno de mis trabajos soñados.
Desde entonces, soy tremendamente feliz, y cada día me siento mejor conmigo mismo.
Y hoy, estoy aquí, sonriéndole a la vida (a pesar de que mañana me tengo que levantar temprano, y qué hueva) y siendo una de esas molestas personas optimistas que no tienen nada de qué quejarse. No se preocupen, trato de contrarrestar eso quejándome de todo, con o sin motivo real.
Tengo una familia chingona, una novia que me ama y me soporta a pesar de... pues a pesar de que soy yo, unos amigos envidiables, y en general, una vida de la cual me siento orgulloso.
Es más, si ahorita pudiera viajar 10 años al pasado para hablar conmigo mismo y darme consejos y relatos, lo primero que me diría sería: "EN TU CARA, MALDITO ADOLESCENTE HIPPIE, ESTOY TRIUNFANDO EN LA VIDA A PESAR DE LAS PENDEJADAS QUE ESTÁS HACIENDO, MALDITO ASNO"
Así, en mayúsculas porque me gusta gritarme.
En fin, eso es todo por hoy.
Prometo que mi siguiente post va a ser algo mucho más interesante que esto, pero pues déjenme en paz, es mi cumpleaños y puedo hacer lo que yo quiera.
Felicidades, Dexter.
Te quiero mil.
Atte:
Dexter.
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jueves, 31 de octubre de 2013
martes, 30 de octubre de 2012
Felices veintimuchos, Dexter
Y resulta que hoy es el último día de mis 25 años.
Cuando el reloj marque las doce, voy a tener 26 y oficialmente voy a estar un año más cerca de mi eventual y dramática muerte.
En definitiva fue un año difícil, lleno de confusión y crisis del cuarto de edad; pero también fue un año tremendamente importante.
Hace exáctamente un año, me encontraba sentado en Coyoacán, comiendo un pay de limón con dos de mis mejores amigos y con mi novia. En ese momento yo no tenía ni idea de la cantidad de cambios que vendrían en los siguientes 365 días.
Mientras le dábamos una vuelta al Sol, yo terminé mi escuela de una vez y para siempre. Por fin, mis padres tenían ese diploma que tanto deseaban.
Sufrí varias crisis de personalidad, y descubrí que no tengo ni la menor idea de qué quiero de mi vida.
Tuve el peor trabajo de mi vida y fui tremendamente miserable, lo cual me sirvió para descubrir qué NO quiero de mi vida.
Descubrí que la gente no es tan buena ni tan noble como me gustaría pensar.
Descansé, huevonée, desperdicié mi tiempo y me aburrí.
Seguí tratando de descubrir cuál es mi pasión y fracasando terriblemente.
Perdí a la mayoría de mi familia, y perdí mi casa de toda la infancia.
Gané un hermano con bigote de Mario Bros.
Engordé y enflaqué. Múltiples veces.
Redefiní muchísimas prioridades de mi vida.
Nada de esto fue fácil, pero heme aquí, dejando atrás mi primer cuarto de siglo.
Y el día de hoy, aquí me encuentro, recordando ese pay de limón hippie que tantas cosas presagiaba.
Aquí me encuentro, más feliz y definido de lo que estaba hace una vuelta al Sol.
Ahora ya sé qué camino debo de caminar para continuar viviendo mi vida, y para al final terminar más allá del arcoiris que mi amiga predijo hace exáctamente un año.
Felices 26, Dexter.
Rock and roll.
Cuando el reloj marque las doce, voy a tener 26 y oficialmente voy a estar un año más cerca de mi eventual y dramática muerte.
En definitiva fue un año difícil, lleno de confusión y crisis del cuarto de edad; pero también fue un año tremendamente importante.
Hace exáctamente un año, me encontraba sentado en Coyoacán, comiendo un pay de limón con dos de mis mejores amigos y con mi novia. En ese momento yo no tenía ni idea de la cantidad de cambios que vendrían en los siguientes 365 días.
Mientras le dábamos una vuelta al Sol, yo terminé mi escuela de una vez y para siempre. Por fin, mis padres tenían ese diploma que tanto deseaban.
Sufrí varias crisis de personalidad, y descubrí que no tengo ni la menor idea de qué quiero de mi vida.
Tuve el peor trabajo de mi vida y fui tremendamente miserable, lo cual me sirvió para descubrir qué NO quiero de mi vida.
Descubrí que la gente no es tan buena ni tan noble como me gustaría pensar.
Descansé, huevonée, desperdicié mi tiempo y me aburrí.
Seguí tratando de descubrir cuál es mi pasión y fracasando terriblemente.
Perdí a la mayoría de mi familia, y perdí mi casa de toda la infancia.
Gané un hermano con bigote de Mario Bros.
Engordé y enflaqué. Múltiples veces.
Redefiní muchísimas prioridades de mi vida.
Nada de esto fue fácil, pero heme aquí, dejando atrás mi primer cuarto de siglo.
Y el día de hoy, aquí me encuentro, recordando ese pay de limón hippie que tantas cosas presagiaba.
Aquí me encuentro, más feliz y definido de lo que estaba hace una vuelta al Sol.
Ahora ya sé qué camino debo de caminar para continuar viviendo mi vida, y para al final terminar más allá del arcoiris que mi amiga predijo hace exáctamente un año.
Felices 26, Dexter.
Rock and roll.
lunes, 31 de octubre de 2011
De esos de cumpleaños
Feliz cuarto de siglo para mí.
Soy la onda, me merezco lo mejor, cuando me vea me voy a dar mi abrazo y a invitarme unas chelas, ojalá mi día esté increíble y me la pase poca madre, y me deseo todo un año de felicidad.
Me quiero mucho.
Soy la onda, me merezco lo mejor, cuando me vea me voy a dar mi abrazo y a invitarme unas chelas, ojalá mi día esté increíble y me la pase poca madre, y me deseo todo un año de felicidad.
Me quiero mucho.
domingo, 31 de octubre de 2010
lunes, 25 de octubre de 2010
Contra toda mi voluntad
EDIT: Ahora escribo en otro blog colectivo, el cual pueden encontrar aquí.
¿Cómo acabé ahí? No lo sé.
Sea como sea, yo escribo ahí, asi que evidentemente voy a llevar mi awesomeness hasta allá.
¿Cómo acabé ahí? No lo sé.
Sea como sea, yo escribo ahí, asi que evidentemente voy a llevar mi awesomeness hasta allá.
Mi cumpleaños se acerca rápidamente.
Normalmente soy demasiado apático como para organizar alguna celebración; en parte porque no me gusta estar organizando cosas, y en parte porque me da flojera.
Además, como resulta que nací justo el día de Halloween, usualmente siempre hay fiestas de disfraces a las cuales acudir, y como ya están organizadas por alguien más, siempre me ahorro ese paso.
Supongo que simplemente no soy una persona muy organizadora.
Sea como sea, nunca faltan lugares a donde ir.
El año pasado fui a ver a la banda de unos amigos tocar, fui a una fiesta lésbica, fui a otro toquín, y después fui a un Halloween que estuvo bastante chingón; lo cual prueba mi punto de que aún sin organizar nada, siempre se puede encontrar algo.
En fin, en dicho Halloween, me enteré que el tipo que lo organizaba, ya lo había convertido en un evento anual, y que de hecho llevaba no sé cuantos años haciéndolo.
Fast forward al presente.
Yo tenía pensado ir al Halloween de este tipo una vez más, pero como la fecha se acercaba y yo no me había enterado de nada, asumí que no se iba a hacer.
Fue entonces cuando me di cuenta de que esta vez, por alguna razón, tenía ganas de hacer algo en mi cumpleaños.
Creo que soy más feliz de lo que yo mismo sabía.
Sea como sea, decidí organizar algo. No fue tan difícil como yo pensaba.
Será algo sencillo, ir a un Pub chingón de la ciudad con unos cuantos amigos.
Al final del día, descubrí que el Halloween anual siempre sí se va a hacer, un día antes de lo del Pub.
Meh, ahora tengo dos lugares a los cuales ir.
¿Por qué les estoy contando esto?
Porque es mi blog, y en él puedo postear tanta estupidez irrelevante como lo desée.
Dios bendiga la libertad de expresión.
En fin, si de casualidad quieren ir al pub a invitarme una chela o algo así, los detalles están en mi Facebook.
Feliz cumpleaños adelantado, querido Dexter.
Te amo.
viernes, 30 de octubre de 2009
Felices 23, querido Dexter
Y va siendo momento del típico post cumpleañero.
Como algunos de ustedes saben, mañana es mi cumpleaños; lo cual implica que el día de hoy voy a ponerme la enfiestada de mi vida, así que aprovecho este momento para escribir el post; ahora que mis neuronas siguen vivas y coleando.
Cada año acostumbro sentarme frente a este monitor, mientras reflexiono acerca de todo lo que me ha pasado en el año, y cuando termino, me siento aún más maduro e inteligente que antes.
Esta vez no.
Este año no tengo la motivación para filosofar, ni para hacerme el intelectual.
Lo único que quiero, es que estos 22 años terminen, a la de ya.
Siendo sinceros, mis 22 años no fueron los mejores de mi vida; au contraire, creo que probablemente fue uno de los peores años de mi aún corta existencia.
Si lo veo en retrospectiva, pasé gran parte de mis 365 años sintiéndome miserable, y sufriendo penas que ni siquiera eran necesarias.
Fue un año lleno de incertidumbre, desesperación, y situaciones que fueron menos que ideales; pero a fin de cuentas, aquí estoy, sentado frente al mismo monitor que el año pasado.
Sigo aquí.
Ahora, tampoco es como si TODO hubiera sido malo; porque este año también me divertí montones, y aprendí muchas cosas sobre mí mismo que no hubiera podido conocer si no hubiera sido por todo el drama que había en mi vida.
De todos modos, en estos momentos, lo que más deseo, es que mi número cronológico pase de 22 a 23, para poder empezar un nuevo capítulo en mi vida; completamente ajeno a lo que viví este pasado año.
Cuando sople las velitas del pastel que me lleven mis amigos (y que muy seguramente terminará embarrado en mi cara), voy a desear un nuevo comienzo: el comienzo de un año mucho mejor que el que acaba de terminar.
"When my smile gets old and faded, wait around, I'll smile again..."
Que este año sirva para probar que pase lo que pase, yo voy a ser feliz, de una forma u otra.
Váyanse al diablo, veintidos primaveras.
Felices veintitres, querido Dexter.
Se aceptan regalos, felicitaciones, y chicas sensuales.
Como algunos de ustedes saben, mañana es mi cumpleaños; lo cual implica que el día de hoy voy a ponerme la enfiestada de mi vida, así que aprovecho este momento para escribir el post; ahora que mis neuronas siguen vivas y coleando.
Cada año acostumbro sentarme frente a este monitor, mientras reflexiono acerca de todo lo que me ha pasado en el año, y cuando termino, me siento aún más maduro e inteligente que antes.
Esta vez no.
Este año no tengo la motivación para filosofar, ni para hacerme el intelectual.
Lo único que quiero, es que estos 22 años terminen, a la de ya.
Siendo sinceros, mis 22 años no fueron los mejores de mi vida; au contraire, creo que probablemente fue uno de los peores años de mi aún corta existencia.
Si lo veo en retrospectiva, pasé gran parte de mis 365 años sintiéndome miserable, y sufriendo penas que ni siquiera eran necesarias.
Fue un año lleno de incertidumbre, desesperación, y situaciones que fueron menos que ideales; pero a fin de cuentas, aquí estoy, sentado frente al mismo monitor que el año pasado.
Sigo aquí.
Ahora, tampoco es como si TODO hubiera sido malo; porque este año también me divertí montones, y aprendí muchas cosas sobre mí mismo que no hubiera podido conocer si no hubiera sido por todo el drama que había en mi vida.
De todos modos, en estos momentos, lo que más deseo, es que mi número cronológico pase de 22 a 23, para poder empezar un nuevo capítulo en mi vida; completamente ajeno a lo que viví este pasado año.
Cuando sople las velitas del pastel que me lleven mis amigos (y que muy seguramente terminará embarrado en mi cara), voy a desear un nuevo comienzo: el comienzo de un año mucho mejor que el que acaba de terminar.
"When my smile gets old and faded, wait around, I'll smile again..."
Que este año sirva para probar que pase lo que pase, yo voy a ser feliz, de una forma u otra.
Váyanse al diablo, veintidos primaveras.
Felices veintitres, querido Dexter.
Se aceptan regalos, felicitaciones, y chicas sensuales.
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cumpleaños
jueves, 30 de octubre de 2008
Felices 22, querido Dexter
Y una vez más cumplo años.
En poco más de 2 horas, para ser exactos.
Y este año, decidí que en lugar de meterme en reflexiones quasi-filosóficas acerca de como mi cuerpo completó otra vuelta al sol, y ahora soy un año más viejo y más canoso; simplemente me tomaré un poco de tiempo.
Tiempo para pensar en lo que me dejó mi primer año de mayoría de edad internacional.
Y, por más que quería evitar el uso de frases cliché, me temo que será imposible, porque verdaderamente soy un año más sabio.
Este año en particular me dejó muchas cosas, y actualmente me encuentro en un periodo de transición un poco pesado: la irremediable verdad de que estoy madurando día a día, me pega cuando menos lo espero, y este año me ha pegado en dos o tres ocasiones en especial.
Este año me di cuenta de que, en efecto, los problemas más graves no son los que esperamos todo el tiempo, los que pensamos que inevitablemente nos caerán encima; y hasta creemos saber cuándo llegarán.
No, los problemas más feos llegan en la tarde de un martes cualquiera, mientras miramos la ventana de tarde lluviosa, sin saber que nuestra vida está a punto de ser transformada.
Este año me di cuenta de que aferrarse al pasado resulta una prácticamente sumamente improductiva, y de que, muchas veces, los caminos que creemos estar caminando dejaron de marcar nuestros pasos hace muchos años ya.
También aprendí que dentro de ese terrible sentido de abandono, podemos ver el nuevo sendero, que llevamos mucho tiempo recorriendo ya, y no nos habíamos dado cuenta.
Este año me di cuenta de que la nostalgia nunca nos deja nada, más que una fuerte opresión en el pecho, que siempre encuentra la forma de subir por nuestra garganta, y llegar hasta nuestros ojos, donde sale poco a poco en forma de lágrimas agridulces.
Aprendí que las sonrisas tristes que nacen de recordar viejos tiempos, no son más que una forma de reciclar nuestras antiguas experiencias, tratando de desempolvarlas para encontrarles una nueva utilidad que se ajuste a nuestra nueva realidad.
Lamentablemente, en unos años, esa nueva realidad será también desempolvada mientras nuestros ojos se llenan de agua.
Este año me di cuenta de que, por más optimistas y esperanzados que seamos, volveremos a caer: porque por más que queramos confiar en nuestro corazón, eventualmente nuestro corazón nos mentirá.
Y hoy me encuentro parado aquí, en el umbral de un nuevo año, tratando de mentalizarme para entrar en él.
Hace poco yo tenía 3 años, y no podía esperar para cortar mi pastel en forma de dados.
Hace poco yo tenía 10 años, y lo único que me importaba era abrir mis regalos.
Hace poco yo tenía 15 años, y pensaba que el tiempo no pasaba, y que las cosas no cambiarían nunca.
Hace poco yo tenía 17 años, y lo que más deseaba era que esos días duraran para siempre.
Hace poco yo tenía 20 años, y me emocionaba pensar en las 365 hojas en blanco que estaban delante de mí.
Hace poco yo tenía 21 años, y me encontraba enfrente de este mismo monitor, sintiendo como que lo sabía todo, y que no podría equivocarme jamás.
Y ahora, a los 22 años, me doy cuenta de que no sé nada, de que las cosas están cambiando más rápido de lo que nunca pensé, de que nada dura para siempre, y de que dentro de un año voy a estar sentado aquí mismo, leyendo este post, y pensando en todo lo que he aprendido.
Así que, lectores imaginarios, ésta es mi manera de despedirme de mi pasado, de mis nostalgias; y sobre todo de mis 21 años.
Felicidades a mí.
Espero que estos 365 días sean de los mejores de mi vida.
En poco más de 2 horas, para ser exactos.
Y este año, decidí que en lugar de meterme en reflexiones quasi-filosóficas acerca de como mi cuerpo completó otra vuelta al sol, y ahora soy un año más viejo y más canoso; simplemente me tomaré un poco de tiempo.
Tiempo para pensar en lo que me dejó mi primer año de mayoría de edad internacional.
Y, por más que quería evitar el uso de frases cliché, me temo que será imposible, porque verdaderamente soy un año más sabio.
Este año en particular me dejó muchas cosas, y actualmente me encuentro en un periodo de transición un poco pesado: la irremediable verdad de que estoy madurando día a día, me pega cuando menos lo espero, y este año me ha pegado en dos o tres ocasiones en especial.
Este año me di cuenta de que, en efecto, los problemas más graves no son los que esperamos todo el tiempo, los que pensamos que inevitablemente nos caerán encima; y hasta creemos saber cuándo llegarán.
No, los problemas más feos llegan en la tarde de un martes cualquiera, mientras miramos la ventana de tarde lluviosa, sin saber que nuestra vida está a punto de ser transformada.
Este año me di cuenta de que aferrarse al pasado resulta una prácticamente sumamente improductiva, y de que, muchas veces, los caminos que creemos estar caminando dejaron de marcar nuestros pasos hace muchos años ya.
También aprendí que dentro de ese terrible sentido de abandono, podemos ver el nuevo sendero, que llevamos mucho tiempo recorriendo ya, y no nos habíamos dado cuenta.
Este año me di cuenta de que la nostalgia nunca nos deja nada, más que una fuerte opresión en el pecho, que siempre encuentra la forma de subir por nuestra garganta, y llegar hasta nuestros ojos, donde sale poco a poco en forma de lágrimas agridulces.
Aprendí que las sonrisas tristes que nacen de recordar viejos tiempos, no son más que una forma de reciclar nuestras antiguas experiencias, tratando de desempolvarlas para encontrarles una nueva utilidad que se ajuste a nuestra nueva realidad.
Lamentablemente, en unos años, esa nueva realidad será también desempolvada mientras nuestros ojos se llenan de agua.
Este año me di cuenta de que, por más optimistas y esperanzados que seamos, volveremos a caer: porque por más que queramos confiar en nuestro corazón, eventualmente nuestro corazón nos mentirá.
Y hoy me encuentro parado aquí, en el umbral de un nuevo año, tratando de mentalizarme para entrar en él.
Hace poco yo tenía 3 años, y no podía esperar para cortar mi pastel en forma de dados.
Hace poco yo tenía 10 años, y lo único que me importaba era abrir mis regalos.
Hace poco yo tenía 15 años, y pensaba que el tiempo no pasaba, y que las cosas no cambiarían nunca.
Hace poco yo tenía 17 años, y lo que más deseaba era que esos días duraran para siempre.
Hace poco yo tenía 20 años, y me emocionaba pensar en las 365 hojas en blanco que estaban delante de mí.
Hace poco yo tenía 21 años, y me encontraba enfrente de este mismo monitor, sintiendo como que lo sabía todo, y que no podría equivocarme jamás.
Y ahora, a los 22 años, me doy cuenta de que no sé nada, de que las cosas están cambiando más rápido de lo que nunca pensé, de que nada dura para siempre, y de que dentro de un año voy a estar sentado aquí mismo, leyendo este post, y pensando en todo lo que he aprendido.
Así que, lectores imaginarios, ésta es mi manera de despedirme de mi pasado, de mis nostalgias; y sobre todo de mis 21 años.
Felicidades a mí.
Espero que estos 365 días sean de los mejores de mi vida.
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cumpleaños
jueves, 9 de octubre de 2008
Feliz cumpleaños al überlog
Hace exactamente un año, el überlog abrió sus puertas.
De hecho, creo que fue hasta por estas mismas horas.
Hoy celebramos 366 días de pendejadas, quejas, ensayos, cuentos, historias, alabanzas a Peter Petrelli, odio hacia los chinos, referencias a mi sensualidad, etcétera.
Es un poco asombroso pensar que he acumulado más de 17,000 visitas en tan poco tiempo.
En realidad, haciendo la cuenta, llegué a la conclusión de que se necesitaron 46 visitas diarias para alcanzar ese número.
Lo asombroso es pensar que tanta gente esté dispuesta a leer las pendejadas que escribo aquí.
Lo mejor de todo es que la mayoría de las personas me dicen que lo hago relativamente bien, y me dicen que siga escribiendo.
Muchas gracias, lectores imaginarios, por haberme acompañado este año.
Gracias a ustedes no he renunciado a seguir escribiendo aquí.
Esperemos que éste sea el primero de muchos más años llenos de posts estúpidos.
Ahora, si alguien quiere darme regalos o una rebanada de pastel, se agradecerá profundamente.
Felicidades a mí.
Soy re-chévere.
De hecho, creo que fue hasta por estas mismas horas.
Hoy celebramos 366 días de pendejadas, quejas, ensayos, cuentos, historias, alabanzas a Peter Petrelli, odio hacia los chinos, referencias a mi sensualidad, etcétera.
Es un poco asombroso pensar que he acumulado más de 17,000 visitas en tan poco tiempo.
En realidad, haciendo la cuenta, llegué a la conclusión de que se necesitaron 46 visitas diarias para alcanzar ese número.
Lo asombroso es pensar que tanta gente esté dispuesta a leer las pendejadas que escribo aquí.
Lo mejor de todo es que la mayoría de las personas me dicen que lo hago relativamente bien, y me dicen que siga escribiendo.
Muchas gracias, lectores imaginarios, por haberme acompañado este año.
Gracias a ustedes no he renunciado a seguir escribiendo aquí.
Esperemos que éste sea el primero de muchos más años llenos de posts estúpidos.
Ahora, si alguien quiere darme regalos o una rebanada de pastel, se agradecerá profundamente.
Felicidades a mí.
Soy re-chévere.
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cumpleaños
martes, 29 de abril de 2008
Los responsables de mi existencia
Disculpen ustedes, lectores imaginarios, si no le encuentran mucho sentido a este post; pero es que esta vez no estoy escribiendo para que todos puedan comprender lo que digo.
Esta vez simplemente quiero que dos personas sepan lo que pienso.
Y es que no es fácil escribir algo así, siento que no hay suficientes palabras en el idioma para decirles lo que quiero decir...
Esas dos personas significan mucho más para mí de lo que ellas mismas se imaginan.
Una de ellas, ha sido el mayor ejemplo a seguir que siempre he tenido.
Y no sé si alguna vez se lo haya dicho, pero lo admiro mucho más de lo que él cree; porque a pesar de que tiene un carácter fuerte, y no es precisamente una persona fácil; de todos modos siempre ha estado conmigo. En todo.
Siempre me ha apoyado, y ha tratado de ayudarme en absolutamente todos mis problemas; desde la vez que me corrieron de la prepa por mi mala conducta y él tuvo que ir a hablar con los directores para que las cosas no fueran tan graves, hasta las veces que he estado de mal humor por pendejadas, y me ha ayudado a observarme y darme cuenta de que mi amargura me está controlando mucho más de lo que debería.
Gracias a él ahora sé que yo no soy realmente yo, sino una mezcla de muchos yoes; y he ido aprendiendo a controlarlos. Gracias a él no voy a incendiar una casa cuando mis voces sean demasiado molestas.
Porque, detrás de ese bigote de personaje de película muda, de esa panza prominente y de esa mirada severísima; se encuentra el mejor hombre que yo haya conocido; y uno de los seres humanos más inteligentes que tengo la fortuna de conocer.
Él me enseñó a ser muchas de las cosas que soy hoy en día: Me enseñó a apreciar la buena música, el arte, las cosas finas; me enseñó el valor de la cultura y de la buena educación, me enseñó que no existen trabajos indignos, y que jamás debo de pensarlo así.
Me enseñó a apreciar la vida, y a valorar las cosas que tengo; me enseñó que observar y analizar a las personas es una cualidad indispensable para salir adelante.
Me enseñó muchas más cosas de las que yo jamás podría enlistar, porque; aunque a veces sea un amargado, gruñón y malacopa; y aunque haya un enorme abismo generacional entre nosotros dos; de todas formas siempre hemos podido encontrar una forma de entendernos y de comprender nuestro respectivo punto de vista.
Y, además, aunque suene a cliché de a dos varos; realmente lo considero uno de mis mejores amigos.
Jamás me voy a cansar de caminar arquitecturas con él.
La otra persona, es la responsable de que yo sea como soy; y que esté orgullosa de mí es el mayor orgullo en mi vida.
Cuando ella me ve, siempre puedo notar que sus ojos se llenan de cariño, y de mucho mucho orgullo; y esa mirada siempre ha sido lo que me motiva a hacer las cosas bien.
Es la mejor recompensa que yo podría pedir.
Para mí, ella es la mujer más admirable que hay en este planeta, porque siempre ha dedicado su vida a que mi hermana y yo seamos más de lo que ella es.
Y cuando digo dedicado su vida, lo digo en serio.
En 21 años, no ha habido ni un sólo día en que yo me haya sentido desprotegido, porque, pase lo que pase, ella siempre está ahí. Estoy seguro de que en mi hermana podría aumentar la cifra a 26 años.
No conozco (ni creo que vaya a conocer) a una mujer más dedicada que ella.
De alguna forma, siempre logra que su día tenga 28 horas, y las 28 las destina a que nada nos falte.
Siempre he admirado la forma en que puede darle 16 vueltas al parque, barrer el patio 4 veces, lavar y planchar la ropa, hacer la comida y el lunch de Andie, proveerle comida al restaurant de mi primo, limpiar y sacudir 6 cuartos, ir al súper, ir al mercado, tejer un chingo de colchas, coser, envolver regalos, tender las camas, colgar la ropa, ordenar los calcetines, recoger el desmadre que voy dejando por toda la casa, y muchísimas cosas más; y de todos modos, siempre le sobre tiempo para pasarlo con nosotros.
Y gracias a ese tiempo que pasa con nosotros, he aprendido una cosa muy importante:
Lo que te hace una gran persona no es ni la inteligencia, ni el dinero, ni el poder; son los sentimientos.
No creo que pueda haber nadie en este mundo con sentimientos más hermosos que ella; y por eso, toda mi vida la he considerado como la mejor persona que existe en el mundo.
Siempre he creído que si no me he convertido en el imbécil que podría llegar a ser, es gracias a su mirada.
Y en realidad no sé si ella lo note, pero la mirada de orgullo más grande, siempre la hemos tenido nosotros cuando la vemos a ella.
Feliz cumpleaños papá.
Feliz cumpleaños mamá.
Esta vez simplemente quiero que dos personas sepan lo que pienso.
Y es que no es fácil escribir algo así, siento que no hay suficientes palabras en el idioma para decirles lo que quiero decir...
Esas dos personas significan mucho más para mí de lo que ellas mismas se imaginan.
Una de ellas, ha sido el mayor ejemplo a seguir que siempre he tenido.
Y no sé si alguna vez se lo haya dicho, pero lo admiro mucho más de lo que él cree; porque a pesar de que tiene un carácter fuerte, y no es precisamente una persona fácil; de todos modos siempre ha estado conmigo. En todo.
Siempre me ha apoyado, y ha tratado de ayudarme en absolutamente todos mis problemas; desde la vez que me corrieron de la prepa por mi mala conducta y él tuvo que ir a hablar con los directores para que las cosas no fueran tan graves, hasta las veces que he estado de mal humor por pendejadas, y me ha ayudado a observarme y darme cuenta de que mi amargura me está controlando mucho más de lo que debería.
Gracias a él ahora sé que yo no soy realmente yo, sino una mezcla de muchos yoes; y he ido aprendiendo a controlarlos. Gracias a él no voy a incendiar una casa cuando mis voces sean demasiado molestas.
Porque, detrás de ese bigote de personaje de película muda, de esa panza prominente y de esa mirada severísima; se encuentra el mejor hombre que yo haya conocido; y uno de los seres humanos más inteligentes que tengo la fortuna de conocer.
Él me enseñó a ser muchas de las cosas que soy hoy en día: Me enseñó a apreciar la buena música, el arte, las cosas finas; me enseñó el valor de la cultura y de la buena educación, me enseñó que no existen trabajos indignos, y que jamás debo de pensarlo así.
Me enseñó a apreciar la vida, y a valorar las cosas que tengo; me enseñó que observar y analizar a las personas es una cualidad indispensable para salir adelante.
Me enseñó muchas más cosas de las que yo jamás podría enlistar, porque; aunque a veces sea un amargado, gruñón y malacopa; y aunque haya un enorme abismo generacional entre nosotros dos; de todas formas siempre hemos podido encontrar una forma de entendernos y de comprender nuestro respectivo punto de vista.
Y, además, aunque suene a cliché de a dos varos; realmente lo considero uno de mis mejores amigos.
Jamás me voy a cansar de caminar arquitecturas con él.
La otra persona, es la responsable de que yo sea como soy; y que esté orgullosa de mí es el mayor orgullo en mi vida.
Cuando ella me ve, siempre puedo notar que sus ojos se llenan de cariño, y de mucho mucho orgullo; y esa mirada siempre ha sido lo que me motiva a hacer las cosas bien.
Es la mejor recompensa que yo podría pedir.
Para mí, ella es la mujer más admirable que hay en este planeta, porque siempre ha dedicado su vida a que mi hermana y yo seamos más de lo que ella es.
Y cuando digo dedicado su vida, lo digo en serio.
En 21 años, no ha habido ni un sólo día en que yo me haya sentido desprotegido, porque, pase lo que pase, ella siempre está ahí. Estoy seguro de que en mi hermana podría aumentar la cifra a 26 años.
No conozco (ni creo que vaya a conocer) a una mujer más dedicada que ella.
De alguna forma, siempre logra que su día tenga 28 horas, y las 28 las destina a que nada nos falte.
Siempre he admirado la forma en que puede darle 16 vueltas al parque, barrer el patio 4 veces, lavar y planchar la ropa, hacer la comida y el lunch de Andie, proveerle comida al restaurant de mi primo, limpiar y sacudir 6 cuartos, ir al súper, ir al mercado, tejer un chingo de colchas, coser, envolver regalos, tender las camas, colgar la ropa, ordenar los calcetines, recoger el desmadre que voy dejando por toda la casa, y muchísimas cosas más; y de todos modos, siempre le sobre tiempo para pasarlo con nosotros.
Y gracias a ese tiempo que pasa con nosotros, he aprendido una cosa muy importante:
Lo que te hace una gran persona no es ni la inteligencia, ni el dinero, ni el poder; son los sentimientos.
No creo que pueda haber nadie en este mundo con sentimientos más hermosos que ella; y por eso, toda mi vida la he considerado como la mejor persona que existe en el mundo.
Siempre he creído que si no me he convertido en el imbécil que podría llegar a ser, es gracias a su mirada.
Y en realidad no sé si ella lo note, pero la mirada de orgullo más grande, siempre la hemos tenido nosotros cuando la vemos a ella.
Feliz cumpleaños papá.
Feliz cumpleaños mamá.
domingo, 28 de octubre de 2007
21 años
20 años, 11 meses y 27 días.
El miércoles es mi cumpleaños.
Como cada año, la idea de que mi edad suba un número no me causaba mucha emoción, y planeaba vivir el 31 como otro día común y corriente. Después de todo, eso es lo que es. Nunca he esperado que la humanidad detenga su marcha para celebrarme.
Sin embargo, ayer, uno de mis mejores amigos me felicitó por adelantado, y me dijo que los cumpleaños son sólo una forma de recordarnos cuantas vueltas le hemos dado al sol.
No sé por qué, pero esa frase hizo que me pusiera a pensar en muchas cosas.
Me puse a pensar que en mis 21 vueltas solares, pocas veces me he detenido a pensar que no tiene caso seguir dando vueltas en este mundo bizarro y complicado, a menos que haya gente dispuesta a girar alrededor del sol con nosotros.
Contra todo el espíritu grinchesco que suele acompañar estas fechas, me di cuenta que tengo muchas cosas que celebrar este año:
Una familia que lleva 21 primaveras apoyándome y soportándome.
Un padre que trata de educarme y cultivarme contra todo pronóstico de que no va a poder.
Que a pesar de digo más groserías y vulgaridades de las que se pueden contar con el sistema decimal, de todos modos se enoja cada vez que me escucha, y me dice que no soy gracioso, mientras me mira con unos ojos severísimos, sabe que no servirá de nada, pero de todos modos lo hace porque no abandona la esperanza de que me vuelva mejor persona cada día.
Un padre que camina arquitecturas conmigo, tratando de demostrarme que las iglesias gritan su estado de iglesias, y las oficinas jamás gritarán que son iglesias.
Un padre al que me empiezo a parecer cada día más, aunque me niegue a aceptarlo.
Una madre que ha dedicado cada día de su vida a educarme, de una manera más tradicional que mi papá. Ella es la que se empeña en decirme que tienda mi cama, que arregle mi ropa, que no deje las luces prendidas, que no como suficientes verduras, y toda esa sarta de cosas que las madres tienen que decirle a sus hijos.
También, ella es la que me ha enseñado a ser buena persona, y me ha inculcado una empatía por las demás personas, lo cuál muchas veces me ha dejado con el corazón sobrecogido, y la cuál me ha mantenido despierto algunas noches pensando en alguna viejita con frío que vi en el día.
Una madre que aunque suene a cliché, es uno de los grandes ejemplos a seguir en mi vida, y aunque no puedo decir que es perfecta, sí puedo asegurar que jamás habría podido pedir una mejor madre en mi vida.
Una hermana que siempre se ha burlado de mí, y se ha quejado de muchas cosas que hago.
Una hermana que puede llegar a ser grosera y cortante.
Una hermana a la que admiro más que a nadie en el mundo, y a la que muy pocas veces se lo digo.
Una hermana que me ha enseñado muchísimas cosas de mujeres, y sin ella, probablemente me habrían roto el corazón muchas más veces de las que lo han hecho.
Una hermana por la que daría la vida sin pensarlo, porque queramos o no, somos más parecidos de lo que los dos nos damos cuenta.
Una abuela que me enseñó que tanto te puede doler la muerte de alguien, y que al mismo tiempo, también te puede dar una felicidad enorme, en cierta forma cariñosa aunque suene culera.
Unos primos que son como otro par de hermanos, y que dentro de su forma de ser completamente diferente a la mía, comparten todo un mundo de cosas conmigo.
Un primo con el que puedes jugar luchitas y partirte la madre mientras estás cagado de risa.
Un primo que soporta que lo chingues y lo chingues y lo chingues, y no se queja. Pero cuando se queja, puedas hacer cara de perrito y seguirlo chingando y chingando.
Un hermadrino que me recuerda tanto a mí mismo que me da miedo, y con el que puedo pasar horas hablando de las pendejadas más irrelevantes, sintiendo que cada palabra es completamente indispensable en mi vida. Y haciendo planes que no llevan a ningun lado, pero involucran botargas y camarones.
Una novia que logra hacer que creas en el amor otra vez, y que rompe cuantos mecanismos de defensa había creado para evitar, precisamente, querer tanto a alquien como la quiero a ella.
Una novia que sin ser el estereotipo de niña linda, es la niña más linda que jamás he conocido.
Una novia que me hace ser cursi, aún cuando yo siempre he odiado la cursílería con toda mi alma.
Una novia con la que puedo pasar por corralones, corridas de conciertos, pleitos pendejos por razones pendejas y momentos en que los dos somos insoportables; y de todos modos, acabar el día con un "te amo".
El mejor grupo de amigos que podría pedir.
Un amigo que casi te hace llorar de la nostalgia con un par de simples frases bien colocadas, que me recuerdan lo verde que era nuestra infancia.
Una amiga ojiverde que te sigue hablando aunque la hayas plantado como 50 veces, y simplemente te pega y te muerde, pero al final te abraza y te recuerda lo importante que eres para ella.
Un amigo que te cucharea en tierras lejanas, y que te habla llorando cuando tiene pedos con su vieja. Y tú le hablas llorando cuando simplemente sientes que todo es demasiado estresante y tienes que hacer catársis con alguien. Un amigo que es lo más cercano que tienes a un hermano molesto.
Una amiga que se sienta contigo en bancas coyoacaneras, y está dispuesta a cortarse sólo porque tu decidiste que tus Converse se verían chidos si tuvieran manchas de sangre.
Un amigo que te habla a las 4 de le mañana, pedísimo, sólo para decirte "es que creo haber oído que alguien decía la palabra ninja, y me acordé de ti", y con el que acabas pactando una salida al otro día, para vestirse de ninjas y asustar niños.
Una amiga que se fue a vivir muy lejos, pero que de todos modos te habla cada vez que puede, sólo porque dice que su día no está completo sin que alguien le diga pendeja, y se cague de risa de sus desgracias.
Un amigo que escupe en tu café cuando no te das cuenta, y que no se da cuenta de que tu escupiste en su café hace horas.
Una amiga que después de regañarte por ser mala persona, te abrace y te diga que eres su mala persona favorita.
Un amigo que te pregunta 50 veces al día si tienes información de su prospecto, y que le va al América, pero sin embargo sabes que es la única persona que comprende tus desgracias escolares, y que aunque estés moviendo cielo mar y tierra para ayudarlo, de todos modos encuentre tiempo para reclamarte que eres una perra malagradecida.
Una amiga que hace que te pierdas una película que llevabas años esperando, pero que lo compensa con una mirada de arrepentimiento profundo.
Un amigo que a base de madrazos, ha evitado que arruines tu vida, más de 15 veces.
Una amiga que se acaba tu crédito, pero no le puedes reclamar nada porque tú te has acabado el suyo muchas veces.
Un amigo que engaña a la gente para vender afores, pero que te paga por ayudarlo.
Y después de recordar que tanta gente me acompaña mientras sigo dándole vueltas al sol, me doy cuenta que si me dan regalos de cumpleaños o no, es irrelevante, porque el verdadero regalo es tenerlos a ellos.
Lamento mucho haber escrito algo tan cursi, pero en realidad muy pocas veces me doy cuenta de este tipo de cosas.
Y ahora, planeo celebrar otra vuelta solar averiguando cuantas Soles se necesitan para que yo empiece a dar vueltas.
El miércoles es mi cumpleaños.
Como cada año, la idea de que mi edad suba un número no me causaba mucha emoción, y planeaba vivir el 31 como otro día común y corriente. Después de todo, eso es lo que es. Nunca he esperado que la humanidad detenga su marcha para celebrarme.
Sin embargo, ayer, uno de mis mejores amigos me felicitó por adelantado, y me dijo que los cumpleaños son sólo una forma de recordarnos cuantas vueltas le hemos dado al sol.
No sé por qué, pero esa frase hizo que me pusiera a pensar en muchas cosas.
Me puse a pensar que en mis 21 vueltas solares, pocas veces me he detenido a pensar que no tiene caso seguir dando vueltas en este mundo bizarro y complicado, a menos que haya gente dispuesta a girar alrededor del sol con nosotros.
Contra todo el espíritu grinchesco que suele acompañar estas fechas, me di cuenta que tengo muchas cosas que celebrar este año:
Una familia que lleva 21 primaveras apoyándome y soportándome.
Un padre que trata de educarme y cultivarme contra todo pronóstico de que no va a poder.
Que a pesar de digo más groserías y vulgaridades de las que se pueden contar con el sistema decimal, de todos modos se enoja cada vez que me escucha, y me dice que no soy gracioso, mientras me mira con unos ojos severísimos, sabe que no servirá de nada, pero de todos modos lo hace porque no abandona la esperanza de que me vuelva mejor persona cada día.
Un padre que camina arquitecturas conmigo, tratando de demostrarme que las iglesias gritan su estado de iglesias, y las oficinas jamás gritarán que son iglesias.
Un padre al que me empiezo a parecer cada día más, aunque me niegue a aceptarlo.
Una madre que ha dedicado cada día de su vida a educarme, de una manera más tradicional que mi papá. Ella es la que se empeña en decirme que tienda mi cama, que arregle mi ropa, que no deje las luces prendidas, que no como suficientes verduras, y toda esa sarta de cosas que las madres tienen que decirle a sus hijos.
También, ella es la que me ha enseñado a ser buena persona, y me ha inculcado una empatía por las demás personas, lo cuál muchas veces me ha dejado con el corazón sobrecogido, y la cuál me ha mantenido despierto algunas noches pensando en alguna viejita con frío que vi en el día.
Una madre que aunque suene a cliché, es uno de los grandes ejemplos a seguir en mi vida, y aunque no puedo decir que es perfecta, sí puedo asegurar que jamás habría podido pedir una mejor madre en mi vida.
Una hermana que siempre se ha burlado de mí, y se ha quejado de muchas cosas que hago.
Una hermana que puede llegar a ser grosera y cortante.
Una hermana a la que admiro más que a nadie en el mundo, y a la que muy pocas veces se lo digo.
Una hermana que me ha enseñado muchísimas cosas de mujeres, y sin ella, probablemente me habrían roto el corazón muchas más veces de las que lo han hecho.
Una hermana por la que daría la vida sin pensarlo, porque queramos o no, somos más parecidos de lo que los dos nos damos cuenta.
Una abuela que me enseñó que tanto te puede doler la muerte de alguien, y que al mismo tiempo, también te puede dar una felicidad enorme, en cierta forma cariñosa aunque suene culera.
Unos primos que son como otro par de hermanos, y que dentro de su forma de ser completamente diferente a la mía, comparten todo un mundo de cosas conmigo.
Un primo con el que puedes jugar luchitas y partirte la madre mientras estás cagado de risa.
Un primo que soporta que lo chingues y lo chingues y lo chingues, y no se queja. Pero cuando se queja, puedas hacer cara de perrito y seguirlo chingando y chingando.
Un hermadrino que me recuerda tanto a mí mismo que me da miedo, y con el que puedo pasar horas hablando de las pendejadas más irrelevantes, sintiendo que cada palabra es completamente indispensable en mi vida. Y haciendo planes que no llevan a ningun lado, pero involucran botargas y camarones.
Una novia que logra hacer que creas en el amor otra vez, y que rompe cuantos mecanismos de defensa había creado para evitar, precisamente, querer tanto a alquien como la quiero a ella.
Una novia que sin ser el estereotipo de niña linda, es la niña más linda que jamás he conocido.
Una novia que me hace ser cursi, aún cuando yo siempre he odiado la cursílería con toda mi alma.
Una novia con la que puedo pasar por corralones, corridas de conciertos, pleitos pendejos por razones pendejas y momentos en que los dos somos insoportables; y de todos modos, acabar el día con un "te amo".
El mejor grupo de amigos que podría pedir.
Un amigo que casi te hace llorar de la nostalgia con un par de simples frases bien colocadas, que me recuerdan lo verde que era nuestra infancia.
Una amiga ojiverde que te sigue hablando aunque la hayas plantado como 50 veces, y simplemente te pega y te muerde, pero al final te abraza y te recuerda lo importante que eres para ella.
Un amigo que te cucharea en tierras lejanas, y que te habla llorando cuando tiene pedos con su vieja. Y tú le hablas llorando cuando simplemente sientes que todo es demasiado estresante y tienes que hacer catársis con alguien. Un amigo que es lo más cercano que tienes a un hermano molesto.
Una amiga que se sienta contigo en bancas coyoacaneras, y está dispuesta a cortarse sólo porque tu decidiste que tus Converse se verían chidos si tuvieran manchas de sangre.
Un amigo que te habla a las 4 de le mañana, pedísimo, sólo para decirte "es que creo haber oído que alguien decía la palabra ninja, y me acordé de ti", y con el que acabas pactando una salida al otro día, para vestirse de ninjas y asustar niños.
Una amiga que se fue a vivir muy lejos, pero que de todos modos te habla cada vez que puede, sólo porque dice que su día no está completo sin que alguien le diga pendeja, y se cague de risa de sus desgracias.
Un amigo que escupe en tu café cuando no te das cuenta, y que no se da cuenta de que tu escupiste en su café hace horas.
Una amiga que después de regañarte por ser mala persona, te abrace y te diga que eres su mala persona favorita.
Un amigo que te pregunta 50 veces al día si tienes información de su prospecto, y que le va al América, pero sin embargo sabes que es la única persona que comprende tus desgracias escolares, y que aunque estés moviendo cielo mar y tierra para ayudarlo, de todos modos encuentre tiempo para reclamarte que eres una perra malagradecida.
Una amiga que hace que te pierdas una película que llevabas años esperando, pero que lo compensa con una mirada de arrepentimiento profundo.
Un amigo que a base de madrazos, ha evitado que arruines tu vida, más de 15 veces.
Una amiga que se acaba tu crédito, pero no le puedes reclamar nada porque tú te has acabado el suyo muchas veces.
Un amigo que engaña a la gente para vender afores, pero que te paga por ayudarlo.
Y después de recordar que tanta gente me acompaña mientras sigo dándole vueltas al sol, me doy cuenta que si me dan regalos de cumpleaños o no, es irrelevante, porque el verdadero regalo es tenerlos a ellos.
Lamento mucho haber escrito algo tan cursi, pero en realidad muy pocas veces me doy cuenta de este tipo de cosas.
Y ahora, planeo celebrar otra vuelta solar averiguando cuantas Soles se necesitan para que yo empiece a dar vueltas.
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