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jueves, 14 de mayo de 2015

De despedidas y pastos más verdes

Every new beginning comes from some other beginning's end...

Mientras estoy sentado aquí, escribiendo esto, descubro que es un día muy extraño para mí, porque justo hoy se cumplen 2 años de que empecé a trabajar en TV Azteca, y hoy es el día en que entregué mi credencial y firmé mi baja, porque ya era hora de un cambio.


Recuerdo perfectamente que hace un par de años estaba hablando con mi entonces novia y le contaba que ya no era feliz en mi trabajo.

"¿Qué vas a hacer?", me preguntó ella y le dije que no estaba seguro, pero que toda mi vida he vivido bajo la filosofía de que yo me iba a quedar en un lugar mientras sintiera que ahí es donde tenía que estar. y que en esos momentos sentía que tenía que estar en otro lado.

Como caído del cielo, y como muchas veces he tenido la suerte de que me pase, a los pocos días me habló un gran amigo y me dijo que en Azteca estaban buscando un escritor de comedia, y que le gustaría que yo fuera a hablar con su productor.

Me puse un poco nervioso, porque aunque toda mi vida había escrito, siempre lo había hecho como un hobby y nunca como algo profesional. Sea como sea, fuí a hablar con el productor porque a pesar de ser un cliché tremendo, pienso que las cosas pasan por algo.


Fuí a Azteca, todo salió mejor de lo que había esperado y me hicieron una oferta.

Mis ganas de dejar mi trabajo anterior hicieron que ni siquiera tuviera que pensarlo dos veces y acepté en ese momento.
Jamás imaginé que ese día, un 14 de mayo, fuera a ser un parteaguas en mi vida.


Entre emoción, nervios e incertidumbre; empecé mis primeros días como escritor de un programa llamado Deberían Estar Trabajando, donde pasé una de las etapas más divertidas de mi vida.

Todos los días era como regresar a la prepa, donde iba más a jugar que a trabajar. Fue en esos meses que por fin entendí por qué existía gente que no odiaba su trabajo, y aunque nunca me puse a pensar si quería dedicarme a eso toda mi vida, sabía que al menos estaba en el lugar donde tenía que estar, y planeaba quedarme mientras se sintiera correcto.


Al poco tiempo de empezado el programa, el productor tuvo un par de pleitos y de problemas (entre ellos, que la boca le apestaba a ano) y lo corrieron (aunque no creo que haya sido por su aliento de ano).

En ese momento tuve miedo, porque aunque el productor y yo no éramos precisamente amigos, me gustaba demasiado mi trabajo y no quería que se acabara el programa.
Mi amigo el que me metió a Azteca me dijo que no me preocupara, que el hecho de que corrieran a ese güey era lo mejor que nos podía pasar. And boy, he was SO right.


En menos de 3 días nos llamaron a una junta para presentarnos a nuestro nuevo productor, el cual obviamente iba a meter consigo a todo un nuevo equipo de trabajo, pero decidió conservar a los escritores porque no la habíamos cagado demasiado hasta el momento. My momma would've been so proud.

En ese momento yo no lo sabía, pero ese productor y ese nuevo equipo se iban a convertir en personas que marcarían mi vida para siempre.


Los siguientes meses fueron una chingonería, en los que aparte de escribir acabé teniendo mi propia sección en el programa, cumpliendo uno de mis sueños de toda la vida: salir ebrio en televisión nacional (más veces de las que me gustaría presumir, by the way)

Cada día era un juego y yo no quería que esos días se acabaran nunca.
Lamentablemente, esos días terminaron.

Un día de finales de noviembre, mi productor nos llamó a todos para una junta de emergencia y nos dijo que Deberían Estar Trabajando acababa de ser cancelado y que salíamos del aire el 31 de diciembre.


Ese mes fue uno muy triste y lleno de incertidumbre. Nunca me habían corrido de un trabajo, y aunque técnicamente no me estaban corriendo, it certainly felt like it.

Mi productor nos llamó a unos cuantos y nos dijo que tratáramos de no estar tristes, porque tenía un proyecto increíble que iba a empezar en un par de meses, y que si podíamos aguantar hasta entonces, nos quería en ese proyecto porque éramos su familia.
Entre abrazos agridulces y esperanzas inciertas, nos despedimos y nos deseó un feliz año.


Justo por esas fechas yo pasé por una etapa bastante difícil en mi vida personal, porque corté con mi novia de más de 3 años, y aunque ahora lo veo como una exageración, en ese momento estar desempleado NO era algo bueno, porque me daba demasiado tiempo para darle vuelta a las cosas.

Un par de meses después, mi productor nos llamó a una reunión en su casa y nos explicó de qué se trataba su nuevo proyecto. Se llamaba El Hormiguero e iba a ser uno de los programas más importantes de Azteca. Nos dijo que iba a ser una cantidad estúpida de trabajo y de estrés, pero que le encantaría que estuviéramos con él.

Evidentemente, la mayoría de nosotros aceptó y empezamos a trabajar en la pre-producción.


No nos había mentido: era un trabajo MUY demandante, pero en ese momento yo agradecía cualquier oportunidad de distraerme y de dejar de pensar en pendejadas, así que estaba feliz de pasar todo el día en Azteca con gente a la que quería un chingo y con la cual me divertía horrores.

Después de ocho semanas de pre-producción y nervios, El Hormiguero salió al aire.
Pocas veces en mi vida me había sentido tan orgulloso de algo. En esos momentos, estaba en mi trabajo perfecto.


Éramos como una gran familia en la que cada día era ir a echar desmadre, a pasarla increíble y a hacer algo que amábamos.
Conocí personas increíbles que en menos de un año se convirtieron en gente sin la cual ya no imagino mi vida.

Ahorita, con un poquito de distancia, puedo ver hacia atrás y darme cuenta de que esos primeros meses de El Hormiguero fueron una de las etapas más increíbles de mi vida.


El programa estaba saliendo de poca madre y nos hacía sentir que todo nuestro trabajo valía la pena. Esos días laborales de 12 horas valían la pena. Esos fines de semana en grabación valían la pena.

Era estúpidamente cansado, pero todos los días me iba a acostar con una sonrisa en la boca porque estaba viviendo cosas que no hubiera podido vivir en ningún otro trabajo.


Sin embargo, poco a poco el estrés y el cansancio empezó a afectarnos.

Algunas personas empezaron a irse porque los tiempos de tele eran demasiado demandantes y no las estaban dejando tener una vida.
Hubo momentos en los que yo también sentí que no podía más. Había días en los que pasaba más de 20 horas en el canal y nada más llegaba a mi casa a bañarme y cambiarme de ropa para después regresar a Azteca.

Lo extraño era que a pesar de todo no me importaba porque yo era feliz.


Recuerdo que un día estaba sentado en Azteca, tomando café con una de mis mejores amigas, contándole de cómo acababa de cortar con una morra con la que había salido por unas semanas.

"¿Y por qué cortaron?"
"Porque me decía que nunca tenía tiempo para ella"
"Y pues sí... ¿no?"
"Pues sí; no tengo tiempo para nada. No tengo tiempo ni para estar enfermo y me estoy muriendo de gripa"
"Pero tiene cierto punto, es como la segunda chava con la que cortas por lo mismo, ¿no?"
"Ajá, pero ahorita mi trabajo es mi prioridad, y tienen que entender eso..."

But was that all there is to life?


Esa conversación me pegó y me hizo pensar.
Era el trabajo de mis sueños, pero a lo mejor le estaba dedicando demasiado tiempo y necesitaba empezar a enfocarme un poco más en mi vida personal.

Lamentablemente, tenía tanto trabajo que mi epifanía se me olvidó y tuve que regresar a trabajar.
Estaba durmiendo menos de 4 horas por noche y mi sentido común estaba más perdido que los 43 de Ayotzinapa (que por cierto, en ese momento todavía no estaban perdidos; seguían en el pueblo perdido de Ayotzinapa)


Mandé mis dudas a la parte de atrás de mi cabeza y seguí como si nada. Lo hermoso de no tener tiempo para pensar es que pues... no tienes tiempo para pensar, lo cual hace mucho más fácil vivir.

Al fin y al cabo era feliz, así que le dije a mi amiga "Pues no sé qué pase después, pero voy a estar aquí mientras sienta que aquí es donde tengo que estar."

Fair enough, fuck the police.


Yo creo que mi epifanía no fue la única, porque en esos meses más y más gente empezó a renunciar para buscar trabajos que les dieran chance de salir, de tener vida social, de dormir, de comer; de ser normales.
De los que empezamos el proyecto desde el mero principio, cada vez íbamos quedando menos.

El final de la primera temporada fue una bendición, porque en esos momentos yo estaba seguro de que no me faltaba mucho para averiguar si una persona era físicamente capaz de morir por falta de sueño.

Nunca en la vida había tenido ojeras tan marcadas como en esos días.


Un mes después, cuando regresamos a trabajar, me enteré de que a dos de mis mejores amigos les habían ofrecido otros trabajos que les convenían más, y de que los iban a aceptar.

Creo que fue ahí cuando realmente empecé a darle vueltas a la idea de irme a algún otro trabajo.

Y esa idea me siguió dando vueltas en la cabeza, hasta que hace menos de un mes estaba hablando con mi ahora novia y ese tema salió a la conversación.

"¿Qué vas a hacer?", me preguntó ella y le dije que no estaba seguro, pero que toda mi vida he vivido bajo la filosofía de que yo me iba a quedar en un lugar mientras sintiera que ahí es donde tenía que estar, y que en esos momentos empezaba a sentír que tenía que estar en otro lado.


Y por alguna extraña razón que seguro algunas personas achacarían a alguna conspiración cósmica, pero que yo considero vil coincidencia; justo en esos días me contactaron un par de amigos que habían trabajado en El Hormiguero y me hicieron un par de ofertas de trabajo.

Si fuera otra persona, diría que Dios me quiere mucho; pero como soy yo, voy a decir que Dios me ama.


Y eso me lleva hasta este momento, lectores imaginarios.

La semana pasada acepté una de esas ofertas, para una empresa que conozco muy bien y que me ofrece algo increíblemente interesante.
Fast forward to this moment, en el que estoy regresando a mi casa después de haber ido a Azteca por última vez para entregar mi credencial y firmar mi baja.

Estoy muy nervioso y muy emocionado, pero me voy feliz y con la cabeza en alto.
Me voy a mis tiempos y en mi momento.
Me voy sabiendo que dí todo lo que podía dar y que aprendí todo lo que tenía que aprender.

Dejo atrás a gente increíble, pero no me queda ni la menor duda de que los voy a seguir viendo, porque son mis amigos de verdad, y los quiero más de lo que se imaginan.

Todos los días agradezco inmensamente esa llamada que recibí hace dos años, y que me invitó a una gran compañía que me cambió la vida.

Si de algo estoy seguro después de estos dos años tan intensos, es que en mi lecho de muerte voy a escuchar la cancioncita de El Hormiguero, porque no existe forma humana en la que los que trabajamos ahí podamos olvidarla después de las treinta millones de veces que la hemos escuchado.


Gracias Azteca.
Gracias por estos dos años.
Gracias por tanto y por todo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

De momentos felices

Hace un par de días estaba con una amiga, tirados en el pasto mientras decidíamos qué íbamos a hacer para no aburrirnos el resto del día. Como ninguno de los dos tenía ganas de pararse y hacer algo útil, simplemente nos quedamos ahí, platicando.

"¿En qué piensas?", me dijo.
"I dunno... stuff, I guess..."

Mi amiga se sentó, descubrió el lente de su cámara y se puso a tomarle fotos al pasto. Me la quedé viendo unos segundos y después me distraje.

"¿Eres feliz?", le pregunté.

Ella guardó silencio por unos segundos, en lo que jugaba con el enfoque de la foto que iba a tomar.
"No lo sé, ¿supongo?", contestó por fin.

Guardé silencio, pensando en una conversación que había tenido la noche anterior con un fantasma de mi pasado; desos que se niegan a quedarse en el pasado.

"¿Crees que alguien sea realmente feliz?", me preguntó mi amiga, entre los clics de su obturador.
"Sí. Brevemente, al menos."
"O sea... ¿cómo?", dijo mientras se levantaba de un brinco y caminaba unos pasos para tomarle fotos a una botella que moría junto a un bote de basura.

Me quedé callado para ordenar mis pensamientos, y después solté un suspiro para demostrar que seguía en la conversación, pero todavía no encontraba las palabras adecuadas.
Y es que la felicidad es algo bien complejo, y a pesar de que todos "sabemos" lo que es, muy pocas personas son capaces de poder expresarla en palabras; y menos todavía de experimentarla realmente.

"¿Qué te hace feliz?", dije finalmente.
"No sé... esto."
"¿Esto?"
"Ajá... tomar fotos. Ser libre, estar contigo, no tener prisa", me contestó, escondida detrás de un lente, como cada vez que hablaba de algo serio.

Dejé de verla a ella para voltear a ver el cielo. Una nube triste se movía lentamente entre una inmensidad azul grisácea.

"¿Pero eres -realmente- feliz?", le pregunté, en parte porque quería saber, y en parte porque me parecía divertido desesperarla con tantas preguntas.
"Sí. O no. O no sé, ¿a qué te refieres?"

Volví a pensar en lo que había hablado con mi fantasma y después me senté, estirando los brazos como saliendo de un bostezo muy largo.

"Al momento más feliz de tu vida"

Mi amiga bajó su cámara y se me quedó viendo unos segundos, obligándome a volver a hablar.

"A ese segundo en el que el mundo se detiene y lo único que piensas es "Vaya... entonces esto es la felicidad"; ¿sabes?"

Ella inclinó un poco la cabeza y levantó las cejas.

"¿Alguna vez has tenido un momento así?"
"Sí, una vez, hace como 7 años, creo", dijo, después de unos segundos.
"Ajá..."

Volvió a levantar su cámara y se escondió detrás de ella.

"Estaba en el aeropuerto, esperando mi maleta. Un señor se paró junto a mí, cargando a su hijita en los hombros. El señor me volteó a ver y me sonrió; me preguntó si estaba de vacaciones, y le dije que sí; aunque la verdad es que yo más bien sentía como si estuviera regresando a mi casa...

Un par de clics más.

"... y de repente el mundo se detuvo, y me di cuenta que por primera vez en mi vida era total y completamente feliz"
"¿Y luego?"
"Y luego me llevaste por una dona del Oxxo del aeropuerto"

Mi amiga se alejó otros cuantos pasos para tomarle fotos a alguna otra cosa, y yo me volví a acostar en el pasto.

"¿Y tú?", me dijo
"¿Y yo qué?"
"¿Tú has tenido uno de esos momentos?"

Una pluma blanca pasó cerca de mi cabeza.

"Tres"
"¿Tres?", preguntó.
"Sí, y ninguno acaba con una dona del Oxxo"

Ella bajó su cámara y me sacó la lengua.

"Aunque uno tiene que ver con una película de Will Smith, entonces creo que no puedo burlarme", dije mientras me levantaba y me sacudía la tierra.

La agarré del brazo y la jalé, alejándola del árbol al que le estaba tomando fotos.
"Por tu culpa se me antojó una dona, torpe"

Mi amiga sonrió y se quitó el pelo de la cara.

"Vamos, nunca sabes qué dona te va a hacer feliz", me dijo.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

De cuando te enfermas

Estos últimos días, una gripa mutante atacó mi hermoso y ya no-tan-joven cuerpo.
Pero no fue una desas gripas cualquieras, las cuales puedes ignorar sin ningún problema mientras sigues viviendo tu vida sin más inconveniente que el ocasional moco o la tos con un par de flemas; no señor, la gripa que me dió fue una desas gripas culerísimas que necesita un nombre lleno de números para ser descrita, como la H1N1 o la G7T4, y ya ni hablar de la famosísima Y0L0.
Sí, fui atacado por una gripa experimental creada por el gobierno para arruinarle la vida a las personas guapas y de ojos verdes (al menos ésa es mi teoría, de acuerdo a la gravedad de los síntomas que he vivido en estos días)

Y fue debido a esta enfermedad endemoniada, que descubrí 2 cosas importantes:

1. Las medicinas normales no sirven para curar las gripas diabólicas (y es casi imposible encontrar obispos dispuestos a exorcisar a la gente hoy en día)
2. Estar enfermo y ser adulto son dos cosas que no hacen buena combinación.

Y es que piénsenlo, estar enfermo hoy en día tiene unas repercusiones que no tenía cuando eras niño.

Por ejemplo, cuando eras niño y te enfermabas, lo único que tenías que hacer era convencer a tu mamá de que REALMENTE estabas enfermo y no lo estabas fingiendo con tal de escaparte de la clase de educación física porque el profesor era un maldito sádico (váyase a la chingada, profesor Abraham); si tu mamá se daba cuenta de que en serio tenías gripa o whatever, ya estabas del otro lado.

El resto de tu día lo ibas a pasar descansando en tu cama, mientras veías todos los programas que normalmente te perdías porque tenías que estar en la estúpida escuela; así que tenías el chance de disfrutar Bananas en Pijamas mientras comías mucho cereal (que tu mamá te llevaba a la cama, claro), tomar todo el jugo de naranja que quisieras, y dormir cuando te cansaras de tanta tele y apapacho.

Sure, tenías el ocasional moco que quería arruinar tu mañana, pero fuck it, estabas demasiado feliz y calientito como para que te importaran unos cuantos síntomas piteros.
Además, seguro en ese momento tus compañeros estaban siendo violados con la mirada por el maldito sádico del profesor Abraham.
Fuck them, eso les pasa por burlarse de que estás chaparro.

Si de casualidad decidías salir de tu cama, era sólo para jugar Super Nintendo, mientras tu mamá te llevaba comida y ocasionalmente te preguntaba cómo te sentías, y después agregaba: "si en la noche ya te sientes mejor, pensamos si conviene que vayas mañana a la escuela", así que OBVIAMENTE no te ibas a sentir mejor.
Ah, y además te librabas de tener que bañarte ese día, porque mojarse es malo para la gripa (ok, lo admito, yo era un niño muy poco higiénico)

Era fantástico tener gripa cuando eras niño.
En cambio, tener gripa cuando eres adulto... well, fuck.

Tomemos como un claro ejemplo el día de hoy:
Me levanté sintiéndome como si hubiera sido golpeado repetidamente por el pene de 8 atletas negros en una orgía de jamaiquinos (es sólo una metáfora, no traten de leer entre líneas)
Desde ayer estaba enfermo, pero sabía que hoy iba a ser el peor día de toda mi gripa.

Pensé seriamente en quedarme en mi cama a ver Bananas en Pijamas, pero en primera, eso implicaría tener que levantarme para buscar el control de mi tele (porque mi mamá no me lo iba a pasar), y en segunda, creo que ese programa ya ni existe.

Además, aunque cada célula de mi cuerpo me exigiera quedarme a descansar, no podía faltar a mi trabajo, porque justo hoy era día de grabación de sketches para el programa de tele en el que salgo (porque por si no lo sabían, yo salgo en la tele) y pues mi productor no iba a ser tan comprensivo como lo era mi mamá hace muchos años.

Con dolor en todo el cuerpo, me bañé, vestí y todo eso, y tomé el metro para llegar a mi trabajo (váyanse al diablo, soy pobre y me vale madres); pero el antigripal que me tomé para poder sobrevivir hizo que me diera UN CHINGO de sueño, y me quedé profundamente dormido.
Estoy hablando de profundamente dormido. Podría haber sido violado en el metro y ni cuenta me hubiera dado.
I'm serious, soy güerito y de ojo verde; los violadores me encuentran irresistible.

De alguna forma, logré llegar a mi trabajo, donde pasé toda la junta de lectura de guiones tan dopado que bien podría haber estado en cualquier otro lugar y no lo hubiera notado.

Eventualmente, mi antigripal dejó de tener mucho efecto y todos los síntomas me regresaron de golpe: Mocos, cuerpo cortado, tos, dolor de cabeza, congestión nasal, y dolor de ano (tal vez lo último fue más culpa del metro que de la gripa, pero no estoy seguro)

El problema es que cada vez que me quejaba diciendo "Mamá, me siento mal...", una de mis compañeras me contestaba "No mames, Dexter, ya te dije 50 veces que no soy tu mamá, deja de estar quejándote"
Well fuck you, motherfucker; ya quisieras tener la suerte de ser mi mamá.

No voy a aburrirlos con el resto de mi largo largo día, pero involucró muchos kleenex, muchos muchos mocos, aún más quejas, todo un cocktail de pastillas y jarabes, y un bigote falso.
Es una larga historia, no quiero entrar en detalles.

Mi punto es (y perdón por haber debrayado, pero sigo un tanto dopado) que cuando eres niño y estás enfermo, todo el mundo se detiene para servirte y asegurarse de que estás cómodo y te vas a curar; pero cuando eres adulto, el mundo sigue girando y a nadie le importa lo mal que te sientas, porque tienes responsabilidades y más te vale cumplirlas.
Y de preferencia no contagies a nadie, porfis.

Tener responsabilidades apesta.
Ser adulto apesta.
Que ya no existan Bananas en Pijamas apesta todavía más.

martes, 2 de julio de 2013

De indignación moral

Hace un par de días me encontraba paseando por un mall, desperdiciando tranquilamente el tiempo que podría haber estado aprovechando para hacer algo de provecho, pero que como era domingo no pensaba hacer, porque hasta el señor descansa en domingo, carajo.

Durante mi paseo, me topé con una tienda de juguetes, desas que hubieran hecho emocionarse a cualquier niño y gemir amargamente a cualquier padre que fuera arrastrado hasta adentro. Siendo la persona ociosa que soy, decidí entrar sólo a ver qué tanto han cambiado los juguetes desde aquellas etapas en las que yo era un niño y todo era mejor y más bonito que las cosas de los pinches niños de hoy en día.

Entre Barbies caras, muñecos de acción caros, pistolas de juguete caras y peluches caros; llegué a la única sección que podría tener algo que me pareciera remotamente entretenido: la sección de los juegos de mesa.
No es que yo sea fan destas madres, pero pues cuando ya no eres niño, los juegos de mesa son lo único que hay en una juguetería que no te parece ridículo e inmaduro. Bueno, al menos no TODOS los juegos de mesa te parecen ridículos e inmaduros.

Entre cuarenta y tres versiones diferentes de Monopoly y treinta y dos de Clue, encontré un juego que nunca antes había visto, y que me hizo detenerme y abrir mi boca en un gesto de sorpresa e indignación:


"La botella", en versión oficial.
I mean, en teoría este juego no tiene nada de indignante, ¿no?, todos nosotros hemos jugado esta madre en algún momento de nuestra vida puberta/adolescente, donde las hormonas son el piloto del vehículo llamado malas decisiones.
No sé ustedes, pero yo recuerdo no menos de 3 veces que empecé a jugar botella en una fiesta y me arrepentí casi inmediatamente al darme cuenta de que mis posibilidades de acabar teniendo que besar a una gorda culera eran demasiado altas (dígase, mayores a cero)

Pero sea como sea, y sin importar a cuántas gordas besé, (y por cierto, voy a negar haber besado a alguna hasta el día de mi muerte), el caso es que, WHAT THE FUCK? ¿"La botella" en la sección de juegos de mesa de una juguetería? ¡¿Una juguetería para niños?!

Look at the fucking thing! ¡Miren esa caja culera!
¿Realmente les parece algo que debería de ser considerado un juego para niños?

"No puede ser tan malo, a lo mejor es una versión inocente del juego puberto diseñado para encuerar a mujeres ebrias y crédulas", me dije a mí mismo, tratando de salvar un poquito de la poca fe en la humanidad que queda en mi cínico y hermoso cuerpo.
Me acerqué a ver la caja, para encontrar una señal de que yo estaba equivocado; de que mis ojos me engañaban y ninguna corporación sería tan culera y enferma como para venderle esta cosa a unos niños.

"Baile sensual", decía una de las secciones de la portada de la caja, al tiempo que mostraba la caricatura de una niña pequeña (y seguramente bien puta), bailando mientras se auto-toqueteaba.
"Vaya, creo que alguien se condenó al infierno con esto", me dije.

Voltée la caja, tratando de encontrar algún tipo de señal de que este juego era para adultos y sólo había sido puesto junto a un rompecabezas de las princesas de Disney por un desafortunado error.
"No apto para niños menores de 3 años, ya que pueden ahogarse con algunas piezas pequeñas", fue lo único que encontré.
Ah, vaya, menos mal; al menos la compañía pinta su raya en niños de 3 años. No vaya a ser que pase algo malo.

"Seguro estás exagerando, Dexter, como la vez que dijiste que ese pequeño grano que nos salió en la frente era Dengue, y seguro íbamos a morir en menos de 48 horas. ¡Pues aquí seguimos!, ¡vivos!, ¡¿qué dices a eso, exagerado?!", escucho que me reclaman.
Pues me temo que no, no estoy exagerando; miren una foto de la parte de atrás de la caja del juego para niñas putas:


Eso que ven, mis queridos lectores imaginarios, son las descripciones de algunos de los inocentes castigos que tendrán que cumplir si deciden comprar "La botella"
(Una vez más, quiero recordarles que es un juego dirigido a niños pequeños, porque el mundo es un maldito asco)

"Mucha ropa", "Baile sensual", "Trago" y "¡Besito, Besito!" son los perversos nombres de lo que nuestros niños tendrán que hacer para vender su alma a Satán, por culpa de este juego perverso.

Me sorprendió lo mucho que me indignó el hecho de que este tipo de mamadas estuvieran dirigidas a los niños de hoy. Supongo que eso explica por qué las pubertas son TAN putas.

No sé, a lo mejor me estoy volviendo viejo, pero en serio, este mundo es una hijoeputada...

En fin. Si alguien se pregunta por qué escribí todo este post moralista y culerón; quiero dejar claro que no tiene nada que ver con el hecho de que estoy harto de que se burlen de mí porque mi novia es estúpidamente jóven, por lo cual no usé este escrito para aparentar que estoy en contra de las niñas sensuales que andan con hermosos hombres de barba y desgarradores ojos verdes.

This is not the hidden agenda you were looking for, move along.

miércoles, 22 de mayo de 2013

La honorable fuerza policiaca mexicana

Hace unos cuantos días, me encontraba yo con mi hermadrino, regresando en la madrugada de alguna fiesta en rumbos demasiado lejanos como para ser recordados por mi cerebro con déficit de atención.

Mientras veníamos tranquilamente en su coche, él se dio cuenta de que si de casualidad nos encontráramos con algún alcoholímetro, seguramente no pasaría la prueba, ya que aunque sólo había tomado 2 cervezas (lo cual NO es suficiente para ponerte ebrio), el límite legal es tan bajo que con más de 3 tragos ya valiste madres.

"No seas marica, seguro no nos vamos a encontrar con ningún alcoholímetro", le contesté cuando escuché sus preocupaciones.
En cuanto acabé de decirlo supe que estaba tentando al destino, y como el destino es una perra rencorosa; me golpeó de vuelta.

Sirenas de patrulla. That's just fuckin' great...

"Creo que la patrulla nos está siguiendo", dijo mi hermadrino
"Maneja súuuuper tranquilo, y en cuanto puedas métete a una callecita y estaciónate", le sugerí.
Por supuesto, no habría tiempo para ello.

"Hsmf hsmdnds bdsoijs saodjds" exclamó el patrullero desde el megáfono de su vehículo.
Seriously, ¿por qué demonios nunca se les entiende nada? Estúpido país tercermundista.

Sea como sea, nos orillamos y le sugerí a mi hermadrino decir que no había tomado nada. Absolutamente nada.

"Buenas noches, muchachos, ¿tomaron?", preguntó el gordo policía.
"Sólo una, oficial", contestó mi hermadrino, mientras yo me facepalmeaba pensando en que ya habíamos valido madres.
"Bájese del vehículo por favor"

Después de hacerle al conductor un par de preguntas, los policías dijeron que era clarísimo que veníamos hasta el socket, lo cual era una enorme mentira porque veníamos realmente sobrios, pero pues OBVIAMENTE querían sacarnos dinero.

"Ahorita lo arreglo", me dijo mi hermadrino antes de ir a la patrulla con los corruptos policías de mi apestoso país.
5 minutos después, regresó para preguntarme cuánto traía, para ya dárselos a los pendejos y poder irnos a nuestras casas.
Sin muchas ganas, le di un billete de 50 y un chingo de moneditas de 50 centavos. No juntamos más de 58 pesos.

Aparentemente nuestra ofrenda le pareció ofensiva al policía, el cual seguramente esperaba que fuéramos ricos sólo porque somos blancos; y entonces empezó a gritarnos que con eso no salía ni para los chescos y no sé qué.

Me bajé del coche porque ya estaba cansado de esperar, y después de saludar al policía le dije que en serio era todo lo que traíamos y que ya, al chile, nos dejara ir porque ni siquiera estábamos ebrios.

"No, jóven, no se puede; además me ofende que trate de ofrecerme dinero, porque yo soy una persona honesta. Y además me juntó sólo unas cuantas monedas, si quiere lo podemos escoltar hasta un cajero automático"

Supongo que cuando Dalí dijo que México era un país surrealista, se refería a cosas así.
El policía presumía de su honradez, diciéndome que esto no se trataba de sobornos sino de cumplir la ley, y después me decía que se sentía ofendido de que lo tratáramos de sobornar con tan poco dinero, y que mejor fuéramos a un cajero.
That makes a lot of sense, doesn't it?

Anyway, fuck that shit; yo no iba a acceder a ir a un cajero para que el cabrón me quitara mi muy merecido dinero.

"Bueno, ¿y entonces qué prosigue, oficial?", le pregunté
"Pues ya llamámos a una grua, y si no nos arreglamos rápido van a tener que seguirnos al alcoholímetro a hacer la prueba", me contestó.

Mi hermadrino se ponía cada vez más nervioso, gracias al prospecto de tener que ser llevado al Torito para pasar una noche en el drunk tank.
Yo, sin embargo, sólo estaba harto, porque ya me quería ir y realmente no tenía nada qué perder. Digo, a mí ni me podían arrestar porque yo no iba manejando.

En lo que el policía fue a platicar con su pareja y a hacer como que hablaban por radio para pedir refuerzos, le pregunté a mi hermadrino "¿Confías en mí?"; rápidamente me contestó que no.
Well, though luck, porque me valía madres.

"¿Oficial?", dije. El policía se me acercó.

"Tiene usted razón, nos tomamos una cerveza y queremos hacernos responsables de nuestros actos, así que por favor escóltenos al alcoholímetro y nosotros lo seguimos"
"¿Seguros, jóvenes?", nos preguntó, seguro sorprendido de que no quisiéramos ir al cajero.

Asentí con la cabeza y caminé hasta el coche. Mi hermadrino se subió y me dirigió una mirada de no mames eres un pendejazo.
"No nos van a llevar, te lo garantizo", le dije.

La patrulla arrancó, y nos escoltó leeeentamente por media cuadra. De repente se detuvo y el policía se bajó.
Evidentemente se habían dado cuenta de que NO iban a poder sacarnos más dinero, y en vez de perder su tiempo haciendo cumplir la ley, decidieron dejarnos ir y mejor buscar a otros jóvenes a los cuales chantajear hasta ganarse un soborno.

"Manejen con cuidado, jóvenes, los vamos a dejar ir con una advertencia", dijo y se fue rápidamente.

Y ésa es la historia de cómo me dejaron ir con una advertencia y sin mis 58 pesos.

Estúpido México, te odio.

jueves, 21 de febrero de 2013

Del día en que me volví adulto

Algunos de los que me conocen podrán confirmarlo: una de las cosas que más me aterran en el mundo, es convertirme en un adulto aburrido y rutinario.
El prospecto de perder a mi "yo" inmaduro y divertido es algo que siempre me ha dado chingos de miedo.

De hecho, llevo un par de años luchando intensamente contra la inevitable realidad de que poco a poco estoy teniendo que entrar en regla y me estoy convirtiendo en un Godínez de 9 a 6.
It sucks, but there's pretty much no way around it.

Y la historia del día de hoy, lectores imaginarios, se lleva a cabo en algún día de finales del año pasado, en el que de golpe descubrí que ya era un adulto, y que las cosas no eran TAN malas como siempre las había imaginado.

Todo empezó en Facebook, donde comienzan la mayoría de las aventuras de las personas que tenemos que estar encerrados en un trabajo todo el día.
Sin motivo alguno, una de mis mejores amigas me empezó a mandar mensajes, diciéndome que estaba tremendamente aburrida en su chamba y que me extrañaba (and I can't really blame her, yo también me extrañaría si no pudiera verme todos los días)

"Pues hay que vernos, ¿puedes hoy?", le dije
"No, salgo bien tarde... ¿puedes mañana?"
"No, ya hice planes para cuando salga de aquí, ¿puedes el jueves?"
"No, porque también salgo tarde. O bueno, ¿nos vemos en la noche?"
"Mñeh"
"Ok, el jueves será"

Y así fue.
Yo sé, mis conversaciones son excesivamente interesantes, bear with me.
Al final, acordamos que iríamos a cenar a unas pizzas que estaban cerca de su casa, y que son tan buenas que podrías vender a tu primogénito con tal de poder comer una dulce dulce rebanada de cielo.

Cuando llegamos a las pizzas, el jueves en la noche, descubrimos que no aceptaban tarjeta, porque aparentemente siguen viviendo en el siglo XVII. Tal vez ése sea el secreto de su deliciosidad.
Como ninguno de los dos carga efectivo y no había ningún cajero cerca, decidimos que la mejor idea sería meternos al siguiente lugar que ofreciera comida y aceptara tarjeta de crédito.

Lamentablemente, ese lugar resultó ser Los Bisquets de Obregón.
"Fuck it", pensamos, porque pues ya hacía hambre y cualquier cosa era mejor que irnos a nuestras casas sin cenar.

Cuando nos sentamos, empezamos a ponernos al corriente de nuestras Godividas, y le informé a mi amiga que yo invitaba.

"¿Por qué? ¿Es una trampa?", me preguntó, demostrando una vez más que mis amigos me tienen una increíble confianza.
"No es una trampa; simplemente quiero celebrar que me acaban de dar un aumento, y ya hasta voy a tener a mi propia secretaria"

Iluso de mí, poco sabía en ese momento que mi secretaria iba a ser la mujer más gorda y pendeja que he tenido la desgracia de conocer en mi no muy larga, pero eso sí, muy apuesta vida.

Seguimos platicando de nimiedades en lo que se acercaba alguien a darnos un menú, porque Los Bisquets tienen un servicio tan malo que podría ser comparado con el desempeño laboral de mi secretaria.
Eventualmente, un mesero nos dio la carta de mala gana.

Me puse a ver todos los platillos, esperando encontrar algo que se me antojara, pero nada me llamaba la atención.
De repente, vi una foto de unos hot cakes que se veían bastante buenos.

"Carajo, mira qué chingones se ven estos hot cakes", le comenté a mi amiga, la cual estaba ojeando alguna de esas chingaderas bajas en calorías que come la gente flaca.
"Sí, se ven buenos", me contestó, dándome el avión más obvio de los 7 cielos.

"Es una lástima que ya no los pueda pedir, porque pues ya no es la hora del desayuno", agregué.

Fue justo en ese momento cuando algo me hizo clic en la cabeza, y después de un par de segundos de silencio me di cuenta de las cosas.

"No, momento, yo puedo pedir lo que se me pegue la gana. Es MI dinero y es MI comida. Ya estoy en edad de comer lo que se me pinche antoje en el momento en que se me pinche antoje", exclamé con voz autoritaria y sensual.
"Sí, ándale, pídelos", me dijo mi amiga, sin hacerme mucho caso.

De repente, me di cuenta de que ya no era un niño. Mis decisiones ya eran mías nada más, y yo era el que podía tomar el control de mi vida.
No sé en qué momento pasó, pero ya era un adulto.
De la nada me cayó el veinte, y de golpe dejé de sentirme niño.

Gano mi propio dinero (y la verdad no gano nada mal), puedo hacer mis propias compras, no tengo que pedirle permiso a nadie ni tengo que rendir cuentas.
Si quiero comprarme chingos de pendejadas y gastarme todo mi dinero en cenas que deberían de haber sido desayunos, es mi pinche problema.

El mundo estaba lleno de oportunidades, porque no tengo esposa ni hijos, así que todo mi sueldo es para mí solito.

It was a good day to be me.
Fuck, I'm incredible.

En fin, ésa es la historia de los hot cakes que me convirtieron en adulto.





EPÍLOGO:
Al final, ni siquiera me pude acabar los hot cakes, porque era muchísimo pan, y comer algo tan dulce a esas horas ya me cae pesado.
Fue justo en ese momento en el que me di cuenta de que no sólo era un adulto, sino que ya era un maldito anciano.
Ésa es la historia de los hot cakes que me hicieron sentirme viejo y débil.

martes, 27 de noviembre de 2012

Las bellezas del transporte público

Como todos los que me conocen ya saben, yo no tengo coche, y no quiero tenerlo por unas sencillas razones:

1. No quiero manejar
2. No quiero tener que preocuparme por los pendejos que van manejando junto a mí
3. No quiero pagar gasolina ni tenencia
4. No quiero tener que buscar lugares de estacionamiento
5. De todos modos yo ya casi me voy de México, así que sería estúpido comprar un coche ahorita

Además, ni siquiera es como si necesitara tener un auto, porque mi trabajo queda absurdamente cerca de mi casa. De hecho queda tan cerca que podría irme caminando todos los días, pero nunca lo hago porque pues soy un huevón y siempre me quedo dormido más de lo que debería, así que tengo que tomar un camión para llegar a tiempo.

El único problema de todo esto, es que a pesar de que el camión hace menos de 10 minutos a mi trabajo, de todos modos son los 10 minutos más incómodos de todo mi día.

Por alguna razón, el camión siempre va atascado, desas veces que sales empapado en sudor, y además el sudor ni es tuyo.
El camión huele feo, sientes tocamientos en tus gluteos todo el tiempo, and you just know that someone is about to lick your ear.

Pues bien, el día de hoy las cosas cambiaron un poco.

Como todos los días, yo me desperté estúpidamente tarde y salí de mi casa hecho la madre para tratar de llegar a tiempo a mi trabajo.
Ya en la calle, tres camiones pasaron de largo, demasiado llenos para detenerse. De hecho, creo que la pura inercia de la enorme masa de personas era lo que los mantenía en movimiento.

Por fin, un cuarto camión se detuvo cuando le hice la parada. Sólo llegaría 5 minutos tarde al trabajo, nice!
Por alguna razon mandada del cielo, el vehículo no estaba absurdamente atascado; de hecho hasta había lugar para sentarse, woohoo!

Feliz, tomé asiento junto a una tipa no demasiado gorda y me dispuse a descansar durante el trayecto.
Pero claro, Alláh no iba a permitirme ser feliz en el transporte público, no señor.

En la esquina se subió un tipo vestido de Godínez, caminó justo hacia donde estaba yo, y empezó a rozar mi codo con su chillywilly.
Incómodo, moví mi brazo tratando de evitar el contacto con su chilaquil, pero el Godín estaba decidido a violar mi brazo, así que volvió a acercarme el quesillo.

Demasiado cansado como para jugar al chile y al ratón, moví mi codo bruscamente y se lo clavé en las gomichelas.
Fue evidente que le dolió, porque inmediatamente se dobló un poco, se agarró los chewbaccas y se retiró al fondo del camión.
En cuanto yo llegara a mi trabajo y me lavara el codo, todo estaría bien en el mundo.
Pero claro, Alláh no iba a permitirme disfrutar mi victoria y ser feliz en el transporte público, no señor.

En la OTRA esquina se subió una gorda con sus 2 hijos. Por supuesto, los hijos eran feos.
La pinche gorda caminó directo hacia donde estaba yo y se me quedó viendo como si esperara que le diera mi lugar.

Well fuck you, lady, no es mi culpa que esté gorda y haya decidido tener 2 malditos engendros, I'm not fuckin' moving.

Me la quedé viendo fijamente, y después volví a mirar por la ventana, en un acto pasivo-agresivo que decía "no me importa su vida ni comodidad en absoluto".
Claro, probablemente no lo captó, porque pues las gordas son pendejas.

No sé si lo hizo para vengarse de mí o simplemente porque no pudo evitarlo, pero la gorda se volteó y empezó a embarrar sus grotescas nalgas en mi codo. Definitivamente hoy no era un buen día para ser mi codo.
Traté de esperar a que se quitara, pero eso no iba a pasar; cada vez me embarraba más sus horrendas horrendas nalgas.

Esta vez no podía hacer lo mismo que con el tipo que me frotó su rafiki, porque pues clavarle el codo en las nalgas sólo hubiera sido una experiencia traumática para mí; así que hice lo primero que se me vino a la mente:
Estornudé.

Estornudé encima del hijo de la gorda. (Ok, en realidad sólo fingí estornudar, pero escupí mucho)
Right in the fuckin' face, you little cocksucker.

El niño se puso a llorar, la gorda empezó a gritar, y yo sólo señalé mis audífonos y dije "Perdón, no escucho nada".
Después volví a mirar por la ventana mientras ella seguía insultándome. Se bajó en la esquina.

Pasé los siguientes 3 minutos en una considerable calma, y después me bajé para llegar a mi trabajo, desde donde estoy escribiendo esto en lugar de ponerme a hacer lo que tendría que estar haciendo.

Ah, la belleza del transporte público...

miércoles, 17 de octubre de 2012

Aberraciones de la naturaleza

Hace un par de semanas iba yo llegando tranquilamente a mi trabajo, cuando de repente sale mi jefa de su oficina y me dice "Dexter, deja tus cosas y acompáñame; tenemos que salir"
Reconociendo una oportunidad para no hacer nada en toda la mañana, yo dije "Ok", y pues... actué como si todo estuviera ok.

Mientras me subía al coche de mi jefa, le pregunté que a dónde íbamos.
"Al Centro Teletón que está por Mundo E, y ya vamos tardísimo"
Fue en ese momento cuando supe que mi mañana ya había valido madres.

"¿Por qué vamos a un Centro Teletón?", pregunté inocentemente.
"Porque tengo que ir a hablar con el director, para ver si nos dan la cuenta", contestó ella.
"'¿Y por qué tengo que ir yo?"
"Porque soy tu jefa y te callas", me dijo.
Fair enough.

Una vez que llegamos allá, mi jefa fue directo a su junta con el director del CRIT, dejándome a mí a la deriva, vagando por el edificio hasta que ella decidiera que era momento de regresar.
Seriously, no entiendo para qué me llevó.

Como sea, estar en un Centro Teletón fue una experiencia... diferente.
Nunca en mi vida había visto a tantos niños discapacitados y con tanta necesidad de ayuda.

Supongo que aquí es donde una persona normal diría que aprendió mucho, y que ahora entiende que hay que estar agradecidos por la suerte de blablabla.
Fuck that shit; yo no voy a decir tal cantidad de pendejadas.

Lo único que me enseñó mi visita a Villa Tarados, fue que hemos fracasado como sociedad.
I mean, what the fuck?
What the fuckin' fuck?

¡¿Por qué carajo permitimos que gente así de defectuosa siga viva?!
No estoy hablando de niños down comunes y corrientes (aunque ellos también deberían morir); estoy hablando de gente chueca, grotesca, con brazos y piernas de gnomo, con el desarrollo cerebral de un jitomate, feos como el pene de un leproso... agh.

¿Por qué chingados no matamos a esos engendros cuando nacen?
Somos la única especie en el planeta que permite que cosas así de grotescas sobrevivan.

¿Creen que le estamos haciendo un favor al mundo demostrando lo sensibles que somos?
Bullshit!
Estamos permitiendo que... cosas (iba a decir personas, pero pues no lo son) que no deberían de sobrevivir, sigan vivas, causando problemas y sufrimiento a todos los que las tienen que cuidar y soportar.

Nunca van a aportar nada a la sociedad, nunca van a ser nadie, ni siquiera van a ser felices; están condenados a pasar el resto de su vida siendo sacos de papas que se dedican a babear y cagar, y obligando a que sus padres/tíos/hermanos los cuiden y se encarguen de ellos para siempre.

Los animales dejan morir a sus crías defectuosas, asegurando la supervivencia de los más aptos y fuertes.
En cambio, nosotros disfrazamos de caridad el hecho de estar contaminando nuestra especie. Darwin se revuelca en su tumba.

Mi visita al Centro Teletón sólo me hizo estar lleno de asco y repulsión por la raza humana, y me hizo darme cuenta de que si yo fuera el dictador supremo del planeta, tiraría bombas nucleares sobre todos esos lugares, para asegurarme de que la gente con genes defectuosos no tenga la oportunidad de reproducirse.

ESO es lo más humano que se puede hacer en situaciones así.
Al carajo la caridad; por culpa de personas moralistas y pendejas estamos como estamos.

Agh, odio a la gente.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Consejos estúpidos

Los dichos populares son muy parecidos a los comentarios de tu tío alcohólico durante la sobremesa de una comida dominguera: bien intencionados, pero estúpidos.

Independientemente de que al que obre mal se le pudra el tamal pero como nació para eso, del cielo le caigan las hojas; los dichos populares siempre me han confundido un poco.
I mean, seguro detrás de sus frasecitas pegajosas hay una historia que haga que todo tenga sentido, pero como no conocemos el origen, lo único que nos queda es aceptar que a un caballo regalado no se le ven los colmillos.

Sea como sea, esas oraciones ya han pasado a ser parte de nosotros.

Y mi historia del día de hoy comienza con uno de esos consejos ridículos que tantas veces hemos oído:

Hace un par de años, me encontraba en mi universidad, perdiendo el tiempo entre clases, como todos los días.
Mis amigas estaban hablando acerca de los dichos populares, y yo estaba acostado abajo de un árbol, tratando de dormir pero fracasando.

Eventualmente, pasaron de recitar oraciones por todos conocidas, a darse un montón de consejos rosas y cursis acerca de la vida.

"Creo que una de las mejores cosas que puedes hacer, es llegar con un homeless y ponerte a platicar con él. Ellos son personas que simplemente quieren ser tratados como tales, y nadie los toma en cuenta. Además de dinero, necesitan que alguien los ayude a mantener su dignidad", dijo una de mis ridículas amigas, que a partir de ahora será conocida como Abejamorada.

"Necesitan conseguir un trabajo, y una casa. Vagos de mierda.", dije yo, desde abajo de mi árbol. La falta de sueño me vuelve irritable.

El resto del día pasó sin pena ni gloria, y las clases terminaron.
Como todos los días, yo me iba a regresar a mi casa con otra amiga que llamaremos Netadelplaneta.

Mientras Netadelplaneta y yo caminábamos tranquilamente, nos dimos cuenta de que había un vago pidiendo dinero sentado en la calle, a unos cuantos metros de nosotros.

"¿Crees que Abejamorada tenga razón?", le pregunté a Netadelplaneta.
"¿En qué?, ¿en eso de que a lo mejor lo que quieren los homeless es que los traten como a personas?", me contestó.
"Ajá", dije, muy elocuentemente.

Decidimos que ésa sería una buena oportunidad de probar la teoría de Abejamorada, así que acordamos que yo me acercaría al vago para darle unos cuantos pesos y tratar de hacerle conversación.

Caminé con toda la seguridad que una persona puede tener mientras se acerca a alguien que no se ha bañado en meses (y que aparentemente usa su olor corporal como mecanismo de defensa) y le dije "Buenas tardes, señor, ¿cómo está?"
El vago se me quedó viendo en silencio.

"Ehhh... ¿tiene hambre?, ¿quiere que le compre algo de comer?", le dije a mi nuevo amigo, el apestoso señor. Él me contestó que preferiría que sólo le diera el dinero.
Seguro se lo iba a gastar en drogas y alcohol, pero la verdad es que yo planeaba hacer lo mismo con ese dinero, así que le di un billete de 20 pesos.

El problema de tratar a un homeless como otra persona cualquiera, es el mismo problema que tengo con cualquier persona cualquiera: no tengo idea de cómo empezar una conversación con alguien que no conozco.

Netadelplaneta me veía interesada, como tratando de evaluar si nuestro experimento estaba siendo un éxito o no.
Desesperado por llenar el silencio con algo un poco menos silencioso, le dije al vago "Y... ¿qué me cuenta?"

Él se me quedó viendo fijamente, y después me dijo "Si fueras mío, te tendría descalzo todo el tiempo"
Creepy shit right there.

Me alejé un poco, y voltée a ver a Netadelplaneta, lo cual hizo que el vago también la volteara a ver. La miró de pies a cabeza y le dijo "Y a ti te mantendría embarazada por 10 años"

Netadelplaneta y yo nos quedamos en silencio por unos cuantos segundos, y con una rápida mirada nos dijimos que era momento de salir de ahí. Pronto.

"Eh, sí, este... bueno, ya nos vamos. Que esté bien", dije, y después empecé a caminar lo más rápido posible sin voltear hacia atrás.

Cuadra y media después, le dije a Netadelplaneta "El consejo de Abejamorada es el más estúpido del mundo"
"Sí, que se joda, maldita Abejamorada"

Supongo que algunos vagos son vagos no porque no consigan trabajo, o porque la sociedad no haya sido justa con ellos; sino porque están bien pinches locos.

True story.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Cómo librarse de conversaciones no deseadas.

Hace un par de años, me encontraba yo en mi universidad, en uno de esos días comunes y corrientes en los que no pasa nada extraordinario.

Fue en ese día cualquiera que recuerdo haber bajado al patio de mi escuela para perder un poco el tiempo entre clase y clase, como solía hacer todos los días cualquiera.

Con un poco de frío, entré a la cafetería, tomé una de las revistas que mi escuela ponía a disposición de sus alumnos para que pudieran hacerse pendejos a gusto, me senté en una mesa vacía y me puse a leer un par de artículos sin poner demasiada atención.
Un par de minutos después, llegó una amiga y me dijo "¿qué haces?"

Volteándola a ver con cara de deberíadeserobvioqueestoyleyendounarevista, le contesté "Estoy leyendo una revista, debería de ser obvio..." y regresé a mi noble tarea.
"Ah", me dijo ella y después se sentó enfrente de mí.

Empezó a hacerme preguntas sin importancia, a las cuales yo contestaba con sonidos guturales monosilábicos. Básicamente, una conversación cualquiera de día escolar por la mañana.

Poco después, llegaron otras dos amigas y se sentaron en nuestra mesa.
Mi amiga, la primera que llegó, dejó de hablar conmigo para empezar a hablar con ellas.
No objeté; yo sólo quería leer mi revista en paz porque me dolía la cabeza.

Así pasó un rato en el que la plática de las mujeres no me molestó demasiado porque se trataba de temas irrelevantes, los cuales eran fáciles de ignorar.

Lamentablemente, como suele pasar cuando varias mujeres se reunen, la conversación tomó un giro dramático y empezó a volverse más y más cursi y sentimental.
Sin que yo me diera cuenta de cómo pasó, de repente mis 3 amigas ya estaban hablando de "su primera vez".

En otras circunstancias, yo hubiera escuchado atentamente y hubiera aprovechado la oportunidad para burlarme de su descorche y tratar de hacerlas sentir mal de alguna forma, pero mi cabeza me estaba doliendo cada vez más, así que ni siquiera intenté burlarme.
Además, no estaban hablando en términos normales, sino que estaban contando su historia sumergidas en una nostalgia borrosa con olor a jabón chiquito.

Según ellas, todo había sido hermoso, todo había sido perfecto, y el momento había sido mágico.
Gay.

Harto de una conversación tan rosa, decidí que era momento de cambiar de tema, pero sabía que si intentaba interrumpirlas con algo como "Y qué onda, ¿vieron el partido de los vaqueros?", nadie me haría caso.

En ese momento, la tercera y última de mis amigas estaba contando la historia de cómo su ex le reventó el chícharo por primera vez. Su mirada estaba llena de esa molesta niebla que traen los recuerdos, y ella sonreía como si nos estuviera contando la epopeya más épica de la humanidad.

El relato siguió y siguió por lo que pareció una eternidad, aunque probablemente no fueron más de 8 minutos.
De pronto, se hizo un silencio.

Yo sabía que había que aprovechar ese silencio, ya que si era ignorado, alguien haría alguna pregunta acerca de... no sé, alguna pendejada como "¿y qué sentiste por él después?" o alguna de esas cosas que siempre dicen las mujeres y que sólo sirven para alargar la conversación y hablar de emociones, sentimientos y demás cosas inventadas por Hallmark.

No, yo sabía que ese silencio debía de ser aprovechado.

"Wow, ¿así que ésa fue tu primera vez?", dije.
"Sí, nunca la voy a olvidar...", me contestó ella.

"¿Me haces un favor?", le pregunté a mi amiga con toda la seriedad que años de hipocresía me permiten.
Ella asintió con la cabeza.

"¿Puedes volverla a contar, pero diciendo mi nombre en vez del de tu ex?", dije.

Silencio gélido.
Todas mis amigas me miraban con cara de confusión y repele.

"Por favor, quiero sentir que soy parte de tu primera vez", volví a decir, y cerré los ojos, como disfrutando el momento.

De repente, tres mujeres me veían con los ojos llenos de asco, diciéndome que nunca habían escuchado nada más creepy. Sonreí orgulloso.

Después, la conversación perdió su tinte rosa, y volvieron a hablar de pendejadas irrelevantes.
Todos fuimos felices.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Disculpa, desconocida.

Todos tenemos algunos momentos vergonzosos.
Curiosamente, es como si yo tuviera más de esos momentos que el resto de la gente.

Tal vez sea mi sorprendente capacidad para hacer el ridículo sin darme cuenta, tal vez sea mi estupidez crónica, o tal vez sea el hecho de que nunca pienso antes de actuar o de hablar.
Sea como sea, si alguien hiciera un highlight reel de todas las veces que he avergonzado a mis ancestros, ese reel sería más largo que una película del Señor del los Anillos (y todos sabemos que son inhumanamente largas y aburridas)

Y el día de hoy, lectores imaginarios, vengo a contarles acerca de uno de esos momentos ridículos de mi vida.

Verán: todo comenzó hace un par de años, en una fiesta cualquiera.
Como en todas las fiestas cualquiera, yo bebí, dije muchas pendejadas, ofendí a varias personas con mi racismo y falta de tacto, y probablemente traté de ligar con una tipa que me mandó al diablo. Sinceramente, no lo recuerdo, pero supongo que tiene sentido, porque pues... era una fiesta cualquiera, y'know?

En fin, lo importante aquí no fue mi falta de destreza en las artes amatorias, sino lo que aconteció después.

La fiesta cualquiera terminó, y llegó el momento de emprender el largo y tortuoso camino a casa.

Lamentablemente yo no cuento con automóvil propio, gracias a un par de choques que atormentan mi memoria.
Afortunadamente, una amiga se compadeció de mi mirada de perrito triste, de mis desgarradores ojos verdes y de mi apuesto apuesto físico; y me dijo que podía darme ride.
No dejen que nadie les diga que ser guapo no sirve de nada, niños y niñas.

Salí con mi amiga, subí a su auto, y empecé a jugar con el radio en lo que ella me llevaba a mi hogar dulce hogar.

Unos cuantos minutos después, me dijo "¿sabes qué?, mejor bájate por aquí, porque acercarte más me va a desviar muchísimo"
Si hubiera estado un poco más sobrio, habría tratado de persuadir a mi amiga para que me dejara en la puerta de mi casa, pero como la sobriedad no era una de mis características predominantes en ese momento, nada más me despedí y me bajé del coche.

"Meh, son sólo como 6 cuadras, podría caminarlas hasta borracho", pensé.
A mi mente le gustan las afirmaciones redundantes e innecesarias.

Empecé a caminar, a pesar de que era de madrugada, hacía frío, yo estaba borracho, y tal vez, sólo tal vez, había fumado un poco de marihuana (y en caso de que la persona que esté leyendo esto sea mi madre o mi padre: no, no fumé marihuana. Yo sería totalmente incapaz. ¿Recuerdan cuando iban a mis festivales de kinder?, ¿acaso no soy el mejor hijo del mundo?)

Moving on.

Estaba yo caminando en condiciones un poco precarias, cuando de repente vi una silueta cerca de mí.

Como todas las personas que tal vez, sólo tal vez, hayan fumado marihuana saben; cuando uno está pacheco, se vuelve un poco paranóico.
A esa paranoia agréguenle alcohol y miedo de vivir en una ciudad tremendamente insegura, y entonces entenderán cómo me sentí al ver esa silueta.

"¡Caracoles, debo tener cuidado con esa peligrosa persona desconocida!", pensé.

La persona iba caminando un par de metros adelante de mí, pero en mi estado pendejo, yo asumí que me estaba siguiendo.
Sí, yo sé que no tiene sentido, pero traten de entenderme: soy muy imbécil.

Resulta que la desconocida era una mujer, más o menos de mi edad.

"¡Esa tipa me está siguiendo, demonios!", fue más o menos lo que pasó por mi mente.

Seguí caminando. La tipa también.
Por azares del destino, resulta que dábamos vuelta en las mismas calles, lo cual sólo me asustaba cada vez más.
En esos momentos, jamás se me ocurrió que todo podía ser una coincidencia y que tal vez la pobre muchacha sólo quería llegar a su casa, igual que yo.

En esos momentos, no noté que la tipa seguía caminando adelante de mí y daba vuelta en las calles antes de que yo siquiera recordara que tenía que dar las mismas vueltas que ella.

Cada vez más asustado, empecé a caminar más rápido. La tipa también caminó con más prisa.

Dimos vuelta en otra calle, y en otra.
Cada vez caminábamos más rápido, envueltos por la oscuridad de la noche y el silencio de una ciudad pitera y mal iluminada.

Eventualmente, a pesar de haber estado ebrio y pacheco, me di cuenta de que la pobre tipa seguro estaba más asustada que yo y probablemente pensaba que yo la estaba siguiendo a ella, porque pues... yo era el que iba caminando atrás, y cada vez que ella trataba de alejarse, yo caminaba más rápido.

Tratando de hacer la situación menos incómoda, pensé que decir algo seguramente era lo mejor.
Tal vez si hacía un comentario, ella se daría cuenta de que no la venía siguiendo y todo había sido una coincidencia muy creepy.

Lamentablemente, no se me ocurrió pensar en lo que podía decir para no sonar como un acosador/asaltante/violador/paria/abo.

Sin aviso alguno, le grité "Oye, ¿ya vas a llegar a tu casa o todavía te falta?"

Antes de que acabara de decir mi estúpida línea, la pobre tipa no pudo más: soltó un pequeño grito ahogado y se echó a correr.

Yo me quedé parado como imbécil a media calle, sin entender qué carajo había pasado.
La magnitud de mi pendejez no me llegaría sino hasta el otro día, cuando la sobriedad hubiera regresado a mi hermoso cuerpo.

Así que, querida desconocida que vive en la colonia Del Valle, si de casualidad estás leyendo esto, por favor entiende que el tipo que te acosó aquella noche no te estaba acosando realmente; sólo tenía miedo de que lo fueras a asaltar, porque está bien pendejo.

martes, 5 de abril de 2011

Sombra aquí, sombra allá

Cualquier hombre que haya ido a la escuela con mujeres no me dejará mentir:
Siempre existe un momento en el que las féminas se aburren y hacen una pregunta que todos los hombres odiamos:

"¿Te puedo maquillar/pintar los labios/enchinar las pestañas/delinear los ojos/poner rimel/pintar las uñas?"

El fatídico momento en el que sabes que vas a tener que decir "no" al menos 38 veces antes de que dejen de insistir.

Y cualquier hombre que haya ido a la escuela con mujeres tampoco me dejará mentir:
Llega un punto en el que te insisten tanto que te hartan y acabas diciendo "¡sí, sí puedes, pero ya cállate!"
Y cuando dices eso, pierdes. Pierdes la dignidad y el auto-respeto.
O tal vez sólo sea yo...

Sea como sea, uno siempre piensa que cuando acabe la escuela, las mujeres van a dejar de jugar a "quiero maquillar al hombre más cercano"
Es sólo cuando empiezas a vivir en el mundo real que te das cuenta de que las mujeres nunca salen de esa etapa.

Me encontraba ayer en el trabajo, escribiendo tranquilamente unas cosas que tenía que escribir tranquilamente, cuando de repente una de mis compañeras de trabajo que resulta ser mi amiga, pasa atrás de mí cargando una bolsa con un polvo extraño.
Buscando cualquier pretexto para distraerme, recargué mi silla hacia atrás y puse ojos de Bambi, con cara de "¿qué haces?"
Ahí empezó una espiral de llanto y desesperación.

"Estamos testeando una receta para quitar los puntos negros de la nariz, ¿quieres probar?"

La agencia donde trabajo lleva la campaña de una marca de maquillaje, y muchas niñas trabajan en eso.
Parte de su trabajo es dar tips de belleza, pero como "hechos en casa" o algo así.

Jodidamente, me vi involucrado en todo ese desmadre.
Me vi involucrado por metiche, la verdad.

"Sí, sí quiero probar", le dije a mi amiga.
Felicidades Dexter, gran error.

Seguí trabajando tranquilamente, y olvidé completamente que me había propuesto como voluntario a los experimentos maquillajísticos de mi amiga.

Como 15 minutos después, me convocaron a junta. Más que junta era como lluvia de ideas, donde todo el departamento creativo se juntaba a decir pendejadas.
Rock on.

Un ratito después, llega mi amiga con un vaso de un menjurje que olía horrible.

"¿Qué carajo es eso?", le pregunté.
"Grenetina y leche", contestó.

Me quedé callado, sin saber qué chingados decir.
Antes de poder pensar un comentario inteligente, mi amiga empezó a untarme la pasta (que por cierto, era de un color muy cuestionable) en la nariz.

Lo que nadie me dijo, es que la pasta tenía que untarse estando absurdamente caliente. Mi pobre naricita de bola sufrió quemaduras severas.
Y además, la porquería esa olía horrible.

Supongo que perdí mucha credibilidad con el departamento creativo teniendo una masa gris untada en la nariz.

"No la toques, tiene que cuajar", agregó mi amiga.

Pasé los siguientes 15 minutos combatiendo con el olor y tratando de no vomitar.
Eventualmente, la mezcla se puso toda rígida, y dejé de sentir mi nariz.

Fue entonces cuando llegó mi amiga y dijo "Ok, ya te la puedo quitar..."

Todos los creativos detuvieron lo que estaban haciendo para ver cómo me arrancaban esa porquería de la nariz. Cena y espectáculo.

Para cerrar con broche de oro, cuando mi amiga me quitó esa cosa, me dolió como la chingada.

"¿Duele?", me preguntó
"No... estas lágrimas son de alegría", le dije.

Entre las risas de los demás, pude volver a mi trabajo.

Fue una experiencia sumamente traumática; pero hey, al menos mi nariz ya no tiene puntos negros.

Dios... no entiendo por qué las mujeres siempre quieren maquillarme.
Supongo que eso me pasa por ser tan bonito y tener facciones de niña...

martes, 29 de marzo de 2011

Cosas incomprensibles

Hace unos cuantos minutos llegué a la agencia y me conecté a internet para checar mi mail y mi Facebook, como cualquier persona trabajadora del siglo XXI.

Una de las primeras cosas con las que me encontré, fue que en Twitter una amiga había puesto algo como "BUENOS DIAS te quiero ver YA!!!!!!! te AMO!!!!!"

Acostumbrado a la pésima ortografía de las personas, ni siquiera me molesté por las mayúsculas aleatorias, pero me sacó un poco de onda el "te amo".

Le di un trago a mi Senzao (porque cerca de la agencia hay una tienda que todavía vende Senzao, lo cual me hace feliz en una forma muy gay) y traté de hacer memoria:

Según yo, mi amiga era soltera. O bueno, en eso me había quedado hacía un par de días...

Haciendo mi labor de investigador, me metí a Facebook a ver si podía encontrar un par de detalles.
Lo sé, soy una perra chismosa.

En el perfil de mi amiga encontré algo como "la tercera es la vencida!!!! te amo!!!"

Ahí fue cuando suspiré resignado y me di cuenta de que mi amiga es una pendeja.

Verán, lectores imaginarios: mi amiga tenía un novio.
Empezó a andar con él cuando ella tenía como 14 años. Llevaban como 8 años andando, y tenían una de las relaciones más enfermizas que he visto en mi vida.
Celos, pleitos, gritos, insultos, etcétera etcétera.

Cortaron.

Yo tuve que soportar toooooodas las pláticas de niña dolida, porque por alguna razón, mi amiga decidió llorar en mi hombro.
Afortunadamente, mi amiga estaba convencida de que era lo mejor, y de que jamás iba a regresar con él.

Dos semanas después, regresaron.

Todo fue fantástico, porque mi amiga se dedicaba a hacernos saber a todos que estaba "enamoradísima" y que las cosas nunca habían estado mejor.
Resulta que necesitaron cortar para darse cuenta de lo mucho que se querían. Habían sido dos semanas dificilísimas, pero ahora todo en la vida era magnífico; todo tenía sentido y nunca jamás había amado tanto a alguien.

Duraron como 2 ó 3 meses, y después volvieron a cortar.

¿Saben quién tuvo que servir de hombro para llorar?
That's right: sexy old me.

Otras 2 semanas de tener que aguantar todas sus quejas, y de cómo no entendía por qué habían regresado si realmente no lo amaba y todo estaba mal.
Lo bueno es que ahora sí se había dado cuenta de las cosas. De hecho, nunca en su vida había estado mejor, porque había entendido que lo que necesitaba era estar sola, y pensaba disfrutar mucho su soledad.
Eran los mejores días de su vida.

Cuando terminaron esas dos semanas, ya había empezado a andar con alguien más: el veterinario de su perro. No shit.

A menos de una semana de empezar a andar con su veterinario (quien por cierto era mucho mayor, mucho muy pinche feo, y tenía un tatuaje ñerísimo de una lagartija en todo el pecho), mi amiga decidió que ya lo amaba locamente.
Se dedicaba a hacernos saber a todos que estaba enamoradísima de nuevo, que era la mejor época de su vida, que nunca había sentido tanta felicidad, y que ahora sí, todo era perfecto.

Menos de tres meses después, cortó con el veterinario, gracias a Dios.
Y de repente, yo me convertí en el hombro para llorar. De nuevo.

Pero no importaba, porque ahora sí, había entendido que lo que necesitaba era estar sola y tenía que disfrutar la soledad. Estaba completamente feliz y eran los mejores días de su vida.

Yo sé, parece que hice copy paste de un párrafo anterior, pero no lo hice.

Esto pasó hace como una semana.
Hace como una semana, mi amiga juraba que lo mejor que le había pasado en el mundo era ser soltera de nuevo y no quería que eso cambiara.

Y hoy, me entero que acaba de regresar con su novio, el primero que describí en toda esta historia del espiral de pendejez.

Pero hey, la tercera es la vencida, y ahora sí está enamoradísima.
Pendeja.

Juro por Alláh que nunca voy a entender a las mujeres.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Intento de homicidio

A veces creo que mi familia trata de matarme.
Yo sé que suena a broma o a exageración, pero no, estoy hablando en serio.

Tomemos, por ejemplo, a mi hermana.
Hermosa, linda e inocente, ¿cierto?
Falso.

Un día cualquiera (de hace muchos muchos años), mi querida hermanita fue a una fiesta en una casa con un patio enorme, donde había un tombling puesto para que los niños se pusieran a brincar y dejaran en paz a sus madres.
Siendo el hermano pequeño que no tiene mucha opción en el asunto, yo también fui arrastrado a esa fiesta, sólo que mi mamá no me dejó brincar en el tombling porque sabe lo tremendamente torpe que soy, así que decidió que como soy un peligro para mí mismo, mejor me quedaba junto a ella en lo que se ponía a platicar con otras señoras.

Ver a mi hermana brincar en el tombling se veía tremendamente divertido, pero no dije nada.
Oh no, fue ella la que fue a convencer a mi mamá de que yo también quería brincar.

Qué linda, defendía a su hermanito, ¿no?
No.

Mi hermana también sabía lo torpe que soy, y sabía que el enorme y desproporcionado tamaño de mi hermosa cabeza, haría que eventualmente la física se encargara de hacerme caer del tombling y por consiguiente me partiera la madre.
Mi hermana trataba de matarme.

Afortunadamente, fracasó. Sólo salí de ahí con un hombro mucho muy jodido.
Sin embargo, los intentos de asesinato de mi hermana no terminarían ahí.

Años después (hace no tanto, por cierto), mi hermana decidió adoptar un gatito que se encontró abandonado en la calle.
Todo estaba bien, hasta que descubrimos que yo era alérgico a ese gato. No soy alérgico a los gatos en general, pero por alguna razón resulté alérgico a ESE gato.

¿Acaso éso hizo que mi hermana se diera cuenta de que la nueva mascota no podría vivir en la casa, porque provocaría mi muerte?
Hell no.
A nadie le importó un carajo que yo no pudiera respirar -en mi propia casa-, el gato se quedó varios meses.
Mi hogar se convirtió en una cámara de asfixia permanente. Sobretodo cuando el maldito gato se subía a mi cama.

De alguna forma, logré sobrevivir lo suficiente y el gato encontró un mejor hogar. Un hogar donde la gente puede respirar sin sentir que su nariz está en fuego.

Seguro ustedes están pensando: "Pero bueno, guapo y sensual Ninja, sólo mencionas un par de incidentes con tu hermana; éso no significa que tu familia trate de matarte. Eres demasiado guapo como para que alguien tratara de matarte..."
Ok, gracias por el cumplido, pero si lo de mi hermana no les basta para convencerse, entonces pasemos a los ejemplos que involucran a mi padre, el italiano.

Mi padre también trata de matarme.

Por ejemplo, un día azaroso, el señor italiano decidió que sería buena idea mover un sillón de un cuarto de la casa a otro. Evidentemente, el sillón pesaba mucho para cargarlo él solo, así que me llamó.

Resulta que el sillón no cabía por el pasillo que llevaba al cuarto destino, así que el italiano pensó que podríamos meterlo por la ventana. La ventana de un segundo piso.
Mi padre se colocó dentro del cuarto, porque su parte del trabajo era jalar el sillón con un mecate pitero.
¿Saben quién era el que tenía que cargar la mayor parte del peso y empujar el sillón hacia arriba?
That's right, good ol' me.

Después de varios minutos de empujar el sillón con todas mis fuerzas (porque si no, caería sobre mi cabeza, asesinándome), mi padre decidió que tomáramos un descanso, porque el mecate le estaba lastimando ligeramente su mano.
Mientras tanto, yo me quedé cargando todo el peso del sillón sobre mi cabeza, con nada más que mi instinto de supervivencia para no dejarlo caer.
Afortunadamente un primo llegó y me ayudó, así que el plan de mi padre fracasó.

El siguiente intento homicida de mi padre, consistió en hacer explotar el horno de la cocina cuando yo estaba a pocos metros de ahí.
Los detalles son confusos, porque lo único que recuerdo es la enorme explosión que hizo vibrar los cimientos de mi casa, pero pude haber muerto.
En defensa de mi padre y sus pésimos planes para matarme, esa vez el que salió más jodido fue él.
Pagó su ofensa con cabello quemado y una ceja perdida.

Sin embargo, a pesar de que mi padre y mi hermana han tenido sus ocasionales intentos de asesinato, la persona que más ha tratado de matarme siempre ha sido mi madre.
Debajo de su apariencia de hippie inocente, se esconde una... ¡mujer asesina! (ba dum psh)

Mi madre no tiene planes tan descarados como un sillón en la cabeza, o un gato venenoso; no no no, sus formas de tratar de sacarme de este mundo son más sutiles y delicadas.

Por ejemplo, cuando era niño, me llevó a una posada donde me hizo pasar a pegarle a la piñata una vez que ya estaba a punto de romperse. Evidentemente, la terminé de desmadrar.
TODA la fruta de la piñata me cayó encima (sin mencionar a la bola de niños que se aventaron encima de mí para apañarse el botín).
Como todavía era muy pequeño para poder gritar "¡Ay, naranjas en la cabeza!" y saber su significado, lo único que hice fue llorar desconsoladamente, mientras mi cabeza sangraba.

Tal vez fue ahí cuando mi madre descubrió que su intento había sido muy descarado, y que yo podría darme cuenta de sus intenciones, así que a partir de entonces se dedicó a ser más pasiva-agresiva.

Hace un par de meses, por ejemplo, mi madre observó con tranquilidad cómo me acercaba al refri, sacaba el cartón de leche contenido dentro, me servía en un vaso, sacaba un paquete de galletas de la alacena, me sentaba tranquilamente en mi silla, me preparaba a comer, y por fin le daba un trago al vaso de leche para después escupirla inmediatamente.

"Ah, sí, la leche está cortada desde hace una semana", dijo.
Well, thank you very much...

Ejemplo B:
Todo el que conoce mi casa, sabe que las escaleras que conectan mi cuarto con la parte principal del hogar son TREMENDAMENTE empinadas. De hecho, todas las personas que han entrado a mi cuarto siempre me han dicho "¿no te dan miedo tus escaleras?" o "¿qué pasa si llegas pedo?, ¿no te rompes la madre?"
True, mis escaleras son un peligro potencial, pero yo ya logré acostumbrarme a ellas. Ya que le agarras el modo, no es TAN difícil.

Bueno, mi madre se dedica a poner cosas en los escalones, como si fueran repisas.
El problema es que nunca me avisa que va a poner cosas ahí, y mis escaleras son tan empinadas que no se puede ver nada.
Además, tiene la costumbre de cambiar las cosas de lugar y de escalón, para confundirme más.

Incontables veces le he dicho que no ponga cosas en la escalera, porque me puedo tropezar y partir la madre.
Su respuesta siempre ha sido una de esas respuestas que sólo las madres te pueden dar:
"Pues mijito, mejor fíjate por donde caminas"

Fuck.

Recuerdo una vez en particular.
Era muy temprano, y yo estaba medio dormido.
Mientras bajaba las escaleras, de repente sentí que algo se me atoraba en los pies; hizo mucho ruido, y después salió volando.
Yo me asusté y perdí el equilibrio. Salí volando como 5 escalones y fui a aterrizar en el piso de mi sala.

Mi madre se acercó tranquilamente, y me dijo "¿por qué está mojada la alfombra?", después me vio tirado en el piso, y gritó "¡mira lo que hiciste!, ¡tiraste mi vaso de agua!, ¡ahora voy a tener que secar todo!"
Salió de ahí toda enojada, dejándome tirado y adolorido.


¿A qué se debe todo este post?
A que el día de ayer, mi madre volvió a hacer una de las suyas.

Eran alrededor de las 4 30 de la mañana, y yo seguía en la computadora, terminando unos trabajos que tengo que hacer.
Una vez que acabé, decidí que tenía mucha sed, así que quise bajar a la cocina.

Salí de mi cuarto, tratando de hacer el menor ruido posible (porque los pasillos tienen piso de madera extremadamente ruidosa) para no despertar a nadie.
En total oscuridad, caminé hacia las escaleras.
Meh, estoy tan acostumbrado a mi casa, que ya puedo caminar con todas las luces apagadas. Me sé la geografía de memoria.

Cuando iba a bajar el escalón que da a la pequeña salita del piso de arriba, me tropecé con algo sumamente duro. Cuestioné seriamente mi decisión de haber salido descalzo de mi cuarto.
Mi pie me dolió como pocas veces en la vida, pero de todos modos traté de recuperar el equilibrio y recargué el pie justo en la orilla picuda del escalón.

Fue una de esas veces en las que logras joderte los dedos y el talón al mismo tiempo.

Aún tratando de no hacer ruido, grité en silencio, con todo el dolor del mundo pasando por mi lastimado pie.
Me volví a tropezar con el duro objeto, que se había movido con el impacto.

"¡¿Qué pasa?!", dijo mi mamá desde su cuarto. Lamentablemente, la había despertado con tanto golpe.

"Nada... me pegué con... algo...", dije con voz sorda y adolorida, sentándome en el mueble más cercano.

"Ah sí, puse un taburete en el pasillo. Cuidado.", me contestó mi madre.
Yo no pude decir nada, porque estaba demasiado ocupado apretando los ojos y agarrándome mi destrozado pie.

"Creo que sería buena idea quitarlo de ahí", agregó.
"¿Tú crees?", le dije.

"Sí... sí creo. Buenas noches."
Volvió a dormir.

A veces creo que mi familia trata de matarme...

lunes, 14 de febrero de 2011

Fracaso total

Hace no mucho tiempo, yo todavía estaba en la universidad.
Siendo sinceros, mi universidad fue lo mejor de lo mejor.

Mis clases eran -relativamente- entretenidas, el ambiente estaba de huevos, nadie te juzgaba por nada, los maestros llegaban en monociclo a la escuela, te enseñaban a hacer una pipa con una manzana, regalaban Red Bull como cada tercer día; y básicamente, era lo máximo poder ir a un lugar donde estaban tus amigos, y saber que podías echar desmadre sin muchas consecuencias.

Creo que sobra decirlo, pero la parte académica de mi escuela no era especialmente importante para mí.
Desde prepa, yo evolucioné más allá de las calificaciones.
Para desgracia de mis padres, las calificaciones no evolucionaron más allá de mí, así que mis boletas siempre sufrieron por culpa de mis vanguardistas creencias.

Sea como sea, creo que mi universidad no era particularmente estricta, porque a pesar de que pasé la mayor parte de mi carrera dedicándome a encontrar formas de entretenerme; de alguna forma siempre mantuve un promedio bastante decente.

Eventualmente, después de varios años de pasar todas mis materias sin mucho esfuerzo (because let's face it, I'm a fuckin' genius), llegué a mi último semestre de la carrera.

Shit happened.

Todo comenzó el primer día de clases, cuando tuvimos nuestra primera clase de... uh... ¿medios exteriores?
Creo que era medios exteriores, pero no recuerdo.
Debe de haber sido algo como medios exteriores.

El caso es que el maestro era la persona más patética que mis ojos hayan tenido la desgracia de ver (después de Paco, claro).
Era gordo, teto, se quería hacer el chistoso todo el tiempo, no inspiraba respeto en lo más mínimo, y hablaba como retrasado mental.

Sin embargo, como era el primer día de clases, decidí poner atención; porque todo el mundo pone atención el primer día de clases.
Una vez pasados 5 minutos, me di cuenta de que iba a ser una clase extremadamente barco, así que llegué a la conclusión de que poner atención no iba a ser necesario.

Afortunadamente, una amiga acababa de cumplir años, así que alguien le había regalado uno de esos juguetes piteros de 3 pesos.
Me puse a jugar con él (con el juguete, no con la persona que lo había regalado)

Por cierto, el gordo ridículo de atrás es mi profesor.

Poco tiempo pasaría antes de llegar a la epifanía de que sin importar lo poco que me esforzara en esa clase, no la iba a reprobar.
El gordo era el tipo de personas que creen que la mejor forma de "volverse amigo" de sus estudiantes, era siendo barco.
Fuck, no entiendo por qué los profesores creen que tienen que ser nuestros amigos.

En ese momento supe que tenía que hacer algo drástico para no aburrirme tremendamente en esa materia.
Decidí dedicar todo mi esfuerzo a probar mi teoría de que el profesor jamás nos reprobaría, sin importar lo que hiciéramos.
Decidí que iba a hacer todo lo que estuviera en mi poder para reprobar esa clase.

Mi primera acción, fue dejar de entrar al salón.
Sinceramente, resultó un poco aburrido, porque como mis amigos sí estaban dentro del aula, yo tenía que encontrar formas de pasar el tiempo, como por ejemplo, hacer torres con latas de Red Bull gratis.

Ejemplo A: Torre hecha con latas de Red Bulls gratis.

Después de un par de clases a las que no entré, me aburrí mucho.
Regresé al salón.

Con un ligero fracaso en mi haber, decidí que probablemente era mejor idea sabotear mis propios trabajos.

Un día cualquiera, el gordo patético nos entregó unas hojas en blanco, y nos pidió que dibujáramos nuestra idea para un stand promocional de... ¿Duracell?
Creo que era Duracell, pero no recuerdo.
Seguro era algo como Duracell.

Mi stand promocional fue el mejor de todos.

El mejor stand promocial de Duracell (¿?) que existe.

Cuando lo entregué, el profesor se rió, me hizo un cumplido por mi excelente sentido del humor, y me dijo que había hecho un buen trabajo.
Yo estaba tremendamente enojado por haber fracasado de nuevo.

Mi siguiente intento fue sabotear mi examen mensual.
Era lógico, ¿no?
Digo, un examen cuenta mucho más que un trabajo cualquiera...

Cuando llegó el momento de llevar a cabo mi plan, descubrí que la única pregunta del examen era algo como "Dibuja lo que consideras la mejor opción para un stand promocional de la marca de colchones Sealy, vendidos en las tiendas Viana"
Agh... mi estúpido y gordo maestro, con su enferma obsesión por hacernos dibujar.

Mi respuesta fue corta y simple.

Una respuesta corta, simple y fina.

Confiado en que mi profesor se daría cuenta de que me estaba burlando de él al entregarle un dibujo de dos personas vestida de pene; supe que por fin iba a poder reprobar la estúpida materia.

No.

Me puso 9, y me dijo que podría haberlo hecho un poco mejor si me hubiera esforzado más.
Tenía razón... pude haberle puesto pelo púbico. Soy un maldito huevón.

Para estas alturas, yo me estaba sintiendo realmente frustrado de no poder reprobar la maldita materia sin importar cuánto me esforzara.
La única esperanza que me quedaba era el examen final.

Esperé y esperé a que el momento llegara. Y llegó.

El gordo nos asignó un producto a cada quien. El mío era Pepsi yoghurt.
Iugh.

Teníamos que contestar unas cuantas preguntas sobre el producto, y en la parte de atrás del examen teníamos que dibujar nuestra estrategia para un stand publicitario.

Yo estaba totalmente feliz porque me había tocado el producto más pitero de todos, así que podría dibujar algo reflejando la enorme piterez del producto.
And I did.

El mejor examen final que he hecho en mi vida.

Pido una disculpa por los puntos rojos. Son las palomitas que el gordo le puso a mi examen.

Cuando me devolvió mi dibujo, me di cuenta de que el profesor pendejo había puesto en un recuadro la palabra "desagradable".
¡Woohoo!, ¡éxito!

Fue entonces cuando me dio mi calificación final.
Diez.

El. Hijo. De. Puta. Me. Puso. Diez.

Me dijo que no esperaba menos de mi sentido del humor, y que era una persona muy creativa.

Mi promedio final fue diez.

Hasta el día de hoy, considero eso como el fracaso académico más grande de mi vida.
No pude ni siquiera reprobar una pinche materia pitera.

¿Saben qué es lo peor?
Fui derrotado por un tipo que es idéntico a Earl Sinclair...

Damn motherfuckin' motherfucker