Hace unos cuantos días, mi novia estaba regresando a su casa cuando se encontró un pequeño pájaro herido.
Lo levantó de la calle y decidió cuidarlo y tratar de hacer que volviera a estar bien para después dejarlo libre.
Ayer lo vi, y era estúpidamente hermoso. Decidí que se llamaba Camilo.
Era tímido y cariñoso, y cuando lo acariciabas, se te quedaba viendo amablemente, como si te estuviera agradeciendo que lo cuidaras cuando más te necesitaba.
Varias veces lo vi tratar de abrir sus alas, pero por más que se esforzaba no podía, porque todavía no estaba listo para volver a volar.
Hoy en la mañana parecía como si ya estuviera a punto de lograrlo; miraba esperanzado hacia arriba y se notaba inquieto.
Estaba aprendiendo a volar, como si el poco tiempo que llevara sin flotar por los aires hubiera hecho que olvidara quién era, y ahora tuviera que empezar desde cero y recordar para qué servían sus alas.
Para mi novia, por un par de días ese pequeño pájaro se convirtió en una de las cosas más importantes del mundo.
Hoy en la tarde, Camilo murió.
Me es imposible no darme cuenta de lo familiar que me resulta esa historia; tal vez porque hace muchas vidas yo fui parte de algo parecido.
Feliz 10 de julio, Cristina. Te sigo extrañando como el primer día.
Por favor, cuida a Camilo; ahora ya tienes a alguien que vuele junto a ti.
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lunes, 9 de julio de 2012
miércoles, 30 de mayo de 2012
Spread your wings
Tal vez alguna vez has visto alguno y no te has dado cuenta.
Caminan entre la gente tratando de mezclarse, de pasar desapercibidos en un mundo que nunca será suyo y en el que siempre serán extranjeros.
Seguramente te has sentado junto a uno de ellos en algún camión, o quizás le hayas preguntado la hora, y durante los breves segundos que tu mirada se cruzó con la suya, supiste que estabas siendo parte de algo especial.
Viven entre nosotros, manejando sus autos, amarrando sus agujetas, sonriéndole a la gente con sus dientes imperfectamente perfectos; vistiendo una piel humana que no les queda bien, pero que usan porque ya olvidaron cómo vestir sus propias ropas.
Buscan su camino de regreso a casa y anhelan el día en que por fin, limpiándose las lágrimas de una existencia pesada, puedan abrir sus alas y echarse a volar.
El día en que por fin una última lluvia caiga del cielo, mientras ellos suben lentamente una escalera de humo y sombras para volver a su hogar. Un hogar que les quema la existencia, y el cual nunca pudieron olvidar.
Caminan entre la gente tratando de mezclarse, de pasar desapercibidos en un mundo que nunca será suyo y en el que siempre serán extranjeros.
Seguramente te has sentado junto a uno de ellos en algún camión, o quizás le hayas preguntado la hora, y durante los breves segundos que tu mirada se cruzó con la suya, supiste que estabas siendo parte de algo especial.
Viven entre nosotros, manejando sus autos, amarrando sus agujetas, sonriéndole a la gente con sus dientes imperfectamente perfectos; vistiendo una piel humana que no les queda bien, pero que usan porque ya olvidaron cómo vestir sus propias ropas.
Buscan su camino de regreso a casa y anhelan el día en que por fin, limpiándose las lágrimas de una existencia pesada, puedan abrir sus alas y echarse a volar.
El día en que por fin una última lluvia caiga del cielo, mientras ellos suben lentamente una escalera de humo y sombras para volver a su hogar. Un hogar que les quema la existencia, y el cual nunca pudieron olvidar.
jueves, 12 de abril de 2012
Ayer
Creo que ayer te vi pasar, pero no te detuve porque ibas caminando hacia el lado contrario.
Supongo que pude haber gritado tu nombre, pero no lo hice porque aunque realmente hubieras sido tú, no hubiera sabido qué decir después.
Podríamos habernos sentado a recordar los viejos tiempos; sonreído mientras nos poníamos al corriente.
Podríamos habernos contado todo lo que no nos hemos dicho en años: amor, dinero, trabajo, alegrías, caídas, decepciones, y todo eso que ahora llamamos vida y que es tan diferente a lo que alguna vez esa palabra significó para nosotros.
Podrías haberme contado lo difícil que ha sido todo, y me habrías enseñado las cicatrices que el mundo te ha dejado; y entonces yo podría haberme puesto a analizar cada palabra para tratar de explicar cada uno de los errores que he cometido desde el día que nos dejamos de ver.
Pero tú me conoces mejor que eso, me conoces desde que yo era un yo mucho más joven.
Me has visto bajo todas las luces por las que una persona puede ser iluminada; así que he querido preguntarte, ¿esta luz me queda bien?
¿La de ayer eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo hayan sido cosas de mi imaginación.
Tal vez sólo te quería encontrar en la calle porque te extraño un poquito.
Tal vez sigo arrepentido porque nos separamos así, porque tal vez empujé cuando debería haber jalado. Lo cambiaría todo si pudiera; lo repetiría todo y ahora lo haría bien.
Nunca pensé que extrañaría todas las cosas que me molestaban de ti, y todas esas pequeñas críticas que me hacías cuando me reía.
Deberías visitarme, ¿sabes?
Deberías venir a verme, para que pudieramos sentarnos a ver la tele como antes hacíamos, y deberíamos volver a discutir sobre arte, ocio y sueños, como en los viejos tiempos.
Todavía le haces falta a tu lugar en mi sillón, y mi almohada todavía te extraña cuando el Sol se oculta.
¿Entonces la de ayer eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo haya sido tu sombra que caminaba por la calle del nunca más, doblando la esquina de los viejos recuerdos.
De vez en cuando todavía se siente como si camináramos juntos, tal vez porque nunca te despediste de mí; te fuiste tan lento que no te vi salir por la puerta y a veces pienso que sigues aquí.
Cuando me di cuenta, ya era tarde, y tú ya lo habías dejado todo atrás. Caminaste lejos de todo, de lo bueno y lo malo, de una casa llena de sueños y escaleras, llena de cuadros de vidas que nunca fueron.
Si vieras lo limpio que he mantenido el lugar, estarías orgullosa de mí.
Desapareciste, pero tu historia sigue aquí; y yo trato de no odiarte por dejarme con un montón de portarretratos que nunca tendrán fotos en ellos.
Dejarme fue lo mejor que pudiste haber hecho, y lo mejor que pudiste haberme enseñado a hacer.
¿La de ayer, eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo hayan sido cosas de mi imaginación.
Tal vez sólo te quería encontrar en la calle porque te extraño un poquito.
Me gustaría haberte visto caminando por la calle y haber gritado tu nombre.
Me gustaría haberte visto pasar ayer, pero sé que si te hubiera detenido, ya jamás hubiera dejado que te volvieras a ir.
Descansa en paz.
Supongo que pude haber gritado tu nombre, pero no lo hice porque aunque realmente hubieras sido tú, no hubiera sabido qué decir después.
Podríamos habernos sentado a recordar los viejos tiempos; sonreído mientras nos poníamos al corriente.
Podríamos habernos contado todo lo que no nos hemos dicho en años: amor, dinero, trabajo, alegrías, caídas, decepciones, y todo eso que ahora llamamos vida y que es tan diferente a lo que alguna vez esa palabra significó para nosotros.
Podrías haberme contado lo difícil que ha sido todo, y me habrías enseñado las cicatrices que el mundo te ha dejado; y entonces yo podría haberme puesto a analizar cada palabra para tratar de explicar cada uno de los errores que he cometido desde el día que nos dejamos de ver.
Pero tú me conoces mejor que eso, me conoces desde que yo era un yo mucho más joven.
Me has visto bajo todas las luces por las que una persona puede ser iluminada; así que he querido preguntarte, ¿esta luz me queda bien?
¿La de ayer eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo hayan sido cosas de mi imaginación.
Tal vez sólo te quería encontrar en la calle porque te extraño un poquito.
Tal vez sigo arrepentido porque nos separamos así, porque tal vez empujé cuando debería haber jalado. Lo cambiaría todo si pudiera; lo repetiría todo y ahora lo haría bien.
Nunca pensé que extrañaría todas las cosas que me molestaban de ti, y todas esas pequeñas críticas que me hacías cuando me reía.
Deberías visitarme, ¿sabes?
Deberías venir a verme, para que pudieramos sentarnos a ver la tele como antes hacíamos, y deberíamos volver a discutir sobre arte, ocio y sueños, como en los viejos tiempos.
Todavía le haces falta a tu lugar en mi sillón, y mi almohada todavía te extraña cuando el Sol se oculta.
¿Entonces la de ayer eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo haya sido tu sombra que caminaba por la calle del nunca más, doblando la esquina de los viejos recuerdos.
De vez en cuando todavía se siente como si camináramos juntos, tal vez porque nunca te despediste de mí; te fuiste tan lento que no te vi salir por la puerta y a veces pienso que sigues aquí.
Cuando me di cuenta, ya era tarde, y tú ya lo habías dejado todo atrás. Caminaste lejos de todo, de lo bueno y lo malo, de una casa llena de sueños y escaleras, llena de cuadros de vidas que nunca fueron.
Si vieras lo limpio que he mantenido el lugar, estarías orgullosa de mí.
Desapareciste, pero tu historia sigue aquí; y yo trato de no odiarte por dejarme con un montón de portarretratos que nunca tendrán fotos en ellos.
Dejarme fue lo mejor que pudiste haber hecho, y lo mejor que pudiste haberme enseñado a hacer.
¿La de ayer, eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo hayan sido cosas de mi imaginación.
Tal vez sólo te quería encontrar en la calle porque te extraño un poquito.
Me gustaría haberte visto caminando por la calle y haber gritado tu nombre.
Me gustaría haberte visto pasar ayer, pero sé que si te hubiera detenido, ya jamás hubiera dejado que te volvieras a ir.
Descansa en paz.
domingo, 10 de julio de 2011
Nos veremos cuando nos veamos.
Cuando una persona se va, el eco de sus últimas palabras se queda resonando en los oídos de sus seres queridos durante toda una vida.
Y hoy, 8 años después, el eco de tu voz sigue sonando tan fuerte como aquél día en que te metiste al mar para nunca volver.
8 años desde ese día.
Y yo sigo aquí, sin ti.
Y por fin, es momento de dejarte ir para siempre.
Es momento de romper esa última promesa que nos hicimos; aún sabiendo que no la íbamos a poder cumplir.
Es momento de que vueles, libre de todo.
Es momento de regresar a casa.
Perdón. Perdón por todo.
Nunca nadie había marcado mi vida en la forma en la que tú lo hiciste aquél verano lluvioso y gris; el más brillante que yo jamás haya vivido.
Marcaste mi vida para siempre, y lo has seguido haciendo todos y cada uno de los días de mi vida.
Creo que ya es hora de soltar la mano de tu recuerdo, y empezar a caminar yo sólo, tratando de encontrar el camino del que siempre me hablaste tanto.
Es momento de dejar de aferrarme a tus alas y de empezar a dejar crecer las mías, porque algún día yo también tendré que volar para encontrar el sendero de regreso a casa, donde me estarás esperando con una pluma blanca, demasiado perfecta para ser de pájaro.
Ya es hora, Cristina.
Gracias. Una y mil veces gracias.
Nunca te voy a olvidar.
Tu voz se va a quedar conmigo hasta el día en que, cansado, respire profundamente, dejando escapar mi último aliento mientras sonrío eternamente.
Y entonces, por fin, tu voz se va a esfumar para dar paso al sonido de las olas rompiéndose en la arena.
Y entonces, por fin, mis ojos te buscarán por última vez, sólo para encontrar una playa llena de espuma, en la que meteré mis pies poco a poco, para meterme a nadar en el mar de una vez y para siempre.
Y esos días nunca van a terminar.
Adios, Cristina.
Adios por última vez.
Te amo, para siempre.
Y hoy, 8 años después, el eco de tu voz sigue sonando tan fuerte como aquél día en que te metiste al mar para nunca volver.
8 años desde ese día.
Y yo sigo aquí, sin ti.
Y por fin, es momento de dejarte ir para siempre.
Es momento de romper esa última promesa que nos hicimos; aún sabiendo que no la íbamos a poder cumplir.
Es momento de que vueles, libre de todo.
Es momento de regresar a casa.
Perdón. Perdón por todo.
Nunca nadie había marcado mi vida en la forma en la que tú lo hiciste aquél verano lluvioso y gris; el más brillante que yo jamás haya vivido.
Marcaste mi vida para siempre, y lo has seguido haciendo todos y cada uno de los días de mi vida.
Creo que ya es hora de soltar la mano de tu recuerdo, y empezar a caminar yo sólo, tratando de encontrar el camino del que siempre me hablaste tanto.
Es momento de dejar de aferrarme a tus alas y de empezar a dejar crecer las mías, porque algún día yo también tendré que volar para encontrar el sendero de regreso a casa, donde me estarás esperando con una pluma blanca, demasiado perfecta para ser de pájaro.
Ya es hora, Cristina.
Gracias. Una y mil veces gracias.
Nunca te voy a olvidar.
Tu voz se va a quedar conmigo hasta el día en que, cansado, respire profundamente, dejando escapar mi último aliento mientras sonrío eternamente.
Y entonces, por fin, tu voz se va a esfumar para dar paso al sonido de las olas rompiéndose en la arena.
Y entonces, por fin, mis ojos te buscarán por última vez, sólo para encontrar una playa llena de espuma, en la que meteré mis pies poco a poco, para meterme a nadar en el mar de una vez y para siempre.
Y esos días nunca van a terminar.
Adios, Cristina.
Adios por última vez.
Te amo, para siempre.
lunes, 18 de octubre de 2010
Y afuera llovía
Y ahí estaba yo, con una taza de café a medio tomar frente a mí.
Deja-vú no es la palabra correcta, pero es la primera que me viene a la mente.
Un silencio incómodo flotaba en al aire de una manera desconcertantemente tangible.
Me pasé la mano por el cabello, como hago miles de veces al día, en forma casi inconsciente.
Una vez más, había terminado de contar la historia del ángel de un sólo verano.
Me pareció como si hubiera contado esa historia más veces de las que son necesarias para empezar a recitarla de memoria, sin siquiera tener que pensar en lo que sale de mi boca.
"Wow...", dijo por fin ella, y después volvió a quedarse callada.
"Sí bueno... esas cosas pasan", dije yo, sin saber qué más decir.
Siempre me ha parecido graciosa la forma en la que la gente reacciona cuando le cuentas que la persona que más amabas en todo el mundo, murió justo frente a tus ojos.
Es como si su mente tratara de ponerse en tu situación, como si trataran de imaginar la escena.
Te dejan de ver: sus ojos se pierden en algún punto cualquiera, y tú sabes que es porque les parece imposible mantenerte la mirada.
Me parece gracioso cómo por unos segundos, quieren sentir lástima por tí; como si eso los hiciera sentirse mejor del hecho de haber traído el tema a la conversación.
"Y... ¿estás bien?", me preguntó unos segundos después.
Le di un trago a mi café ligeramente frío. "Pfft, fue hace muchos años, claro que estoy bien..."
Ella puso su mano sobre la mía, y me dijo que lo sentía mucho.
¿Sentirlo por qué?
No es como si fuera su culpa, no es como si hubiera conocido a la muerta siquiera.
Sonreí, pero no le dije nada. Nunca he sabido qué decir cuando me dicen que lo sienten.
¿Gracias?, ¿qué amable?
"¿Por qué nunca me habías dicho nada de lo que pasó?"
Precisamente ése tipo de preguntas son las que hacen que nunca tenga ganas de hablar de eso.
"Pues... nunca salió a tema, supongo.", le contesté.
"Pero es algo muy importante de tu vida..."
"Ahá, pero no es como si fuera a ir por la vida dicíendole a la gente "Hola, me llamo Joselo, hace muchos años mi novia se murió mientras yo veía lo que pasaba sin poder hacer nada al respecto, ¿me pasas la sal?", ¿sabes?, es un tema un poco más delicado que eso"
Me estaba viendo con los ojos ligeramente llorosos. Si hay algo que odio en este mundo es que la gente llore por mi culpa, aunque técnicamente no sea mi culpa.
"¿Ves?, si lo estuviera diciendo todo el tiempo, la gente se pondría a llorar y nunca me pasarían la sal..."
Ella sonrió un poco.
"¿Piensas mucho en ella?"
"Meh... ya no mucho. Antes pensaba en eso todo el tiempo, pero supongo que fue hace tantos años, que lo he ido borrando poco a poco... no lo sé, es raro, ¿sabes?"
Esperaba que ella me contestara "sí, sí sé", pero como se quedó callada, tuve que seguir hablando.
"Es raro porque ya no me pone triste ni nada, pero cuando escribo de eso, siempre parece como si yo estuviera deshecho por lo que pasó... supongo que es simplemente mi forma pitera de escribir"
"¿Escribes mucho de eso?", me preguntó.
"Mucho más de lo que me gustaría, ja"
"Entonces todavía la extrañas..."
Le di otro trago a mi café, en parte porque si no me tapaba la boca iba a terminar agradeciéndole por recalcarme lo obscenamente obvio.
Seguro después me diría que tengo un cromosoma Y, que mi cabello es café, y que uso el sarcasmo para esconder lo estúpidamente vulnerable que soy.
"Nunca la voy a dejar de extrañar, pero no es eso", le dije.
"¿Entonces?"
"No sé... es como si tuviera que escribir de eso... como si tuviera que plasmar cada detalle, por pequeño y ridículo que sea..."
Ella se quedó callada.
Ella se quedó callada, y yo empecé a sentir algo raro en mi pecho.
Se sentía frío, se sentía como si me empezaran a apretar muy fuerte.
Sin darme cuenta, seguí hablando, cada vez más débil: había dejado de hablarle a ella y me estaba diciendo las cosas a mí mismo.
"Es como si tuviera que escribir mientras todavía me acuerdo, porque algún día se me va a empezar a olvidar todo... y no se me puede olvidar..."
De repente ya no me importó el café, ya no me importó mi amiga, ya no me importó que afuera estuviera lloviendo, ya no me importó nada.
Tenía miedo.
"Si se me olvida es como si no hubiera sido real, como si nunca hubiera pasado... como si ella nunca hubiera existido..."
El frío que empecé a sentir sólo me recordó lo lejos que estaba de la playa y de esos días.
Deja-vú no es la palabra correcta, pero es la primera que me viene a la mente.
Un silencio incómodo flotaba en al aire de una manera desconcertantemente tangible.
Me pasé la mano por el cabello, como hago miles de veces al día, en forma casi inconsciente.
Una vez más, había terminado de contar la historia del ángel de un sólo verano.
Me pareció como si hubiera contado esa historia más veces de las que son necesarias para empezar a recitarla de memoria, sin siquiera tener que pensar en lo que sale de mi boca.
"Wow...", dijo por fin ella, y después volvió a quedarse callada.
"Sí bueno... esas cosas pasan", dije yo, sin saber qué más decir.
Siempre me ha parecido graciosa la forma en la que la gente reacciona cuando le cuentas que la persona que más amabas en todo el mundo, murió justo frente a tus ojos.
Es como si su mente tratara de ponerse en tu situación, como si trataran de imaginar la escena.
Te dejan de ver: sus ojos se pierden en algún punto cualquiera, y tú sabes que es porque les parece imposible mantenerte la mirada.
Me parece gracioso cómo por unos segundos, quieren sentir lástima por tí; como si eso los hiciera sentirse mejor del hecho de haber traído el tema a la conversación.
"Y... ¿estás bien?", me preguntó unos segundos después.
Le di un trago a mi café ligeramente frío. "Pfft, fue hace muchos años, claro que estoy bien..."
Ella puso su mano sobre la mía, y me dijo que lo sentía mucho.
¿Sentirlo por qué?
No es como si fuera su culpa, no es como si hubiera conocido a la muerta siquiera.
Sonreí, pero no le dije nada. Nunca he sabido qué decir cuando me dicen que lo sienten.
¿Gracias?, ¿qué amable?
"¿Por qué nunca me habías dicho nada de lo que pasó?"
Precisamente ése tipo de preguntas son las que hacen que nunca tenga ganas de hablar de eso.
"Pues... nunca salió a tema, supongo.", le contesté.
"Pero es algo muy importante de tu vida..."
"Ahá, pero no es como si fuera a ir por la vida dicíendole a la gente "Hola, me llamo Joselo, hace muchos años mi novia se murió mientras yo veía lo que pasaba sin poder hacer nada al respecto, ¿me pasas la sal?", ¿sabes?, es un tema un poco más delicado que eso"
Me estaba viendo con los ojos ligeramente llorosos. Si hay algo que odio en este mundo es que la gente llore por mi culpa, aunque técnicamente no sea mi culpa.
"¿Ves?, si lo estuviera diciendo todo el tiempo, la gente se pondría a llorar y nunca me pasarían la sal..."
Ella sonrió un poco.
"¿Piensas mucho en ella?"
"Meh... ya no mucho. Antes pensaba en eso todo el tiempo, pero supongo que fue hace tantos años, que lo he ido borrando poco a poco... no lo sé, es raro, ¿sabes?"
Esperaba que ella me contestara "sí, sí sé", pero como se quedó callada, tuve que seguir hablando.
"Es raro porque ya no me pone triste ni nada, pero cuando escribo de eso, siempre parece como si yo estuviera deshecho por lo que pasó... supongo que es simplemente mi forma pitera de escribir"
"¿Escribes mucho de eso?", me preguntó.
"Mucho más de lo que me gustaría, ja"
"Entonces todavía la extrañas..."
Le di otro trago a mi café, en parte porque si no me tapaba la boca iba a terminar agradeciéndole por recalcarme lo obscenamente obvio.
Seguro después me diría que tengo un cromosoma Y, que mi cabello es café, y que uso el sarcasmo para esconder lo estúpidamente vulnerable que soy.
"Nunca la voy a dejar de extrañar, pero no es eso", le dije.
"¿Entonces?"
"No sé... es como si tuviera que escribir de eso... como si tuviera que plasmar cada detalle, por pequeño y ridículo que sea..."
Ella se quedó callada.
Ella se quedó callada, y yo empecé a sentir algo raro en mi pecho.
Se sentía frío, se sentía como si me empezaran a apretar muy fuerte.
Sin darme cuenta, seguí hablando, cada vez más débil: había dejado de hablarle a ella y me estaba diciendo las cosas a mí mismo.
"Es como si tuviera que escribir mientras todavía me acuerdo, porque algún día se me va a empezar a olvidar todo... y no se me puede olvidar..."
De repente ya no me importó el café, ya no me importó mi amiga, ya no me importó que afuera estuviera lloviendo, ya no me importó nada.
Tenía miedo.
"Si se me olvida es como si no hubiera sido real, como si nunca hubiera pasado... como si ella nunca hubiera existido..."
El frío que empecé a sentir sólo me recordó lo lejos que estaba de la playa y de esos días.
miércoles, 18 de agosto de 2010
Wait for me
Hace mucho tiempo, me preguntaste si me gustaba el mar.
Yo me encogí de hombros, y después te dije "no lo sé..."
Pasaste tus manos por mi cabello, y mientras tu mirada verde buscaba mis ojos, me dijiste que no podía no saber.
Me dijiste que el mar era la cosa más hermosa que había en este planeta.
Yo te miré sin saber qué decir. De alguna forma, siempre lograste dejarme sin palabras.
Me besaste en silencio, y después volviste a hablar del mar.
No tenías ni idea, pero cada cosa que decías, quedaría grabada en mi mente para siempre.
"El mar es mágico... tú y yo venimos de ahí, ¿sabes?"
Pensando que bromeabas, yo solté una risa nerviosa. Tomaste mi mano y la apretaste con cuidado.
"No, no te rías, es en serio, tú y yo salimos del mar"
Te miré con todo el amor que había dentro de mí. Te miré con todo el amor que alguien como yo podía sentir.
"Pero tú y yo somos de aquí, de la ciudad, lejos del mar...", te contesté.
Todavía hoy, cuando recuerdo lo que dije, me siento tonto. Siempre me sentí tonto junto a ti, porque tú parecías saberlo todo.
"Pero nosotros venimos del mar, salimos del agua; aunque hayamos nacido en la ciudad", me contestaste cariñosamente mientras tomabas mi otra mano y la besabas.
Te dije que no entendía.
"¿No te has fijado cómo cuando ves el mar, puedes ver el cielo reflejado en él?"
Bajé mi mirada. Cada vez que me veías a los ojos, hacías que me sintiera como un niño.
"Algún día me vas a entender, tonto. Algún día te vas a dar cuenta de que tú y yo venimos del mar"
Sin saber qué decir, dejé que pusieras tu cabeza en mi hombro.
"Y algún día, tú y yo vamos a regresar al mar..."
Una lágrima resbaló por tu mejilla.
Hace mucho tiempo, me preguntaste si me gustaba el mar.
Hace mucho tiempo, me encogí de hombros y te dije que no sabía.
Hace mucho tiempo, dejé de ser el niño que no podía ni siquiera verte a los ojos sin preguntarme qué era lo que alguien como tú veía en mí.
Hace mucho tiempo, me di cuenta de que no me gusta el mar.
Es traicionero. Es muy fácil perderse en su inmensidad. Es muy fácil olvidar lo poderoso que es.
Es muy fácil que las olas se lo lleven todo: las cosas, el tiempo, los recuerdos, a las personas...
No me gusta el mar porque le tengo miedo.
En un par de días voy a ir a la playa, y voy a caminar descalzo, para dejar que la espuma resbale entre mis dedos, como hacíamos tú y yo hace tanto tiempo ya.
Te voy a extrañar, mucho; aunque en cierta forma, yo sé que tú vas a estar ahí, en la arena, jugando con mis pies.
"Algún día, tú y yo vamos a regresar al mar"
Lo sé, pero esta vez, yo sólo voy de visita...
Wait for me.
Always and forever.
Yo me encogí de hombros, y después te dije "no lo sé..."
Pasaste tus manos por mi cabello, y mientras tu mirada verde buscaba mis ojos, me dijiste que no podía no saber.
Me dijiste que el mar era la cosa más hermosa que había en este planeta.
Yo te miré sin saber qué decir. De alguna forma, siempre lograste dejarme sin palabras.
Me besaste en silencio, y después volviste a hablar del mar.
No tenías ni idea, pero cada cosa que decías, quedaría grabada en mi mente para siempre.
"El mar es mágico... tú y yo venimos de ahí, ¿sabes?"
Pensando que bromeabas, yo solté una risa nerviosa. Tomaste mi mano y la apretaste con cuidado.
"No, no te rías, es en serio, tú y yo salimos del mar"
Te miré con todo el amor que había dentro de mí. Te miré con todo el amor que alguien como yo podía sentir.
"Pero tú y yo somos de aquí, de la ciudad, lejos del mar...", te contesté.
Todavía hoy, cuando recuerdo lo que dije, me siento tonto. Siempre me sentí tonto junto a ti, porque tú parecías saberlo todo.
"Pero nosotros venimos del mar, salimos del agua; aunque hayamos nacido en la ciudad", me contestaste cariñosamente mientras tomabas mi otra mano y la besabas.
Te dije que no entendía.
"¿No te has fijado cómo cuando ves el mar, puedes ver el cielo reflejado en él?"
Bajé mi mirada. Cada vez que me veías a los ojos, hacías que me sintiera como un niño.
"Algún día me vas a entender, tonto. Algún día te vas a dar cuenta de que tú y yo venimos del mar"
Sin saber qué decir, dejé que pusieras tu cabeza en mi hombro.
"Y algún día, tú y yo vamos a regresar al mar..."
Una lágrima resbaló por tu mejilla.
Hace mucho tiempo, me preguntaste si me gustaba el mar.
Hace mucho tiempo, me encogí de hombros y te dije que no sabía.
Hace mucho tiempo, dejé de ser el niño que no podía ni siquiera verte a los ojos sin preguntarme qué era lo que alguien como tú veía en mí.
Hace mucho tiempo, me di cuenta de que no me gusta el mar.
Es traicionero. Es muy fácil perderse en su inmensidad. Es muy fácil olvidar lo poderoso que es.
Es muy fácil que las olas se lo lleven todo: las cosas, el tiempo, los recuerdos, a las personas...
No me gusta el mar porque le tengo miedo.
En un par de días voy a ir a la playa, y voy a caminar descalzo, para dejar que la espuma resbale entre mis dedos, como hacíamos tú y yo hace tanto tiempo ya.
Te voy a extrañar, mucho; aunque en cierta forma, yo sé que tú vas a estar ahí, en la arena, jugando con mis pies.
"Algún día, tú y yo vamos a regresar al mar"
Lo sé, pero esta vez, yo sólo voy de visita...
Wait for me.
Always and forever.
Pour toujours.
domingo, 20 de junio de 2010
En junio
Abrí los ojos.
Una enorme y helada gota de lluvia acababa de caer sobre mi frente.
El cielo estaba pintado de un color gris que me recordaba a la tristeza.
Giré mi cabeza y la vi: ahí estaba ella, todavía dormida, con una sonrisa iluminando su rostro.
Yo me quedé ahí, inmóvil, viéndola.
Después de no recuerdo cuánto tiempo, ella abrió sus ojos.
"Hola", me dijo con una voz débil, como si el sueño que acababa de abandonar la hubiera llevado tan lejos, que ahora estaba regresando a este mundo por partes, poquito a poco y sin prisas.
"Hola", le respondí con cuidado, como si tuviera miedo de romperla.
Ella seguía ahí, viéndome y sonriendo en silencio.
Yo besé su frente, y después ella acomodó su cabeza en mi pecho.
"¿Sabes? Estaba soñando algo increíble, pero despertar así hace que dejar de dormir valga la pena..."
Yo reí, y le dije "¿Cómo?"
"Shhh, no hagas preguntas, arruinas el momento", me contestó.
"Está empezando a llover", le dije al fin. Resaltar lo obvio siempre ha sido uno de mis mayores defectos.
De repente, la realidad nos cayó de golpe: estábamos tirados a la mitad de nada, pero en medio de todo.
Nos habíamos acostado en un camellón, y mientras veíamos a las nubes, nos quedamos profundamente dormidos. Ahora la lluvia se había encargado de despertarnos y de regresarnos a la vida real.
Las gotas caían cada vez con más fuerza, y de pronto era obvio que no podíamos seguir tirados ahí, sin hacer nada.
Me levanté, y tomé su mano. Ella se paró sin prisa, se quitó el pelo de la cara y se estiró, bostezando.
"Anda, apúrate tonta, nos vamos a mojar", le dije con un poco de impaciencia.
Ella terminó de estirarse, parpadeó un par de veces con la mirada perdida en el infinito, y después me dijo: "¿y qué?, ¿le tienes miedo a la lluvia?"
"No, pero no me gusta ir por la vida todo empapado"
La lluvia ya era muy fuerte. Ella sonrió, abrió los brazos, y empezó a dar vueltas.
"Amo la lluvia", dijo feliz.
"¿Por qué?", le pregunté sin saber qué más decir.
"Porque me recuerda al mar. Me recuerda que el mar y el cielo no están tan lejos, ni son tan diferentes..."
Volvió a quitarse el pelo de la cara, y me tomó de la mano.
"Ven, vámonos", me dijo.
"¿A dónde vamos?"
"¿Acaso importa? Vamos a caminar bajo la lluvia", me contestó.
"Sería bonito si estuviéramos soñando, ¿no?", dije mientras íbamos hacia ningún lado.
"No, prefiero estar aquí, despierta. Las lluvias de junio siempre son las mejores..."
Una enorme y helada gota de lluvia acababa de caer sobre mi frente.
El cielo estaba pintado de un color gris que me recordaba a la tristeza.
Giré mi cabeza y la vi: ahí estaba ella, todavía dormida, con una sonrisa iluminando su rostro.
Yo me quedé ahí, inmóvil, viéndola.
Después de no recuerdo cuánto tiempo, ella abrió sus ojos.
"Hola", me dijo con una voz débil, como si el sueño que acababa de abandonar la hubiera llevado tan lejos, que ahora estaba regresando a este mundo por partes, poquito a poco y sin prisas.
"Hola", le respondí con cuidado, como si tuviera miedo de romperla.
Ella seguía ahí, viéndome y sonriendo en silencio.
Yo besé su frente, y después ella acomodó su cabeza en mi pecho.
"¿Sabes? Estaba soñando algo increíble, pero despertar así hace que dejar de dormir valga la pena..."
Yo reí, y le dije "¿Cómo?"
"Shhh, no hagas preguntas, arruinas el momento", me contestó.
"Está empezando a llover", le dije al fin. Resaltar lo obvio siempre ha sido uno de mis mayores defectos.
De repente, la realidad nos cayó de golpe: estábamos tirados a la mitad de nada, pero en medio de todo.
Nos habíamos acostado en un camellón, y mientras veíamos a las nubes, nos quedamos profundamente dormidos. Ahora la lluvia se había encargado de despertarnos y de regresarnos a la vida real.
Las gotas caían cada vez con más fuerza, y de pronto era obvio que no podíamos seguir tirados ahí, sin hacer nada.
Me levanté, y tomé su mano. Ella se paró sin prisa, se quitó el pelo de la cara y se estiró, bostezando.
"Anda, apúrate tonta, nos vamos a mojar", le dije con un poco de impaciencia.
Ella terminó de estirarse, parpadeó un par de veces con la mirada perdida en el infinito, y después me dijo: "¿y qué?, ¿le tienes miedo a la lluvia?"
"No, pero no me gusta ir por la vida todo empapado"
La lluvia ya era muy fuerte. Ella sonrió, abrió los brazos, y empezó a dar vueltas.
"Amo la lluvia", dijo feliz.
"¿Por qué?", le pregunté sin saber qué más decir.
"Porque me recuerda al mar. Me recuerda que el mar y el cielo no están tan lejos, ni son tan diferentes..."
Volvió a quitarse el pelo de la cara, y me tomó de la mano.
"Ven, vámonos", me dijo.
"¿A dónde vamos?"
"¿Acaso importa? Vamos a caminar bajo la lluvia", me contestó.
"Sería bonito si estuviéramos soñando, ¿no?", dije mientras íbamos hacia ningún lado.
"No, prefiero estar aquí, despierta. Las lluvias de junio siempre son las mejores..."
sábado, 12 de junio de 2010
Escuchando la lluvia
"¿No te encanta?", me dijo.
Yo miraba mi plato en silencio. Lo que hace poco había sido la taza de café más perfecta del mundo, ahora se había convertido en una taza sucia, vacía, y con los restos de unos cuantos granos recién molidos mirándome desde el fondo.
"No sé, me parece un poco triste...", le contesté a media voz.
Ella me miró callada por un par de segundos, y después me dijo "yo hablaba de la lluvia... está lloviendo afuera, ¿no oyes?"
Me encogí de hombros y seguí mirando mi taza vacía.
"Yo hablaba del café, yo hablaba de como las cosas cambian... de como todo cambia..."
Sentí que una lágrima estaba a punto de resbalar por mi cara, así que cerré los ojos con fuerza. Ella puso su mano en mi mejilla, y yo solamente sentí su calor.
Abrí los ojos y levanté la cabeza; ella me estaba mirando con una sonrisa triste.
"¡Sé leer el café!, ¿quieres que lo intente?", me dijo mientras sus ojos se iluminaban.
Mientras su mano trataba de alcanzar mi taza vacía, yo le dije "tú sabes hacerlo todo, ¿verdad?"
"No todo, pero soy muy buena leyendo el café de la gente que necesita saber qué va a pasar", contestó mientras se quitaba el pelo de la cara.
Miró el fondo de mi taza por varios segundos, poniendo cara de estar concentrada; y después suspiró y me miro consternada.
"¿Qué?, ¿qué pasa?", le pregunté, fingiendo preocupación.
Ella cerró los ojos y negó con la cabeza.
"¡Ya tonta, dime!", volví a preguntarle.
"Esto es malo niño, muy malo..."
Volvió a quitarse el pelo de la cara, y yo me llevé las manos a la boca, haciendo como que estaba asustado.
"¿Me... me voy a morir?", mi voz sonaba amortiguada.
"No juegues con eso... tú no te puedes morir nunca, ¿ok?", contestó.
Sin saber qué decir, los dos nos quedamos callados, y ella volvió a mirar mi taza de café.
"No, no es malo... bueno, no sé...", rompió el silencio por fin. "No te vas a morir, pero te vas a ir muy lejos..."
"¿Cómo?", le pregunté.
"Te van a crecer alas"
Sus ojos brillaban, felices.
"¿Alas?", pregunté tontamente.
"Sí, dos alas grandes y blancas. Te van a salir dos alas de la espalda, y vas a volar muy lejos.
Vas a volar por encima de todos, y vas a tratar de alcanzar el Sol."
"¿Cómo Ícaro?", le dije.
"No tonto, Ícaro tuvo que construir sus propias alas; las tuyas te van a salir solitas, cuando menos lo esperes... y entonces te vas a ir muy lejos..."
No dijimos nada; ella porque parecía estar pensando en lo que había dicho, y yo porque no sabía qué decir. Siempre he sido así de tonto.
"Me encanta que me cuentes esos cuentos, ¿sabes?", le dije por fin, pensando que eso la haría sonreír.
"No son cuentos, tarado..."
"¿Ah no?, entonces ¿qué son?"
El pelo volvió a caerle encima de la cara, pero ahora no se lo quitó; parecía como si no quisiera verme a los ojos.
"Son sueños... con mis sueños puedo crear un mundo sólo para ti..."
"Me gusta tu mundo", le dije en una voz más baja de la que hubiera querido, mientras le quitaba el pelo de la cara y le sonreía.
"Es tuyo... puedes apropiártelo si quieres...", me contestó, y noté que una lágrima le resbalaba por la cara.
"Hablaba en serio, ¿sabes?", me dijo con voz cortada, "un día te van a crecer alas, y vas a volar muy lejos de aquí..."
"¿A dónde me voy a ir?"
"A... lejos. A un lugar mucho más bonito, y en donde estés rodeado de seres como tú, para que puedan cambiar miradas y atrever sonrisas"
Ella estaba llorando, y yo no supe qué hacer.
"¿Te puedo llevar conmigo?", le pregunté.
Ella tomó mi mano y la puso entre las suyas, pero no contestó nada.
"Hablo en serio, ¿ok?, tú no te puedes morir nunca", dijo por fin.
"Ok, pero tú tampoco te puedes morir entonces".
"No me voy a morir nunca, te lo prometo", me dijo...
Yo miraba mi plato en silencio. Lo que hace poco había sido la taza de café más perfecta del mundo, ahora se había convertido en una taza sucia, vacía, y con los restos de unos cuantos granos recién molidos mirándome desde el fondo.
"No sé, me parece un poco triste...", le contesté a media voz.
Ella me miró callada por un par de segundos, y después me dijo "yo hablaba de la lluvia... está lloviendo afuera, ¿no oyes?"
Me encogí de hombros y seguí mirando mi taza vacía.
"Yo hablaba del café, yo hablaba de como las cosas cambian... de como todo cambia..."
Sentí que una lágrima estaba a punto de resbalar por mi cara, así que cerré los ojos con fuerza. Ella puso su mano en mi mejilla, y yo solamente sentí su calor.
Abrí los ojos y levanté la cabeza; ella me estaba mirando con una sonrisa triste.
"¡Sé leer el café!, ¿quieres que lo intente?", me dijo mientras sus ojos se iluminaban.
Mientras su mano trataba de alcanzar mi taza vacía, yo le dije "tú sabes hacerlo todo, ¿verdad?"
"No todo, pero soy muy buena leyendo el café de la gente que necesita saber qué va a pasar", contestó mientras se quitaba el pelo de la cara.
Miró el fondo de mi taza por varios segundos, poniendo cara de estar concentrada; y después suspiró y me miro consternada.
"¿Qué?, ¿qué pasa?", le pregunté, fingiendo preocupación.
Ella cerró los ojos y negó con la cabeza.
"¡Ya tonta, dime!", volví a preguntarle.
"Esto es malo niño, muy malo..."
Volvió a quitarse el pelo de la cara, y yo me llevé las manos a la boca, haciendo como que estaba asustado.
"¿Me... me voy a morir?", mi voz sonaba amortiguada.
"No juegues con eso... tú no te puedes morir nunca, ¿ok?", contestó.
Sin saber qué decir, los dos nos quedamos callados, y ella volvió a mirar mi taza de café.
"No, no es malo... bueno, no sé...", rompió el silencio por fin. "No te vas a morir, pero te vas a ir muy lejos..."
"¿Cómo?", le pregunté.
"Te van a crecer alas"
Sus ojos brillaban, felices.
"¿Alas?", pregunté tontamente.
"Sí, dos alas grandes y blancas. Te van a salir dos alas de la espalda, y vas a volar muy lejos.
Vas a volar por encima de todos, y vas a tratar de alcanzar el Sol."
"¿Cómo Ícaro?", le dije.
"No tonto, Ícaro tuvo que construir sus propias alas; las tuyas te van a salir solitas, cuando menos lo esperes... y entonces te vas a ir muy lejos..."
No dijimos nada; ella porque parecía estar pensando en lo que había dicho, y yo porque no sabía qué decir. Siempre he sido así de tonto.
"Me encanta que me cuentes esos cuentos, ¿sabes?", le dije por fin, pensando que eso la haría sonreír.
"No son cuentos, tarado..."
"¿Ah no?, entonces ¿qué son?"
El pelo volvió a caerle encima de la cara, pero ahora no se lo quitó; parecía como si no quisiera verme a los ojos.
"Son sueños... con mis sueños puedo crear un mundo sólo para ti..."
"Me gusta tu mundo", le dije en una voz más baja de la que hubiera querido, mientras le quitaba el pelo de la cara y le sonreía.
"Es tuyo... puedes apropiártelo si quieres...", me contestó, y noté que una lágrima le resbalaba por la cara.
"Hablaba en serio, ¿sabes?", me dijo con voz cortada, "un día te van a crecer alas, y vas a volar muy lejos de aquí..."
"¿A dónde me voy a ir?"
"A... lejos. A un lugar mucho más bonito, y en donde estés rodeado de seres como tú, para que puedan cambiar miradas y atrever sonrisas"
Ella estaba llorando, y yo no supe qué hacer.
"¿Te puedo llevar conmigo?", le pregunté.
Ella tomó mi mano y la puso entre las suyas, pero no contestó nada.
"Hablo en serio, ¿ok?, tú no te puedes morir nunca", dijo por fin.
"Ok, pero tú tampoco te puedes morir entonces".
"No me voy a morir nunca, te lo prometo", me dijo...
lunes, 12 de abril de 2010
De fotos perdidas
Mi vida necesita un botón para olvidar, un botón para olvidarte.
Mi vida estaría mejor si borrara todos los recuerdos que tengo de ti; simplemente desvanecerte de una vez y para siempre.
Mi vida tendría muchísimo menos dolor si no estuvieras tú.
Mi vida estaría mejor si borrara todos los recuerdos que tengo de ti; simplemente desvanecerte de una vez y para siempre.
Mi vida tendría muchísimo menos dolor si no estuvieras tú.
No puedo decirte cuántas veces pensé esto, porque nunca me enseñaron a contar hasta un número tan alto.
Despertaba con lágrimas en los ojos, y lo primero que olía era tu perfume de vainilla.
Cerraba los ojos con fuerza, y trataba de volver a dormir, porque tal vez todo era un sueño. Tal vez si volvía a dormir, la próxima vez que despertara vería tus ojos verdes viéndome a mí.
En una de esas mañanas en las que me faltabas tú para poder respirar, pensé que si te esfumaras, el dolor se iría para siempre.
Una de esas tantas mañanas...
Caminaba en automático, sintiendo que mis pies caían pesadamente sobre el pavimento.
Entonces recordaba que tus pies nunca hicieron ruido, porque siempre encontrabas la forma de volar al ras de la tierra, nadando de pie; y nunca nadie se atrevió a decir que no caminabas.
En una de esas tardes en las que la calle estaba llena de gente que no cambia miradas ni se sonríe, pensé que si te esfumaras, el dolor se iría para siempre.
Una de esas tantas tardes...
Por más tiempo del que puedo recordar, tuve miedo de mirar hacia arriba, y de ver la Luna llena, porque sabía que te iba a ver a ti, y el hueco que dejaste en mi pecho volvería a abrirse, recordándome que no estoy completo.
En una de esas noches en las que el frío penetraba los cuerpos, sin importar cuántos abrigos tuvieran puestos, pensé que si te esfumaras, el dolor se iría para siempre.
Una de esas tantas noches...
El tiempo pasó, y yo nunca te pude borrar, pero ahora me doy cuenta de que las cosas son muy diferentes de lo que yo pensaba:
Si tú te fueras, el dolor no se esfumaría; porque el dolor llegó justo el día que tú te fuiste.
Y hoy, después de tantos años de tenerte sólo en mi recuerdo, te volviste a aparecer.
Justo hoy, me conecté y encontré un correo:
"Encontré estas fotos hace unos días, pensé que tal vez las querrías ver. Espero que estés bien."
Y te vi, por primera vez en muchísimo tiempo... y fui muy feliz.
Te extraño Cristina, espero que estés descansando, y sigas soñando con los mortales.
Je t'aime.
Pour toujours.
Feel the sun warming up your second-hand heart
Light swimming right across your face
And you think maybe someday, yeah
Maybe someday...
Light swimming right across your face
And you think maybe someday, yeah
Maybe someday...
sábado, 30 de enero de 2010
De recuerdos fugaces
¿Estabas ahí?
Claro que lo estabas... no sé ni por qué pregunto.
Es increíble cómo después de tanto tiempo, te sigues acordando de los detalles tontos y ridículos.
Tontos y ridículos, como tú y yo...
Yo también los recuerdo; aunque las lunas sigan pasando, y las nubes sigan escapando de entre nuestras manos.
Siempre me voy a acordar.
Hoy desperté con el olor de la mezcla de la casa, haciéndome cosquillas en la nariz.
Por un momento pensé que si estiraba la mano, podría sentir tu cabello.
Tú sonreirías mientras abrías tus ojos verdes, y me mirarías en silencio, antes de darme un beso en la frente.
Jamás olvidaré esos ojos verdes, tan grandes y tan felices; ansiosos de abrirse y de mirar todas las cosas que el mundo tenía para ofrecer.
Pasaron unos cuantos segundos antes de que me diera cuenta de que tú no estabas ahí, junto a mí.
Con una lágrima resbalándome por la cara, recité tu frase favorita. Esa frase que te escucharía decir miles de veces, y que te encantaba decir en voz alta cada vez que te abrazaba, debajo de ese techo marrón que cobijaría nuestros sueños de verano.
Me levanté de mi cama, y traté de seguir con mi rutina cotidiana; la que tuve que adoptar desde el día en que te fuiste de mi vida.
Me vi en el espejo, y me di cuenta de que mi cabello estaba más despeinado que de costumbre.
Justo cuando tomé mi cepillo, escuché tu voz, tan clara como en el día en que me lo dijiste por primera vez: "No, no te hagas nada. Me encantas cuando estás despeinado. Eres lindo, ¿sabes?"
Sonreí, mientras me pasaba la mano por el cabello; tratando de quitármelo de encima de los ojos.
Bajé a la cocina, donde mi familia ya estaba comiendo.
"Los quiero mucho...", les dije, antes de sentarme en mi lugar.
Feliz, aunque un poco confundida; mi mamá me sirvió un plato de minestrone. Tu favorito.
El aroma me llegó a la nariz, y yo reconocí tu perfume por unos segundos.
Con una sonrisa ridícula en la boca, recordé el día en que tú y yo lo cocinamos juntos.
Tú picabas las verduras, mientras cantabas una vieja canción de cuna. Las lágrimas resbalaban por tus mejillas.
Yo te preguntaría si todo estaba bien, y tú sólo sonreirías, enseñándome tus dientes ligeramente grandes, pero totalmente perfectos.
Me aventarías un pedazo de zanahoria, y me dirías que jamás en la vida habías sido tan feliz.
Terminé de comer.
"Los quiero mucho...", le repetí a mi familia, y después salí de la cocina.
Sin saber qué hacer, subí a mi cuarto, y me tiré en mi cama.
Pasé mis manos por mi cara, y suspiré.
Sentí el metal de tu anillo rozando mi rostro, y recordé lo mucho que significaba para ti.
Volví a recitar tu frase favorita, mientras me quitaba tu anillo.
Noté que la silueta del objeto que llevaba tantos años conmigo, era claramente visible en mi mano.
"Mira lo que me estás haciendo, torpe...", te dije, mientras volvía a poner tu tesoro en mi dedo.
Me pregunto si algún día podré regresártelo. Estoy seguro de que lo extrañas.
Tratando de alejar mi mente de ti, salí de mi casa.
Las calles fluían dulcemente, pero las luces no se veían tan vivas como siempre...
"Deseo...", dije, a nadie en particular, mientras caminaba bajo la luz de la luna llena.
Mis amigos me vieron raro, pero no dijeron nada; probablemente acostumbrados a que las cosas que digo suelen no tener mucho sentido.
Había olvidado mi chamarra. Tenía frío.
"¿Estás bien?", me dijo una amiga, cuando me vio temblar.
"No... mi gente no está hecha para estar tan lejos del Sol", le contestaría, sonriéndole; a pesar de saber que ella no entendería a lo que me refería.
Tenía que robarte una de tus frases... perdóname.
La luna me acompañaría durante el resto de la noche, y yo tendría que quitarme el pelo de la cara cada vez que volteara hacia arriba para verla.
Sonreiría cada vez que lo hiciera.
Por fin llegué a mi casa.
En la puerta, encontraría una pluma blanca, demasiado perfecta para ser de pájaro.
Otra lágrima resbalaría por mi cara, mientras una sonrisa triste aparecía en mi rostro.
Mire mi reloj: las doce en punto.
El día había terminado.
Y ahora, aquí estoy, escribiéndote como si en verdad pudieras leerme.
Te extraño, ¿sabes?
Ayer, hace 7 años, tú y yo nos conocimos.
Sabía que no lo olvidarías.
Al menos, yo jamás lo haré.
Buenas noches, Cristina.
Yo sé que en algún lugar, debes de estar dormida, soñando con los mortales; mientras el ruido de las olas cobija tu sueño.
Algún día te voy a alcanzar.
Je t'aime.
Pour toujours.
Claro que lo estabas... no sé ni por qué pregunto.
Es increíble cómo después de tanto tiempo, te sigues acordando de los detalles tontos y ridículos.
Tontos y ridículos, como tú y yo...
Yo también los recuerdo; aunque las lunas sigan pasando, y las nubes sigan escapando de entre nuestras manos.
Siempre me voy a acordar.
Hoy desperté con el olor de la mezcla de la casa, haciéndome cosquillas en la nariz.
Por un momento pensé que si estiraba la mano, podría sentir tu cabello.
Tú sonreirías mientras abrías tus ojos verdes, y me mirarías en silencio, antes de darme un beso en la frente.
Jamás olvidaré esos ojos verdes, tan grandes y tan felices; ansiosos de abrirse y de mirar todas las cosas que el mundo tenía para ofrecer.
Pasaron unos cuantos segundos antes de que me diera cuenta de que tú no estabas ahí, junto a mí.
Con una lágrima resbalándome por la cara, recité tu frase favorita. Esa frase que te escucharía decir miles de veces, y que te encantaba decir en voz alta cada vez que te abrazaba, debajo de ese techo marrón que cobijaría nuestros sueños de verano.
Me levanté de mi cama, y traté de seguir con mi rutina cotidiana; la que tuve que adoptar desde el día en que te fuiste de mi vida.
Me vi en el espejo, y me di cuenta de que mi cabello estaba más despeinado que de costumbre.
Justo cuando tomé mi cepillo, escuché tu voz, tan clara como en el día en que me lo dijiste por primera vez: "No, no te hagas nada. Me encantas cuando estás despeinado. Eres lindo, ¿sabes?"
Sonreí, mientras me pasaba la mano por el cabello; tratando de quitármelo de encima de los ojos.
Bajé a la cocina, donde mi familia ya estaba comiendo.
"Los quiero mucho...", les dije, antes de sentarme en mi lugar.
Feliz, aunque un poco confundida; mi mamá me sirvió un plato de minestrone. Tu favorito.
El aroma me llegó a la nariz, y yo reconocí tu perfume por unos segundos.
Con una sonrisa ridícula en la boca, recordé el día en que tú y yo lo cocinamos juntos.
Tú picabas las verduras, mientras cantabas una vieja canción de cuna. Las lágrimas resbalaban por tus mejillas.
Yo te preguntaría si todo estaba bien, y tú sólo sonreirías, enseñándome tus dientes ligeramente grandes, pero totalmente perfectos.
Me aventarías un pedazo de zanahoria, y me dirías que jamás en la vida habías sido tan feliz.
Terminé de comer.
"Los quiero mucho...", le repetí a mi familia, y después salí de la cocina.
Sin saber qué hacer, subí a mi cuarto, y me tiré en mi cama.
Pasé mis manos por mi cara, y suspiré.
Sentí el metal de tu anillo rozando mi rostro, y recordé lo mucho que significaba para ti.
Volví a recitar tu frase favorita, mientras me quitaba tu anillo.
Noté que la silueta del objeto que llevaba tantos años conmigo, era claramente visible en mi mano.
"Mira lo que me estás haciendo, torpe...", te dije, mientras volvía a poner tu tesoro en mi dedo.
Me pregunto si algún día podré regresártelo. Estoy seguro de que lo extrañas.
Tratando de alejar mi mente de ti, salí de mi casa.
Las calles fluían dulcemente, pero las luces no se veían tan vivas como siempre...
"Deseo...", dije, a nadie en particular, mientras caminaba bajo la luz de la luna llena.
Mis amigos me vieron raro, pero no dijeron nada; probablemente acostumbrados a que las cosas que digo suelen no tener mucho sentido.
Había olvidado mi chamarra. Tenía frío.
"¿Estás bien?", me dijo una amiga, cuando me vio temblar.
"No... mi gente no está hecha para estar tan lejos del Sol", le contestaría, sonriéndole; a pesar de saber que ella no entendería a lo que me refería.
Tenía que robarte una de tus frases... perdóname.
La luna me acompañaría durante el resto de la noche, y yo tendría que quitarme el pelo de la cara cada vez que volteara hacia arriba para verla.
Sonreiría cada vez que lo hiciera.
Por fin llegué a mi casa.
En la puerta, encontraría una pluma blanca, demasiado perfecta para ser de pájaro.
Otra lágrima resbalaría por mi cara, mientras una sonrisa triste aparecía en mi rostro.
Mire mi reloj: las doce en punto.
El día había terminado.
Y ahora, aquí estoy, escribiéndote como si en verdad pudieras leerme.
Te extraño, ¿sabes?
Ayer, hace 7 años, tú y yo nos conocimos.
Sabía que no lo olvidarías.
Al menos, yo jamás lo haré.
Buenas noches, Cristina.
Yo sé que en algún lugar, debes de estar dormida, soñando con los mortales; mientras el ruido de las olas cobija tu sueño.
Algún día te voy a alcanzar.
Je t'aime.
Pour toujours.
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Luna llena,
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sábado, 19 de septiembre de 2009
Sueños
Hoy soñé contigo, ¿sabes?
Hoy volví a soñar contigo, como vengo haciendo desde hace un buen rato ya.
Soñé con tu sonrisa, con tu olor, con tu cabello... soñé contigo.
Soñé que me veías, que mirabas cada parte de mí mientras yo enrojecía cada vez más, sin entender qué era lo que podías verme.
Soñé que me decías que me veías a mí, siempre a mí.
Y cuando yo por fin podía devolverte la mirada, la que enrojecías eras tú; y entonces sonreías y dejabas de verme, mientras yo te decía que tenías la sonrisa más hermosa que jamás hubiera visto.
Soñé con tazas de café, tomadas en completo silencio, mientras el ruido de la calle nos ensordecía avasalladoramente.
Aquellos días, entre grises y azules, llenos de alegría y de tristeza, ahora me parecen un sueño...
Soñé con música, con canciones escuchadas en audífonos compartidos, y con esas historias que también me compartías, acerca de lo que haríamos cuando fueramos rockstars, y dejáramos que la música nos enseñara el camino que seguiríamos.
Soñé con aquellas tardes tirados en el pasto, viendo el futuro con los ojos cerrados, mientras compartíamos un presente incierto, de esos que sólo los adolescentes saben concebir.
Soñé con la Luna, y soñé con Luna. Me soñé a mí, viéndolas a las tres, acostadas en la arena con ojos llorosos. Esta vez no había música, porque las olas lo callaban todo. Te soñé en silencio, en blanco y negro; como a una película vieja.
Soñé con tu voz, suave, débil; cantando canciones de cuna mientras picabas cebolla. Soñé que sonreías al mismo tiempo que llorabas.
Siempre le echaste la culpa a las cebollas, pero curiosamente, sólo picabas cebolla cuando te acordabas de esas canciones de cuna.
Soñé con nosotros, caminando bajo la delgada lluvia de junio, tomados de la mano, escurriendo de pies a cabeza. Soñé que temblábamos de frío, pero al mismo tiempo, nos sentíamos más cálidos de lo que jamás habíamos estado.
Soñé con tu promesa, la que todavía te falta por cumplir.
Soñé que regresabas y me pedías que te regresara tu anillo, mientras me agradecías haberlo cuidado durante tanto tiempo.
Soñé que me volvías a sonreír, y que me volvías a mirar, mientras yo enrojecía de nuevo.
Soñé que me decías que había cambiado mucho, soñé que me decías que yo ya era alguien más.
Soñé que te volvías a ir, pero esta vez, me llevabas contigo.
Hoy soñé contigo, ¿sabes?
Hoy volví a soñar contigo, como vengo haciendo desde hace un buen rato ya.
La única diferencia, es que hoy soñé que tú también soñabas conmigo.
Je t'aime.
Pour toujours.
Hoy volví a soñar contigo, como vengo haciendo desde hace un buen rato ya.
Soñé con tu sonrisa, con tu olor, con tu cabello... soñé contigo.
Soñé que me veías, que mirabas cada parte de mí mientras yo enrojecía cada vez más, sin entender qué era lo que podías verme.
Soñé que me decías que me veías a mí, siempre a mí.
Y cuando yo por fin podía devolverte la mirada, la que enrojecías eras tú; y entonces sonreías y dejabas de verme, mientras yo te decía que tenías la sonrisa más hermosa que jamás hubiera visto.
Soñé con tazas de café, tomadas en completo silencio, mientras el ruido de la calle nos ensordecía avasalladoramente.
Aquellos días, entre grises y azules, llenos de alegría y de tristeza, ahora me parecen un sueño...
Soñé con música, con canciones escuchadas en audífonos compartidos, y con esas historias que también me compartías, acerca de lo que haríamos cuando fueramos rockstars, y dejáramos que la música nos enseñara el camino que seguiríamos.
Soñé con aquellas tardes tirados en el pasto, viendo el futuro con los ojos cerrados, mientras compartíamos un presente incierto, de esos que sólo los adolescentes saben concebir.
Soñé con la Luna, y soñé con Luna. Me soñé a mí, viéndolas a las tres, acostadas en la arena con ojos llorosos. Esta vez no había música, porque las olas lo callaban todo. Te soñé en silencio, en blanco y negro; como a una película vieja.
Soñé con tu voz, suave, débil; cantando canciones de cuna mientras picabas cebolla. Soñé que sonreías al mismo tiempo que llorabas.
Siempre le echaste la culpa a las cebollas, pero curiosamente, sólo picabas cebolla cuando te acordabas de esas canciones de cuna.
Soñé con nosotros, caminando bajo la delgada lluvia de junio, tomados de la mano, escurriendo de pies a cabeza. Soñé que temblábamos de frío, pero al mismo tiempo, nos sentíamos más cálidos de lo que jamás habíamos estado.
Soñé con tu promesa, la que todavía te falta por cumplir.
Soñé que regresabas y me pedías que te regresara tu anillo, mientras me agradecías haberlo cuidado durante tanto tiempo.
Soñé que me volvías a sonreír, y que me volvías a mirar, mientras yo enrojecía de nuevo.
Soñé que me decías que había cambiado mucho, soñé que me decías que yo ya era alguien más.
Soñé que te volvías a ir, pero esta vez, me llevabas contigo.
Hoy soñé contigo, ¿sabes?
Hoy volví a soñar contigo, como vengo haciendo desde hace un buen rato ya.
La única diferencia, es que hoy soñé que tú también soñabas conmigo.
Je t'aime.
Pour toujours.
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Luna llena,
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miércoles, 8 de julio de 2009
Han pasado varios años
Y yo todavía te extraño, ¿sabes?
Extraño cada cosa tuya, cada pequeño detalle, cada simple mirada.
Extraño la forma en la que te quejabas de tu pelo despeinado, y te lo quitabas de la cara, siempre sonriendo. Siempre sonriéndome.
Extraño la forma en la que pasabas tu mano por tu boca cada vez que alguien te hacía reir, y después mirabas hacia abajo, avergonzada de tus dientes ligeramente grandes, imperfectamente perfectos.
Extraño la forma en la que podías librarte de tus problemas, bebiendo una taza de café, y citando alguna frase de alguna canción, que seguramente escucharías cientos de veces, hasta que todo se viera mejor y más brillante.
Extraño la forma en la que tus ojos verdes se iluminaban cada vez que hablabas del mar, y de cómo querías volverte una con la arena, para sentir la espuma en tu cuerpo por el resto de la eternidad.
Extraño la forma en la que mirabas la Luna, con una nostalgia evidente en tu mirada. Después sonreirías con tristeza, y hablarías de los buenos viejos tiempos que aún deparaba el futuro.
Extraño la forma en la que movías la pierna cuando estabas impaciente, ansiosa por salir al mundo, ansiosa por vivir nuevas cosas, ansiosa por ver todo lo que la vida tenía para ofrecer.
Extraño la forma en la que me hacías sentir amado, y como cuando estaba contigo, el tiempo pasaba cien veces más rápido, en esas efímeras tardes que pensamos iban a durar para siempre.
Extraño la forma en la que el viento te hacía temblar, quejándote siempre de que este mundo era demasiado frío para ti, y no entendías cómo la gente podía vivir tan lejos del Sol.
Extraño la forma en la que te estirabas al despertar, y después me abrazabas con todas tus fuerzas; porque el día acababa de empezar, y querías que supiera que tú seguías aquí.
Extraño la forma en la que tu cabeza cabía perfectamente en mi hombro, mientras estábamos tirados en el piso, tratando de ver más allá del techo, más allá de las nubes, más allá del cielo.
Extraño la forma en la que limpiabas tus lágrimas, mientras hablabas de tu pasado, y extraño la forma en la que las dejabas correr por tu cara cuando hablabas de nuestro futuro, mostrándome una sonrisa llena de sueños y de confianza.
Extraño la forma en la que siempre había plumas blancas flotando cerca de ti, demasiado perfectas para ser de pájaro.
Y han pasado varios años, y yo todavía te extraño, ¿sabes?
Extraño cada cada cosa tuya, cada pequeño detalle, cada simple mirada.
Han pasado varios años, y todavía me despierto pensando que sigues aquí, junto a mí, sintiendo nostalgia por el futuro.
Pero tantos años no han pasado en vano, torpeza.
Tantos años me han enseñado que nunca te vas a alejar completamente de mí; porque desde que te conocí, cada una de mis sonrisas se parece a la tuya, cada taza de café me sabe a tu perfume, cada canción me suena a tu voz, cada vez que miro la Luna, te veo a ti.
Porque tú eres parte de mí; pasaste a serlo en ese verano perfecto, y entraste a mi vida de una vez y para siempre.
Hace varios años, dejé de peinarme, porque quiero poder quejarme de mi pelo despeinado, y poder sonreír cuando me lo quito de la cara.
Sonreírle al mundo, sonreírte a ti, siempre a ti.
Y todavía te extraño, y nunca creo poder dejar de hacerlo, pero ya no importa; porque ahora, cada paso que doy, me recuerda que tú sigues caminando, flotando cerca del suelo.
Es increíble lo rápido que pasa el tiempo; lo rápido que pasan estos días, y yo sigo pensando que van a durar para siempre.
6 años. 6 largos y etéreos años.
Espero que estés bien, Cristina.
Por fin eres una con la arena, por fin puedes sentir la espuma en tu cuerpo por el resto de la eternidad.
Je t'aime
Pour toujours
Extraño cada cosa tuya, cada pequeño detalle, cada simple mirada.
Extraño la forma en la que te quejabas de tu pelo despeinado, y te lo quitabas de la cara, siempre sonriendo. Siempre sonriéndome.
Extraño la forma en la que pasabas tu mano por tu boca cada vez que alguien te hacía reir, y después mirabas hacia abajo, avergonzada de tus dientes ligeramente grandes, imperfectamente perfectos.
Extraño la forma en la que podías librarte de tus problemas, bebiendo una taza de café, y citando alguna frase de alguna canción, que seguramente escucharías cientos de veces, hasta que todo se viera mejor y más brillante.
Extraño la forma en la que tus ojos verdes se iluminaban cada vez que hablabas del mar, y de cómo querías volverte una con la arena, para sentir la espuma en tu cuerpo por el resto de la eternidad.
Extraño la forma en la que mirabas la Luna, con una nostalgia evidente en tu mirada. Después sonreirías con tristeza, y hablarías de los buenos viejos tiempos que aún deparaba el futuro.
Extraño la forma en la que movías la pierna cuando estabas impaciente, ansiosa por salir al mundo, ansiosa por vivir nuevas cosas, ansiosa por ver todo lo que la vida tenía para ofrecer.
Extraño la forma en la que me hacías sentir amado, y como cuando estaba contigo, el tiempo pasaba cien veces más rápido, en esas efímeras tardes que pensamos iban a durar para siempre.
Extraño la forma en la que el viento te hacía temblar, quejándote siempre de que este mundo era demasiado frío para ti, y no entendías cómo la gente podía vivir tan lejos del Sol.
Extraño la forma en la que te estirabas al despertar, y después me abrazabas con todas tus fuerzas; porque el día acababa de empezar, y querías que supiera que tú seguías aquí.
Extraño la forma en la que tu cabeza cabía perfectamente en mi hombro, mientras estábamos tirados en el piso, tratando de ver más allá del techo, más allá de las nubes, más allá del cielo.
Extraño la forma en la que limpiabas tus lágrimas, mientras hablabas de tu pasado, y extraño la forma en la que las dejabas correr por tu cara cuando hablabas de nuestro futuro, mostrándome una sonrisa llena de sueños y de confianza.
Extraño la forma en la que siempre había plumas blancas flotando cerca de ti, demasiado perfectas para ser de pájaro.
Y han pasado varios años, y yo todavía te extraño, ¿sabes?
Extraño cada cada cosa tuya, cada pequeño detalle, cada simple mirada.
Han pasado varios años, y todavía me despierto pensando que sigues aquí, junto a mí, sintiendo nostalgia por el futuro.
Pero tantos años no han pasado en vano, torpeza.
Tantos años me han enseñado que nunca te vas a alejar completamente de mí; porque desde que te conocí, cada una de mis sonrisas se parece a la tuya, cada taza de café me sabe a tu perfume, cada canción me suena a tu voz, cada vez que miro la Luna, te veo a ti.
Porque tú eres parte de mí; pasaste a serlo en ese verano perfecto, y entraste a mi vida de una vez y para siempre.
Hace varios años, dejé de peinarme, porque quiero poder quejarme de mi pelo despeinado, y poder sonreír cuando me lo quito de la cara.
Sonreírle al mundo, sonreírte a ti, siempre a ti.
Y todavía te extraño, y nunca creo poder dejar de hacerlo, pero ya no importa; porque ahora, cada paso que doy, me recuerda que tú sigues caminando, flotando cerca del suelo.
Es increíble lo rápido que pasa el tiempo; lo rápido que pasan estos días, y yo sigo pensando que van a durar para siempre.
6 años. 6 largos y etéreos años.
Espero que estés bien, Cristina.
Por fin eres una con la arena, por fin puedes sentir la espuma en tu cuerpo por el resto de la eternidad.
Je t'aime
Pour toujours
Cristina Villalpando
1986 - 2003
1986 - 2003
Etiquetas:
Luna llena,
QEPD
lunes, 30 de marzo de 2009
It'd be good to go away, someday...
Hace 5 años, tú y yo estábamos tomando un café mientras veíamos la vida pasar de largo; escondidos bajo ese techo marrón donde nada nos podía lastimar. Nuestro refugio secreto, lo llamarías varias veces.
El tiempo no podía entrar a las puertas verdes con olor a madera y humedad.
Pasaríamos días enteros contemplando el caos del mundo real.
Tú, yo, y dos personas más. 4 individuos unidos para siempre por un pacto hecho en verano.
Me enseñarías cosas de la vida que yo jamás pensé posibles, me abrirías los ojos a un mundo nuevo; complicado, pero a la vez más simple de lo que todos pensarían.
Hace 5 años estaríamos tú y yo tomando un café, pensando en formas de escaparnos de todo y de todos.
Gracias a ti, mi vida se transformaría completamente. Gracias a ustedes dos.
Ustedes dos me hicieron la persona que soy.
Hace 5 años pasaríamos tardes mágicas, sentados frente a la espuma, escuchando el misterio del silencio.
La Luna, como tú, iluminaría nuestros ojos mientras mirábamos hacia adelante.
Tú me enseñaste a mirar al futuro con nostalgia.
Hace 5 años, tú la tomarías de la mano mientras se daban al mar, introduciéndose en el espejo del cielo bajo el calor de una noche nublada.
Yo no podría hacer nada mas que ver como sus plumas blancas se alejaban.
Y entonces ella se iría, cerrando sus ojos verdes para siempre.
Y tú... tú jamás volverías a ser la misma.
Pasaríamos más tiempo juntos, pero esa sombra con cabello despeinado sobre la cara siempre estaría sobre nosotros, pesando demasiado.
Y yo me alejé, tratando de dejar esa sombra atrás; porque su sonrisa con dientes desordenadamente perfectos no me dejaba respirar.
Tú jamás te alejaste de ella. Te quedaste con la sombra, todos los días.
Y hoy me entero de que regresaste al mar; hoy me entero de que volviste por ella.
Y hoy me entero de que te quedaste con ella para siempre.
Descansa en paz L.
Te voy a extrañar.
She's been here too few years to take it all in stride
But still it's much too long, to let the hurt go
You let her go
And we always say, it would be good to go away, someday
But if there's nothing there to make things change
If it's the same for you I'll just hang
I'll always hang
Well I always say, it would be good to go
But if things don't work out like we think
And there's nothing there to ease this ache
But it there's nothing there to make things change
If it's the same for you I'll just hang
El tiempo no podía entrar a las puertas verdes con olor a madera y humedad.
Pasaríamos días enteros contemplando el caos del mundo real.
Tú, yo, y dos personas más. 4 individuos unidos para siempre por un pacto hecho en verano.
Me enseñarías cosas de la vida que yo jamás pensé posibles, me abrirías los ojos a un mundo nuevo; complicado, pero a la vez más simple de lo que todos pensarían.
Hace 5 años estaríamos tú y yo tomando un café, pensando en formas de escaparnos de todo y de todos.
Gracias a ti, mi vida se transformaría completamente. Gracias a ustedes dos.
Ustedes dos me hicieron la persona que soy.
Hace 5 años pasaríamos tardes mágicas, sentados frente a la espuma, escuchando el misterio del silencio.
La Luna, como tú, iluminaría nuestros ojos mientras mirábamos hacia adelante.
Tú me enseñaste a mirar al futuro con nostalgia.
Hace 5 años, tú la tomarías de la mano mientras se daban al mar, introduciéndose en el espejo del cielo bajo el calor de una noche nublada.
Yo no podría hacer nada mas que ver como sus plumas blancas se alejaban.
Y entonces ella se iría, cerrando sus ojos verdes para siempre.
Y tú... tú jamás volverías a ser la misma.
Pasaríamos más tiempo juntos, pero esa sombra con cabello despeinado sobre la cara siempre estaría sobre nosotros, pesando demasiado.
Y yo me alejé, tratando de dejar esa sombra atrás; porque su sonrisa con dientes desordenadamente perfectos no me dejaba respirar.
Tú jamás te alejaste de ella. Te quedaste con la sombra, todos los días.
Y hoy me entero de que regresaste al mar; hoy me entero de que volviste por ella.
Y hoy me entero de que te quedaste con ella para siempre.
Descansa en paz L.
Te voy a extrañar.
She's been here too few years to take it all in stride
But still it's much too long, to let the hurt go
You let her go
And we always say, it would be good to go away, someday
But if there's nothing there to make things change
If it's the same for you I'll just hang
I'll always hang
Well I always say, it would be good to go
But if things don't work out like we think
And there's nothing there to ease this ache
But it there's nothing there to make things change
If it's the same for you I'll just hang
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