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lunes, 5 de octubre de 2015

Monday or Tuesday

It dawned on her just as she was placing those final three dots on the piece of paper.

Funny thing is, sometimes what seems like a scribbled napkin to a stranger passing by, can actually be a love letter, a heartfelt confession or a cry for help. 
I'm pretty sure we've all been there, but don't quote me on that. 

She briefly thought about wiping her tears, but she shook her head and decided to wear them proudly as she walked down the street. 
She gathered her few belongings and hastily reapplied her Ruby Woo lipstick, which she was sure matched beautifly with the moment even though it contrasted with her running mascara. Waterproof is just a word that gets tossed around in the advertisement industry, after all.

When the waiter wished her a good day, she just nodded in silence. She didn't say "you too" because sarcasm is one of those things that you seem to lose when you feel lost yourself.

For some reason her own footsteps sounded awkward to her, as if she had suddenly forgotten how to walk. I mean, yeah, it was as simple as putting one foot ahead of the other and she knew that. Rinse and repeat.

As she started to muster these thoughts, she became dangerously self aware. How could she forget how to walk if it was as simple as breathing?
"Oh God, but what about breathing?", she thought in a pang of sudden panic.
Funny thing is, when you're consciously breathing, you begin to worry about inhaling too much or exhaling too little; and before you know it you're sweating and panicked about your heartbeats and about how awkward your tongue just sits there in your mouth like a motherfucker.

She stood in the middle of the street and decided to just stop -being-, even if only for a few seconds. She closed her eyes.
"Have you tried turning it off and then turning it back on?", said every tech guy in the universe.
Funny thing is, it worked.

She flashed a quick smile to no one in particular and continued walking.
"Anxiety attack" is an ugly term when you think of it; she much preferred "Unexpected self-inflicted sabotage of the feelings". 

Reaching for her purse she found a pair of vintage Ray Bans and put them over her baby blues, still thinking about that piece of paper. 
Surely by now it'd have flown with the wind, hitting some unsuspecting stranger in the face; maybe even a couple of young lovers holding hands to numb the pain, gripping tightly to something that they'd never own.

"I'm not a bad man", she heard him say over and over again.
She tried to lock him out as she walked down the street, but so far she was having as much luck as a blind busker trying to earn his living drawing caricatures.

You know how sometimes you think to yourself how the breeze is real nice today but after a couple of songs on your iPod you're now chilly and wish you had listened to every mom in history and put on a sweater? 
Well, right now, while rubbing her own arms for warmth, she certainly wished she'd have listened to hers.

The sound of the not-so-distant waves brought her back to reality. "Getting close, 'atta girl", she mumbled.
Funny thing is, when she woke up today, a trip to the beach was the last thing on her mind.

Her Jimmy Choos were not as comfortable as their price tag would have you believe, so she took them off. The feeling of sand between her toes was strangely off-putting.

A jolt of nostalgia ran through her body all of a sudden.
If she had to assign it a color, blue would definitely have been it. Clichés are clichés for a reason.

What was the name of that sticky candy she liked so much as a kid? 
"Salt water taffy", she heard herself say.
Yeah, that was it. God, she hadn't had one of those in forever.

She didn't know for how long she just stood there, watching the water come and go; wishing she could be more like the sea foam and less like everything she had ever been.

"Well, here goes nothing", she thought to herself while taking her first steps into the sea.
Funny thing is, we always think our parting thoughts will be all deep and meaningful and moving; and not "God damn, this water's cold as fuck"

Meanwhile, on the other side of town, some napkin was just laying on the floor; crumbled, filthy and unread.

"I don't think two people could have been happier than we have been..."

Funny thing is, she never even was that big of a Virginia Woolf fan.

martes, 25 de agosto de 2015

Sonrisa

Con una lágrima en sus ojos, recogió lo que quedaba de amor en ese par de muñecos cansados y vencidos. Los tocó con cariño y desempolvó esa esencia que él mismo les había regalado hacía 52 años; 52 años perfectos que los muñecos pasaron juntos, pero que hoy habían terminado.
Una triste sonrisa recorrió su rostro mientras tomaba la mano de los muñecos y las unía por última vez, abandonando el cuarto de la pareja que ahora dormiría tranquila, eternamente agradecida por ese regalo que él les había dado un martes lluvioso de otoño y que por un tiempo le había hecho creer que por fin había creado algo que duraría por siempre; aunque, como siempre, “por siempre” no había sido más que un par de segundos para él.

Desde que tenía memoria, había existido sólo para tratar de hacer felices a los demás, regalándoles a las personas un poco de aquello que él era; y aunque no recordaba cómo había empezado todo, a menudo le gustaba decir que todo comenzó la primera vez que un hombre y una mujer se miraron de frente, a los ojos, y se abrazaron ya para siempre.

A lo largo de sus eternos años aquí, había tocado la vida de incontables personas, dándola una chispa de luz a ojos antes nublados y siendo el padre de millones de mariposas con la molesta costumbre de vivir en los estómagos y de provocar manos húmedas y lenguas necias con cada aleteo de sus invisibles alas.
Miles de poemas, canciones y sonetos habían sido compuestos en su honor, y nadie jamás habría sido capaz de contar las horas de sueños a plena luz del día que él había logrado evocar en la mente de hombres y mujeres que lo alababan con cada suspiro y cada latido a destiempo.

Tantos logros y tanta gloria habría sido suficiente para cualquier mortal: sociedades enteras le rendirían tributo eterno y constante; y aunque su nombre se pronunciara diferente en cada lengua de la humanidad; su rostro siempre sería el mismo.
Sin embargo, él jamás había conocido la felicidad. Ni siquiera por un segundo, ni siquiera por un instante. Estaba condenado a estar solo.

Estaba condenado a existir solo por toda la eternidad, dándoles a los demás un poco de aquello que él era, no como un premio ni como un regalo, sino como una forma de dejar de ser. De desprenderse poco a poco de una existencia eterna en la que no conocería a nadie como él; a nadie que lo acompañara ni que lo comprendiera.

Estaba destinado a entregarse a cada pareja joven, a darle significado a la vida de los hombres afortunados y de las mujeres hermosas; pero también estaba destinado a ver cómo esas parejas jóvenes se marchitaban con los años.
Algunas veces su esencia le era devuelta cuando las pasiones eran demasiado para los humanos y no sabían qué hacer con tanto de él.
Algunas otras veces, las mejores, su esencia regresaba después de muchos años de vidas compartidas y felices; cuando simplemente los cuerpos dejaban de necesitarlo como dejaban de necesitar el aire.
Sin embargo, había ocasiones en las que sólo regresaba a él la mitad de lo que había entregado; y entonces sabía que sólo una de las dos personas involucradas podría volver a conocer la felicidad, mientras que él sería el responsable de que la otra mitad muriera en vida, o viviera en muerte.

Estaba destinado a ver el tiempo pasar mientras cada una de sus creaciones, concebidas con tanto esmero y cariño, dejaba de existir y se convertía en tan sólo un vago recuerdo que pronto se esfumaría en el aire.

Y él, seguiría ahí, entregándose con una esperanza de niño en cada pareja de manos que juntaba cálidamente, esperando, ahora sí, ser parte de algo que durara por siempre; aunque, como siempre, “por siempre” no sería más que un par de segundos para él...

jueves, 15 de enero de 2015

Nostalgia

Le compras lirios porque las rosas son muy cliché.
Ella odia los lirios porque le recuerdan a los funerales.
Le compras violetas, porque ella te lo sugirió.
Por años, su casa huele a violetas,
Hasta que un día huele a lirios.

domingo, 16 de junio de 2013

Recuerdos

Después de sacudirse el cabello mojado, cerró la puerta tras de sí y se sintió abrumado por el completo silencio de una casa cuyos únicos habitantes eran los fantasmas de vidas pasadas y felices.
Caminó hacia la mesa, donde no lo estaba esperando ninguna comida caliente, y de pronto perdió el apetito, así que fue directo hasta su cama.

En el florero de su buró encontró un ramo de flores marchito, pero del cual no de deshacía porque algunos de los bulbos jamás habían abierto, y él todavía tenía la esperanza de que algún día lo hicieran.

Se acostó sobre esas sábanas frías, y tomó de encima de su cabecera un portarretratos, desde donde lo miraba una foto que él conservaba cerca siempre, para recordarle que aunque todo cambiara, alguna vez existió un momento en el que todo estaba bien.

Con un cariño inmóvil y practicado, acarició esa foto donde una mujer de sonrisa eterna lo miraba, deteniendo en sus manos un hermoso ramo de flores.

"Buenas noches, Julia, mañana empieza noviembre, y se supone que tendríamos que estar volviéndonos viejos."

Él cerró sus ojos, cansados de ya no tener a quién mirar, y se entregó a la efímera calma de la noche.

martes, 14 de agosto de 2012

Neither here nor there

Como cada miércoles en la tarde, ahí estaba ella, sentada en la mesa de la esquina; y como cada miércoles en la tarde, me acerqué para saludarla, desdoblar su servilleta, ponerla en sus piernas y preguntarle si podía ofrecerle algo de beber.
Mientras me pedía una taza de café negro sin azúcar, noté que su voz no sonaba igual que siempre; hoy se quebraba cada vez que intentaba decir algo. Tratando de ver si había sido mi imaginación, le pregunté si quería un poco de leche. No, no lo había imaginado.

Unos pocos minutos después, regresé con su orden. Mientras la ponía en la mesa, accidentalmente derramé un poco de café sobre su blusa blanca, y ella se soltó a llorar.
Me debo de haber disculpado cerca de cien veces, pero ella sólo agitaba su mano, como diciéndome que no me preocupara. Normalmente se nos dice que no debemos de preguntarles cosas personales a los clientes, pero en este caso no me importó, así que le pregunté si todo estaba bien.
Ella tardó unos cuantos segundos en retomar la compostura, pero eventualmente pudo empezar a hablar.
Aparentemente, hoy había sido el peor día de su vida.

Me contó que toda la vida había tenido muchos problemas para diferenciar los colores, porque algo malo pasaba con sus ojos. A pesar de que siempre había sido molesto, nunca le había causado ningún problema. Hasta hoy.

Había salido tarde de su casa, así que empezó a manejar más rápido para no llegar tarde al trabajo. Al llegar a un semáforo, ella confundió las luces y pensó que tenía el paso libre cuando en realidad tenía que frenar. Accidentalmente, había atropellado a un pobre perro por culpa de su estúpido error.
Se bajó del coche a tratar de ayudarlo, y lo encontró todavía vivo, pero muy herido.
Ella lo subió a su auto a toda prisa, y lo llevó a un veterinario. Cuando llegó, estacionó su coche en donde pudo y corrió dentro de la clínica. No hubo nada que el doctor pudiera hacer para salvar al animal.
Para empeorar las cosas, ella no se dio cuenta de que había dejado su auto en la zona roja, así que la grúa se lo había llevado.
Evidentemente, llegó tarde al trabajo, y como no era la primera vez que eso pasaba, su jefe la despidió.
Y ahora estaba aquí, frente a mí, contándome su historia.

Sin saber qué decir, simplemente le dije que todo mejoraría y le pregunté si estaba lista para ordenar. Ella me pidió esas enchiladas de pollo en salsa verde que le gustaban tanto.
No tuve corazón para decirle que se nos acababa de terminar la salsa verde, así que le llevé unas en salsa roja. Ella, agradecida, me sonrió y empezó a comer sin notar la diferencia.

martes, 12 de junio de 2012

De una última foto

"¿Estás llorando?"
"No. Yo nunca lloro, ¿recuerdas?"
"Estás llorando..."
"No es cierto, lo que pasa es que se me metió un adiós en el ojo"

Voltée a ver mis zapatos, como si de repente se hubieran convertido en la cosa más interesante del planeta.
Los siguientes segundos parecieron horas, como si el mundo hubiera dejado de girar para acentuar la importancia del momento.

"¿Me vas a extrañar?"
"No, ni un poquito"
"¿Nada?, ¿absolutamente nada?"
"No, porque siempre voy a estar cerca, de una u otra forma..."

Nunca en mi vida me había costado tanto trabajo levantar la mirada; era como si verla a los ojos hiciera que todo se volviera real.

"Yo sí te voy a extrañar..."
"Siempre te voy a estar cuidando, aunque tú no te des cuenta. Te lo prometo."
"Odio las promesas..."
"Yo también, pero ésta es diferente"

Lentamente, mis ojos empezaron a buscar los suyos, y cuando por fin los encontraron supe que todo había terminado.

"¿Por siempre y para siempre?"
"Por siempre y para siempre"

Ella me abrazó y empezó a caminar, alejándose de mí.
De pronto, giró su cabeza y levantó su brazo; después sacó su cámara y tomó una foto del hombre más patético del mundo, parado ahí, con cara de hasta luego y el corazón en otro lado.

"Me llevo un poquito de tu alma, torpe"

Y salió de mi historia tan rápido como llegó; cruzando una puerta de aeropuerto que la llevaría al resto de su vida, haciendo escala en varias tiendas duty free.

jueves, 12 de abril de 2012

Ayer

Creo que ayer te vi pasar, pero no te detuve porque ibas caminando hacia el lado contrario.
Supongo que pude haber gritado tu nombre, pero no lo hice porque aunque realmente hubieras sido tú, no hubiera sabido qué decir después.

Podríamos habernos sentado a recordar los viejos tiempos; sonreído mientras nos poníamos al corriente.
Podríamos habernos contado todo lo que no nos hemos dicho en años: amor, dinero, trabajo, alegrías, caídas, decepciones, y todo eso que ahora llamamos vida y que es tan diferente a lo que alguna vez esa palabra significó para nosotros.

Podrías haberme contado lo difícil que ha sido todo, y me habrías enseñado las cicatrices que el mundo te ha dejado; y entonces yo podría haberme puesto a analizar cada palabra para tratar de explicar cada uno de los errores que he cometido desde el día que nos dejamos de ver.

Pero tú me conoces mejor que eso, me conoces desde que yo era un yo mucho más joven.
Me has visto bajo todas las luces por las que una persona puede ser iluminada; así que he querido preguntarte, ¿esta luz me queda bien?

¿La de ayer eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo hayan sido cosas de mi imaginación.
Tal vez sólo te quería encontrar en la calle porque te extraño un poquito.

Tal vez sigo arrepentido porque nos separamos así, porque tal vez empujé cuando debería haber jalado. Lo cambiaría todo si pudiera; lo repetiría todo y ahora lo haría bien.
Nunca pensé que extrañaría todas las cosas que me molestaban de ti, y todas esas pequeñas críticas que me hacías cuando me reía.

Deberías visitarme, ¿sabes?
Deberías venir a verme, para que pudieramos sentarnos a ver la tele como antes hacíamos, y deberíamos volver a discutir sobre arte, ocio y sueños, como en los viejos tiempos.

Todavía le haces falta a tu lugar en mi sillón, y mi almohada todavía te extraña cuando el Sol se oculta.

¿Entonces la de ayer eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo haya sido tu sombra que caminaba por la calle del nunca más, doblando la esquina de los viejos recuerdos.

De vez en cuando todavía se siente como si camináramos juntos, tal vez porque nunca te despediste de mí; te fuiste tan lento que no te vi salir por la puerta y a veces pienso que sigues aquí.

Cuando me di cuenta, ya era tarde, y tú ya lo habías dejado todo atrás. Caminaste lejos de todo, de lo bueno y lo malo, de una casa llena de sueños y escaleras, llena de cuadros de vidas que nunca fueron.
Si vieras lo limpio que he mantenido el lugar, estarías orgullosa de mí.

Desapareciste, pero tu historia sigue aquí; y yo trato de no odiarte por dejarme con un montón de portarretratos que nunca tendrán fotos en ellos.
Dejarme fue lo mejor que pudiste haber hecho, y lo mejor que pudiste haberme enseñado a hacer.

¿La de ayer, eras tú?
Se veía como si fueras tú, pero tal vez sólo hayan sido cosas de mi imaginación.
Tal vez sólo te quería encontrar en la calle porque te extraño un poquito.

Me gustaría haberte visto caminando por la calle y haber gritado tu nombre.
Me gustaría haberte visto pasar ayer, pero sé que si te hubiera detenido, ya jamás hubiera dejado que te volvieras a ir.

Descansa en paz.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Lunes azul

Ella siempre quiso entregarse toda, entregarle al mundo todo lo que tenía.
Ella siempre le tuvo miedo a la lluvia.
Yo siempre supe que no me estaba contando toda la verdad.

Y yo siempre iba a verla, para tratar de hacerla feliz.
Yo rezaba; rezaba para tratar de mantenerla a salvo de la lluvia.
Entonces, un día ella se fue de aquí. Ella se fue para siempre.

Y ella me dijo "abrázame fuerte, quédate conmigo cuando las cosas se pongan feas"
Yo me la quedaba viendo, tratando de comprender a qué se refería.
Ella siempre me decía "no trates de entrar en mi cabeza... a veces ni siquiera yo sé lo que quiero decir"

Y yo nunca fuí bueno creyendo en alguien más. Nunca fuí bueno creyendo en que la lluvia se lo llevaría todo.
Ella siempre pensó que yo era débil.

"Espera; quédate conmigo, no nos queda mucho tiempo. Será un lunes azul... un lunes muy largo nos espera..."

Y cuando ella se fue, sólo me dejó un recuerdo eterno.
Y ahora, el recuerdo está parado donde ella estuvo parada alguna vez.
Es en momentos así en que odio lo que me hago a mí mismo.

Y su voz sigue estando conmigo: "abrázame fuerte, quédate conmigo cuando las cosas se pongan feas. No trates de entrar en mi cabeza, a veces ni siquiera yo sé lo que quiero decir"

Y es ahora cuando yo quiero entregarme todo, entregarle al mundo todo lo que tengo.
Espero que algún día pueda alejarme de la nada que alguna vez fue todo.

Ella me jura que necesita todo lo que nunca pensó que fuera nada.
Yo le creo, porque ella ya no es sólo alguien más.
Y ese lunes, la lluvia se lo llevó todo.

Ella sonríe porque sabe que ya es más que nada, más que todo.

Y yo sonrío porque siempre tendré aquel lunes azul; aquel lunes muy largo que alguna vez me esperó.

lunes, 9 de mayo de 2011

Volar

Y en el suelo, se encontraba una pluma blanca, demasiado perfecta para ser de pájaro.
Te agachaste a recogerla y después la pusiste en la palma de tu mano. La miraste con cariño, y después cerraste el puño suavemente.

Tus párpados también se cerraron, tal vez para darle paso a esa impertinente lágrima que se había aparecido de pronto en tus ojos, y que ahora trataba de escapar.
Trataba de escapar cariñosamente, para después bajar por tu mejilla perfecta y morir en tus labios de sonrisa triste.

"Adiós. Vuela.", dijiste en voz baja mientras levantabas tu mano y dejabas que la pluma se fuera.

Tus ojos brillaron como nunca antes los había visto brillar.
Tu sonrisa dejó de ser triste para convertirse en algo hermoso y sincero.
Tu mejilla resplandecía con esa pequella estela que reflejaba los rayos del Sol frío de la mañana.

Y por un momento, pensé que había visto tus alas desplegarse; pensé que en cualquier segundo te pondrías a volar para seguir a esa pluma que ahora flotaba en el aire, cada vez más alto.

Pensé que te irías, de una vez y para siempre, dejando atrás solamente un recuerdo y un rastro de plumas blancas, demasiado perfectas para ser de pájaro.

jueves, 14 de abril de 2011

Historias tristes de seis palabras.

Presentadas sin contexto alguno.



Sus amigos olvidaron sus promesas eternas.

Las cortinas se cerraron, me voy...

Palabras falsas para almas permanentemente rotas.

La amo mucho. La odio más.

No lo valgo. No lo valgo...

Pájaros muertos que trae el río.

Y me abrazó por última vez.

Éste nunca será tu hogar. Perdóname.

En su mirada nunca hubo amor.

Me duele no saber de ti.

Todos siempre buscan un cielo azul.

Creo que es mi último adiós.

Ellos siempre te dijeron qué soñar.

Y tu recuerdo todavía me atormenta.

El vestido de novia que nunca usé...

Busqué, pero no encontré su tumba.

Fue perfecto pero efímero. Como siempre.

Martes. Día de romper sus cartas.

Ese anillo no era para mí...

A veces la verdad duele más.

Su destino siempre fue irse joven.

Manos temblorosas que buscan qué comer.

Uno de ustedes me traicionará mañana.

Nunca te mentí. Lo hubiera hecho...

Memorias que desaparecen en corazones rotos.

Todavía sigo celebrando su cumpleaños...

Una cena y una inyección. Adiós.

Nunca pude encontrar un amor recíproco.

Pronto verás las cosas con claridad.

Dijiste que volverías por mí...

El karma no existe, me temo.

Nunca tuvimos nuestro felices para siempre...

Cinco letras, dos palabras. Muy tarde.

No me conozco, ¿qué me hiciste?

Por favor despierta una vez más...

domingo, 20 de febrero de 2011

Al sonido de las olas

La marea subió aquella noche y nadie pudo explicarse por qué.

La gente caminaba rápidamente por el malecón, ocupándose de sus asuntos, sin tomarse el tiempo para voltear hacia arriba y darse cuenta de que la Luna estaba más redonda y más cerca que nunca.

Llevaba catorce días de haber aparecido en este mundo, y sabía que sólo le quedaban catorce más. Catorce días sin haber podido hablar con su amado. Catorce días de sentir que moría lentamente.
Desde su primer día en este mundo, Luna supo que había nacido para amar; para entregarse a ese maravilloso sentimiento que llenaba de vida todo lo que tocaba, para juntar su alma con la de otro ser.
Y también, desde que nació, Luna supo exactamente quién era ese otro ser.

Cuando abrió los ojos por primera vez, Luna vio un resplandor naranja que la llenó de calor, pero tan repentinamente como había aparecido, esa luz también se había esfumado, llevándose con ella la esperanza y el color.
Luna pasó su primera noche llorando, porque a pesar de que era nueva en este mundo, sintió que había perdido lo que más le importaba. Sin embargo, justo cuando estaba quedándose dormida, pudo ver ese mismo resplandor naranja, volviéndose más y más fuerte a cada minuto.
Luna se quedó dormida al calor de aquella luz magistral.

Noche tras noche, Luna despertaba justo a tiempo para ver aquél destello apagarse, y se quedaba dormida cuando empezaba a sentir su calor.
Con los días y la experiencia, Luna supo que amaba a quien fuera que produjera ese resplandor tan hermoso; pero por más que trataba de quedarse despierta para conocer a ese ser tan maravilloso; los azules ojos de Luna se cerraban antes de que pudiera verlo aunque fuera un segundo; el mágico segundo que requiere el amor verdadero para nacer de una vez y para siempre.

Y así habían pasado catorce días, y Luna sabía que pronto moriría y tendría darle paso a una nueva Luna a que probara la belleza de este mundo, a que inspirara sonatas bellísimas, a que llenara de nostalgia los corazones de los hombres, y a permitir que nuevas vidas brotaran bajo las noches, alumbradas por ella; siempre por ella.

Luna estaba desapareciendo poco a poco, volviéndose más etérea con cada noche que pasaba, y aunque estaba segura de que ya conocía lo que era el amor; aún no había podido ponerle un rostro que lo identificara y en el cual pensar cada vez que cerrara sus ojos, acariciada por aquella luz naranja que tanta calma le daba.

Intentando desesperadamente llamar la atención de su amado, Luna empezó a dejarle mensajes: cada noche se acercaba un poco más a la tierra, con la esperanza de que cuando ella durmiera, aquél ser luminoso notara que la marea había cambiado, y entonces él la buscara a ella; sintiendo en esa marea la fuerza y la desesperación del amor.
Pero ya era muy tarde, Luna ya era demasiado débil para poder mover el océano, sus días de vida estaban terminando.

El día veintisiete, Luna supo que todo era inútil. Concentrando toda la amargura que había recolectado durante su vida, lloró amargamente.


La gente que paseaba por el malecón aún cuenta la historia de aquella noche lluviosa, donde todos se sintieron tristes, y nadie supo por qué.
Todos dicen que cuando vieron la Luna desaparecer detrás de las nubes, se soltaron a llorar; sintiendo que la oscuridad que los invadía era demasiado grande.
Esa oscuridad no se fue cuando amaneció; porque aquél día la luz naranja que aparecía al comienzo de la jornada, no era tan cálida ni tan brillante como antes…

jueves, 3 de febrero de 2011

Un viejo marco

"Te ves muy hermosa, ¿sabes?; te ves realmente hermosa parada ahí junto a esa puerta"
La profunda voz le llegó hasta los oídos, y no necesitó voltear para reconocerlo.

Ella quería salir; caminar por la calle sin rumbo alguno, riéndose de todo y de nada, sonriendo ante la maravillosa vida que tenía.
Todos sus deseos se habían hecho realidad: lo tenía a él.
Ella quería salir, pero no podía porque estaba lloviendo.

"En serio te ves hermosa. Es como si tu cara fuera la primera que hubiera visto en mi vida... la primera que realmente me hubiera detenido a ver."
Amaba su voz. Era dulce y tierna a pesar de lo grave que sonaba cuando rebotaba en las paredes y hacía vibrar los delicados vidrios de las ventanas de la casa; la casa que por fin, después de muchos deseos, habían podido comprar entre los dos.

"Contigo se me olvida todo... se me olvida dónde estoy y dónde he estado; pero nunca se me olvida dónde quiero estar. Quiero estar contigo, siempre contigo."
Los vidrios volvieron a vibrar.

Parada junto a la puerta, escuchaba cada palabra que él le decía.
Parpadeó un par de veces, y después miró por la ventana: la lluvia caía fuertemente.
Era como si el cielo estuviese llorando penas muy antiguas, olvidadas por los humanos que no comparten su secreto.

"¿Recuerdas cuando nos conocimos? Era un día lluvioso, como éste. La lluvia había comenzado a caer de repente, sin avisarle a nadie. Yo corrí para tratar de protegerme, y cuando me metí debajo del pequeño techo de lámina de un puesto de periódicos, te vi. Estabas empapada, pero te veías muy feliz. En ese momento supe que te iba a amar para siempre... ¿recuerdas lo que te dije, hermosa?"

Ella no contestó; a pesar de que jamás olvidaría sus palabras, no dijo nada. Quería que él se las volviera a decir.

"Me da gusto no haber muerto antes de conocerte"

Sonrió mientras pasaba su mano por el frío vidrio que daba a la calle.
Sonrió mientras miraba con nostalgia como su mano había dejado de ser jóven y bella.
Sonrió mientras en el reflejo de la ventana, una arrugada anciana le devolvía una triste sonrisa.

"Hoy es el primer día de mi vida, porque te conocí a ti..."
La profunda voz le llegó hasta los oídos, y esta vez volteó para verlo:
Un viejo portarretratos colocado arriba de la chimenea.

Caminó lentamente por la vieja y descuidada casa que los años se habían encargado de marchitar.
Cuando llegó a la chimenea, tomó el viejo marco plateado y miró la foto con todo el cariño que sus cansados ojos podían reflejar.

"Me da gusto no haber muerto antes de conocerte...", dijo con una voz agotada mientras acariciaba el rostro de papel con sus frágiles dedos.

lunes, 24 de enero de 2011

Bolero de Ravel

Movió su copa de coñac como ya era costumbre en él. La chimenea tenía un fuego muy agradable, y el crispar de la madera quemándose lo hizo sonreír.

Así, sentado en su viejo sillón, con una copa en la mano y sus nietos corriendo frente a él, era como siempre imaginó el momento perfecto. Así debería de haber sido toda su vida.

Sin prisa, giró su cabeza y miró por la ventana: era de noche, y se veía que afuera hacía frío.

Lentamente cerró los ojos y le dio un trago a su copa; el líquido se sintió cálido bajando por su garganta.

Cientos de recuerdos empezaron a pasar por su mente, mientras escuchaba antiguos sonidos, olía olores de antaño, y probaba comidas que pensó olvidadas para siempre.

Todavía con los ojos cerrados, no pudo evitar que una sonrisa se le dibujara en el rostro: era la sonrisa de una vida bien vivida; de una vida feliz y plena, de alguien que sabe que no le debe nada al mundo, y que el mundo se lo recompensa con un viejo y cómodo sillón, y una familia junto a la la cual sentarse.

Movió su copa de coñac como ya era costumbre en él, y sin darse cuenta, se quedó profundamente dormido.

Horas después, el fuego de la chimenea dejó de crispar.

Un pequeño niño bajó emocionado las escaleras, haciendo un ruido amortiguado por sus grandes pantuflas en forma de pies de oso.

El niño corrió hacia el árbol: por fin la larga noche había terminado; por fin podría abrir sus regalos. Volteó y miró a su abuelo, sentado en su sillón de siempre.

“¡Despierta, abuelito!, ¡feliz navidad!”

Los ojos del viejo no se abrieron; permanecieron eternamente cerrados, arriba de esa sonrisa llena de paz que sólo un anciano puede tener.