miércoles, 17 de octubre de 2007

Momentos estúpidos del día

8 36 PM
Casa de mi novia :
Dexter: ¡Estoy emocionado! ¡Ya venden ajenjo!
Desirée: ¿Quién es Jenjo?


1 12 AM
MSN:
∫ Dexter ≤ ∞ Lo Que Aprendí Hoy: [ Necesito una corbata ] dice:
ok, tu hermano tiene pedos
// zero... dice:
por?
∫ Dexter ≤ ∞ Lo Que Aprendí Hoy: [ Necesito una corbata ] dice:
ZoMbRa dice:
uuuuu yeah men!! siente el ritmo latino! hu! hu! ha!
// zero... dice:
caray
// zero... dice:
y sentiste algo?

8 comentarios:

zero dijo...

tus dias son momentos estupidos, uno tras otro.. seria imposible llevar registro de todos ellos... no? ja

Ninja Peruano dijo...

Y sin embargo, lo hago.

Tengo un archivo de word de como 57723 cuartillas llenas de las pendejadas que acontecen en mi vida.

Asi es, soy un misterio envuelto en un enigma, envuelto en estupidez.

Andrea dijo...

jajajaja...
Aaaay... creo que sí viene de familia...

Millhouse dijo...

Pero ya en serio, quien es Jenjo? o porque tu emoción cuando te enteraste de que lo venden? Promueves la esclavitud? o como?
Chales si me hace falta dormir.

Moncha dijo...

No Andrea, no es de familia, son las drogas y demás sustancias de dudosa procedencia. Nomás lee a Millhouse, él no es de tu familia.

Andrés dijo...

En el ocio pude tener un momento estúpido cultural, sólo se entiende bajo los efectos del ajenjo:

CONVERSACIONES CON MI SIRVIENTA
Andrés:
Jennifer, ¿Qué es México?
Jennifer:
Para no repetir los elogios habituales y no leer una ficha del diccionario y precipitarme en el abismo chovinista, y una vez certificadas las leyes, la Historia y los alcances de la cultura nacional, añado una mezcla de impresiones y certidumbres.

Entre otras posibilidades interpretativas, México es: un haz de fuerzas enfrentadas en un paisaje social, económico, político y cultural que las unifica de mala manera; una República gobernada durante setenta años por el mismo partido, de autoritarismo capaz de algunos logros (más bien antiguos) y, desde hace décadas, incapaz de renovarse o de abandonar la estrategia básica: la consagración de la impunidad; la desigualdad extrema que la fertilidad demográfica agudiza; la práctica depredatoria que ignora los derechos de las generaciones próximas y se especializa en el ecocidio; el desarrollo desigual al que por un período largo acompañó la movilidad social de amplios sectores; el crecimiento reencauzado (privatizado) desde los años ochenta por el neoliberalismo y su acumulación monstruosa del capital; un árbol totémico de mitologías contradictorias y complementarias; la incapacidad estatal y social de retener a millones de personas que emigran en pos de la utopía esencial: el trabajo que garantice las oportunidades para uno mismo y, lo más importante, para la familia; la religiosidad popular que estalla en prácticas comunitarias, escenas de fe conmovedora, descargas de intolerancia y, sobre todo, la virgen étnica que es el amparo emotivo de las generaciones; el relato de proezas, quebrantos y matanzas rituales, condimentado con avances democráticos lentos pero sostenidos; la cultura popular jubilosa y doliente que viene de los ritos indígenas, atraviesa por el catolicismo y la fermentación mestiza, aprovecha el impacto de la industria del espectáculo y conoce su auge urbano en la primera mitad del siglo XX; el siglo de americanización que no consigue suprimir el vigor de la cultura nacional; la indefensión de abajo y la impunidad de arriba; el aprendizaje forzado del individualismo que en algo compensa del fracaso de los impulsos comunitarios; el oportunismo como ley de la sobrevivencia; las tradiciones hospitalarias como método de integración
el relajo como el gran lazo comunitario...


Andrés:
¿Crees que los grupos indígenas o apenas metropolizados vayan a ser beneficiados por el neoliberalismo?
Jennifer:
Ante el “Año Cero” del neoliberalismo.
A inicio del milenio, el México conocido y memorizado y estudiado y mitificado es por entero distinto del todavía evocado en discursos políticos, telenovelas y películas. Es un país de vuelcos incesantes, vinculado nerviosa y enérgicamente con la economía y la industria cultural de Norteamérica, moderno en lo tocante a las ambiciones y el ritmo desarrollista, y premoderno en cuanto al reparto equitativo de visiones contemporáneas del mundo.

Andrés:
¿Pero, y tus tradiciones?
Jennifer:
El tradicionalismo, por tantos años eje de la vida social, todavía libra batallas culturales que gana en ocasiones en las zonas de la “sociedad respetable” y pierde en los espacios de la vida cotidiana. Sí, en efecto, no hay avance en el debate sobre algunos derechos esenciales de las mujeres, las encuestas reiteran el incremento de la tolerancia en lo relativo a los derechos legítimos de las minorías, sexuales, las madres solteras, el uso del condón, etcétera.

Aún hoy, los conservadores retienen zonas de influencia, pero el proceso de globalización va en su contra, y sus luchas son más sintomáticas que significativas.

La moda/ el mandato/ la urgencia de la globalización modifica a fondo la perspectiva nacional. Se han roto —se afirma en el discurso neoliberal— las barreras del localismo, y se vive ya a velocidad planetaria. Abandonamos para siempre el rancho, la vecindad, el multifamiliar, la colonia popular, la autocomplacencia en el aislamiento, la voz baja, la timidez ante el mundo.

Andrés:
Y de hecho, continúa la prédica, estamos al borde del Fin del Mundo maya, al fin de la época que sí vale la pena. Antes se vivía para el consumo interno, y eso compensaba las deficiencias; pero you can’t go home again, y debe seguirse el viaje hacia lo desconocido que es, mientras no se aclara la situación, la modernidad crítica o si se quiere la postmodernidad.

Jennifer:
No es el fin del mundo patrón. Así las condiciones del desarrollo cultural disten de ser satisfactorias, se cuenta con ventajas primordiales, entre ellas la vitalidad del idioma español, el desarrollo educativo (pese a sus innumerables deficiencias), las fuerzas de las distintas culturas, la asimilación innegable de lo mejor de Occidente, el fin de las sensaciones de “lo periférico”, al aclararse la falacia de un “Centro” cultural.

Andrés:
Después de todos los años que ya tienes viviendo en México, ¿no te sientes mexicana?
Jennifer:
La globalización arrincona al nacionalismo, pero no a la vitalidad de las sociedades, ni a sus aportaciones culturales, ni a su capacidad informativa y crítica (no extraordinaria, ya no deleznable), y es muy mezquino juzgar prehistórico o aún peor, propio de lo irrelevante, a todo lo vivido antes de la globalización.

“Por primera vez en nuestra historia”
En 1950 Octavio Paz termina El laberinto de la soledad, afirmando la muerte del aislacionismo: “Por primera vez en nuestra historia, somos contemporáneos de los demás hombres”. ¿Pero quiénes constituyen en 1950 el somos? ¿Los campesinos encerrados por el caciquismo y el fracaso de la Reforma Agraria? ¿Los obreros uncidos a las ruedas de la industrialización que los considera materia prima? ¿Las mujeres, relegadas por el machismo y el cultivo social de su ignorancia? El somos se aplica en exclusiva a la vanguardia de la sociedad, los poseedores de la conciencia autorizada del destino del país.
Andrés:
¿No es esa una visión muy pesimista de la historia?
Jennifer:
No, al contrario patrón, y este somos no incluye en 1950 a los braceros, los espaldas mojadas. El somos de los migrantes es el del México tradicional que comienza a dejar de serlo al disponerse a la travesía y que, precisamente por saberse a las puertas de la ruptura con lo que ha sido, se obstina en la fidelidad a sus orígenes. Por eso, a lo largo de las grandes migraciones del siglo a Estados Unidos, las torrenciales y las incesantes, se desplazan distintos Méxicos y cada migrante translada, lo acepte o no, sus definiciones del país (familiares, de clase, de grupo), y trae a cuestas los lazos de paisanaje y los compadrazgos.

Son legión los Méxicos que han viajado, cruzando ilegal o legalmente la frontera, para instalarse en un medio desconocido y admitir por las buenas o por las malas que la mayor utopía es la lealtad incondicional a lo que han sido.

En Norteamérica, los migrantes reelaboran sus ideas de la nación y lo nacional y las recomponen todavía más al volver para quedarse o para visitar a la familia y el pueblo (dos visitas muy distintas, una del arraigo, otra del afecto y la presunción). En la nostalgia —operación muy ideologizada de la memoria— van incluidos la simpatía contrariada por lo que al cambiar muy lentamente permite aferramiento a imágenes seguras, el gusto por el disfrute ceremonial de las tradiciones, el amor por lo que ha permitido crecer (los muertos incluidos) y por lo que hubiese detenido el crecimiento (el sedentarismo).

Andrés:
O sea, que hay muchos, muchísimos méxicos que no pueden entenderse unos a otros, pero, ¿existe al menos la posibilidad, aunque sea muy remota?
Jennifer:
El sistema de entendimientos y asombros del migrante, obligadamente complejo, desemboca en una memoria a veces mitológica en extremo, y en un acervo de imágenes, costumbres, recuerdos y compromisos. La mitología ayuda a la fluidez emocional y política.

Andrés:

¿Qué tanto, sin moverse de su sitio, retiene una comunidad de sus tradiciones, y qué tanto las enmienda al transladarse a otro país, y al evolucionar allí al ritmo de las oportunidades y de la falta de oportunidades? ¿Qué es lo no renunciable para las personas y los grupos? ¿Cuál es la inercia de lo cíclico y cuál la inmovilidad de lo absolutamente novedoso? Desde el punto de vista de la nación mexicana, su experiencia continua es el Aztlán que viaja para fundar a diario la Tenochtitlan (la metáfora es inepta, el viaje no).

Jennifer:
Ni los gobiernos, ni los partidos de oposición, ni la sociedad, han asumido las consecuencias de un hecho: por más de cien años, las grandes migraciones a Norteamérica son éxodos en pos de la modernidad, de las distintas formas de modernidad, hasta llegar a la idea dominante de hoy: modernidad es el acceso lo más libre posible a la tecnología de punta. ¿Qué son, entre otras cosas, el desastre agrario, la violencia en el campo y la americanización entendida religiosamente, sino encuentros con o aplazamientos de la modernidad? El desastre agrario se produce al persistir la violencia y el caciquismo que se vuelven el gran método improductivo, los gobiernos prefieren el control cerrado de sus ínsulas a la puesta al día que implica la democratización, y el dinero del narcotráfico es aceptado por la desesperación campesina convencida de que nada hay más allá de la sobrevivencia.

A su vez, usen o no estos términos, los migrantes sacralizan el éxito, es decir la frustración de la suerte previsible y fatal que les aguardaba de no moverse del terruño. El antiguo campesino de Guanajuato que es ya obrero o mesero en California y padre de un estudiante de la UCLA, decepcionó al destino que lo rondaba en su tierra. El indocumentado que muere en el desierto de hambre y de sed, acató el final trágico de tantos de sus ancestros y de sus contemporáneos.

Andrés:
Del mismo modo, una serie de operaciones simbólicas que, en el imaginario colectivo hacen del norte de México un “Far West”, frustran el desenvolvimiento previsible de las tradiciones. Al volverse la americanización y la mexicanidad más que obligaciones de conducta, estructuras complementarias de significación y de apariencia, impulsan en el México móvil la “carnavalización” que no se acepta como tal. ¿Quién hubiese concebido un México regido por los role models de John Wayne y Clint Eastwood, en sus variantes de la onda grupera? ¿Quién habría previsto la sustitución de los corridos de la Revolución Mexicana por los narco–corridos y el repertorio de los Tigres del Norte, los Temerarios, los Bukis, los Tucanes de Tijuana y así sucesivamente?
Jennifer:
¿Y quién hubiese profetizado patrón, que al apropiarse los trabajadores del campo y del sector servicios, de la imagen fílmica del gunfighter la enriquecerían con camisas de color verde limón, servicios se enfundaría camisas verde limón, rosa, azul eléctrico, rojo frenesí o morado éxtasis? (Para no hablar del diseño de los cinturones) ¿Cómo adivinar lo revelado en la confiscación de una de las casas de la narcofamilia Arellano Félix: una colección de figuras de Walt Disney de tamaño considerable hechas con la técnica Lladró? ¿Quién le hubiese dicho a los personajes de Juan Rulfo que un espectáculo predilecto de sus descendientes sería el rodeo, ambientado con canciones de Dolly Parton y Willie Nelson, allí donde reinó la voluntad de Pedro Páramo, un rencor vivo? Diles que no me maten, y hasta la vista, baby.
¿Y ora dónde limpio patrón?

Ninja Peruano dijo...

Aaay... creo que sí viene de familia...

Carajo Andrés... que cosas tienes de veras.

Jvr dijo...

jajaja chale.. sí que tiene pedos.

Menos mal que no los sentiste.