miércoles, 10 de diciembre de 2008

Anécdotas Canadienses III

Antes de proseguir con la historia de mis aventuras en el país que idolatra al hockey y la hoja de maple; permítanme informarles algo, queridos lectores imaginarios:

El club de fans del Ninja Peruano ha abierto sus puertas.
Lo único que tienen que hacer para unirse al selecto grupo de individuos conocedores y cultos que siguen la vida del misterioso sujeto que usa un gorro andino, es darle clic al botón de "seguir este blog" que se encuentra en la parte derecha de esta página.

Si usted se siente entretenido/identificado/enamorado/exhaltado/patriótico/limpio y fresco/abo con las aventuras que escribo en el überlog, entonces hágame el favor de unirse al club de fans. Mi ego se lo agradecerá de corazón.

Ahora sí; a lo que vinimos: anécdotas peruanas de un mexicano sensual en Toronto.

En el capítulo pasado, les conté a ustedes la historia de cómo conocimos a nuestras vecinas, y cómo empezamos a llevarnos con ellas; gracias a la mágica unión entre seres humanos que sólo se puede dar después de haber inhalado los vapores que emiten las pituras a base de aceite, en un cuarto sin ventilación, por más de 3 horas.

Pues bien, esta siguiente historia también involucra a las vecinas; pero, para desilusión de algunos de ustedes, no involucra marihuana:

Una soleada mañana, me encontraba yo en la sala de nuestro hogar suburbano, viendo un capítulo de Barney, el dinosaurio homosexual; pero traducido completamente al francés.
Evidentemente, yo estaba a punto de manchar mis pantalones, producto de la risa que me producía el surrealismo del asunto.

Mientras tanto, mi mejor amigo, Tepoz, estaba en el patio de atrás, tratando de prender el asador de propano, para cocinar un nutritivo desayuno a base de cortes de carne de 400 gramos, papas asadas con tocino, y crema agria.
Lamentablemente, como aquí en México no abundan los asadores de gas, pues ni Tepoz ni yo estábamos acostumbrados a usarlos, y por eso prenderlos era todo un problema.

Tepoz alternaba entre el asador completamente apagado, y el asador lanzando unas flamas de 30 centímetros de altura.

En eso, baja la prima de mi amigo, y me dice: "Bueno, ya me voy a trabajar, ¡que tengan un bonito día!"

Yo la voltée a ver, con lágrimas de risa escurriendo por mi cara, y le dije: "¿Sabías que tu tele pasa programas de Barney en francés?"

Ella me miró como si yo estuviera drogado, y me dijo: "Sí... creo que sí sabía. Oye, ¿dónde está Tepoz?, me quería despedir de él"
Antes de que yo pudiera contestar, se escucha un alarido proveniente del patio de atrás.
La prima pone cara de preocupación, y grita: "¡Adiós Tepoz! ¡Diviértete.... quemando lo que sea que estés quemando allá atrás!"

Mientras movía su cabeza en forma resignada, la prima salió de la casa.
A los pocos minutos, llega mi amigo, apestando a pelo quemado, y me dice: "Al demonio, jamás le voy a entender a ese asador..."

"Sí", le dije yo, "por eso los tacos son la onda, no se necesita asarlos".
Apagué la tele, porque ya estaba perdiendo gracia ver al dinosaurio morado bailar y cantar en un idioma que no entiendo.

Yo:
¿Sabes qué quiero comer? Tacos.
Tepoz:
¿Y sabes qué quiero hacer? Beber.
Yo:
Ándale; chupe y tacos.
Tepoz:
Lástima que aquí no haya tacos, y seamos demasiado pobres para comprar alcohol.
(Y es que, debo decirles, que el chupe en Canadá es estúpidamente caro. Una botella chafa, sale en 30 o 40 dólares)
Yo:

Ok... acabo de tener otra brillante idea. Vuelvo en un parpadeo.
Tepoz:
¡Güey, no te vayas!, ¡estoy haciéndote de desayunar!, ¡estoy quemando una papa especialmente para ti!

Dejando atrás el prospecto de un desayuno carbonizado; corrí calle arriba, hasta la casa de las vecinas:

Rebeca:
¡Hola vecino!
Yo:
¡Hey!, vengo a hacerles una propuesta.
Rebeca:
No. No vamos a pintar nada más.
Yo:
No no no, algo más divertido.
Rebeca:
Ok, estoy escuchando.
Yo:
Noche mexicana, hoy.
Rebeca:
¿Cómo?
Yo:
Sí, noche mexicana; una cena. Nosotros ponemos la comida y ustedes la bebida.
Rebeca:
Sí, está bien, suena divertido. ¿Los vemos en la noche entonces?

Regresé a la casa, gritando triunfalmente: "Muchacho, nos acabo de conseguir alcohol gratis. El único problema es que tenemos que cocinar."

Le expliqué mi plan a Tepoz, y en menos de 10 minutos, ya íbamos camino a la tienda.

Llegamos al súper que estaba a 3 cuadras de nuestra casa, y nos dimos cuenta de que no vendían los ingredientes necesarios para cocinar ningún platillo mexicano que supiéramos cocinar.
Interrogamos a la cajera para que nos dijera dónde había otro súper.

Aparentemente, existía una tienda, llamada Loblaws, que vendía muchas cosas "gourmet", y no estaba TAN lejos.
Sin nada mejor que hacer, y turisteando medio gacho, emprendimos camino.

Sí estaba TAN lejos. Estaba como a 30 cuadras.
Pero en fin, el caso es que era una tienda ridículamente cara, porque todo era importado.
Supimos inmediatamente que no nos alcanzaba para nada, porque, el objetivo del plan, era conseguir cosas gratis, no pagar cantidades absurdas por productos inútiles.

La tienda era mucho muy grande. Mucho muy.
Después de caminar por como 20 pasillos, yo dije en voz alta: "¡Puta madre! ¿Dónde están las cosas mexicanas?"
Gritar groserías por la calle no era algo que me preocupara, estaba en el extranjero, de todos modos nadie me entendía.
Peeeero, justo cuando dije eso, una viejita que iba con su carrito, se detuvo, y nos dijo: "Las cosas mexicanas están en el pasillo 47". En un perfecto español. Es más, ni siquiera tenía acento.
Habíamos encontrado a otra mexicana.

Un poco confundido, Tepoz le dió las gracias.
En eso, me distrajo una lata de una bebida rusa muy extraña, y me quedé viendo.

La viejita caminó 10 pasos, y después nos gritó, enojada: "¡les dije que las cosas están por allá!"

Enojado porque me estaban gritando, le dije a Tepoz, en voz perfectamente audible: "¡Pinches mexicanos! ¿Sabes cuál es su problema? Son demasiado metiches. Ni siquiera les hablas a ellos y ya creen que tienen autoridad sobre tu vida. Me cagan los mexicanos. Lo que este país necesita es más canadienses; ellos no son ancianos ni se meten en tu vida."

La anciana balbuceó algo de la juventud malagradecida, y se fue.
Pero en fin.

Llegando al pasillo mexicano, nos dimos cuenta de que los canadienses no tienen ni idea de lo que son las cosas mexicanas. Lo que más abundaba, eran tostadas para hacer tacos (sí, tostadas) y tostadas blandas para hacer burritos.
Pero sí encontramos algo: salsas Herdez.
A 4 dólares el paquetito.

Otro dato curioso acerca de mí, es que muchas veces grito groserías en inglés, porque la mayoría de la gente no me entiende.
Así como en Canadá gritaba groserías en español; aquí grito groserías en inglés.

Acostumbrado a hacer esto, grité: "¡¿4 dólares?! Fuck me in the ass!"
Olvidé que en Canadá, la gente sí entiende cuando dices fuck me in the ass...
A los compradores que iban pasando no les hizo nada de gracia. Fuck them.

Pero en fin. Después de una breve consulta de presupuesto con Tepoz, decidimos que lo único que podíamos hacer, eran tacos. Tacos de suadero.
No sabíamos cómo se preparan los tacos de suadero, pero decidímos que si comprábamos la carne de cerdo más barata y pitera que encontráramos, y la sobrecocinabamos; la cosa saldría bien.

Al final del día compramos 2 salsas Herdez (verde y roja), un poco de cilantro, cebolla, tortillas sazonadas gourmet (tortillas de harina con especies; lo más cercano que encontramos a tortillas comunes y corrientes) y dos kilos de retazo de carne de cerdo.

La primera parte de nuestra aventura estaba lista.
Ahora sólo faltaba cocinar.

De regreso en la casa, Tepoz decidió que deberíamos de conectarnos a internet para ver cómo se cocinaban los tacos.
"¡Fruslerías!", le dije; "somos mexicanos, cocinar tacos es instintivo para nosotros, está en nuestra sangre"
Me insistió que deberíamos de investigar un poco antes de cagar nuestra cena.

"Anda, ve a tu internet de afeminados, deja a los hombres cocinar", le contesté, inflando el pecho.

"¿Seguro?, me preguntó cauteloso.
"Sí. Digo, de todos modos, ¿qué es lo peor que podría pasar?"

Tepoz no fue a internet, sino que se quedó en la sala, viendo Seinfeld sin subtítulos.
Mientras tanto, yo tomé una sabia decisión: no usaría el asador de propano. Me daba miedo quemarme las cejas.

Prendí la estufa, y agarré dos sartenes. Los dos los atasqué de aceite.
En uno puse el cilantro y la cebolla, junto con mis mezcla de hierbas sazonadoras secretas.
Aquí entre nos, era un frasquito que encontré en la alacena, y decía "Poulet", así que creo que era sazonador de pollos. O pollo en polvo, una de dos.
En el otro sartén, aventé toda la carne.

Fui a la sala a ver Seinfeld.

Tepoz:
¿No se supone que estás cocinando?
Yo:
¿No se supone que estás en internet viendo cómo cocinar?
Tepoz:
Ok, me parece justo.

Perdido en las graciosas aventuras de Jerry, George, Elaine, y Kramer; olvidé que había dejado las cosas en la lumbre; hasta que un olor a quemado me regresó a la realidad.
Gritando improperios, corrí a la cocina.

Afortunadamente, la comida no estaba MUY quemada, digo, más quemada que en los puestos de tacos del DF no estaba.
Desafortunadamente, había olvidado prender el extractor de humo de la estufa, así que en cuanto abrí la puerta de la cocina, me di la horneada de mi vida.
Más desafortunadamente, olvidé cerrar la puerta de la cocina cuando entré en ella.

El agudo agudo pitido de la alarma anti-incendios que estaba en la sala me recordó lo estúpido de mi error.

Tepoz:
¿Qué hiciste pendejo?
Yo:
¡No mames! ¡no mames!, ¡estoy quemando la casa!
Tepoz:
¿Cómo se paga la alarma? ¡Dime! ¡Dimeeeee!
Yo:
¡No mames! ¡no mames! ¡¿qué tal que está conectada a la oficina de bomberos?! ¡no quiero que vengan los bomberos!

Corrí a abrir la puerta del backyard, y me puse a sacar el humo de la cocina, abanicándolo con un mantel.
Cuando me asomé, nuestro vecino nudista (completamente nudista, pero esa es otra historia) estaba asomado a nuestro backyard, alternando entre ver el desmadre y después verme a mí, con cara de susto.

"Buenos días", le dije, amablemente, y me volví a meter corriendo a la casa.

Lo primero que vi, al volver a entrar, es a Tepoz, atacándo la alarma anti-incendios con una escoba; tratando de zafarla del techo.
Regresé a la cocina, a abrir todas las ventanas; cuando de repente, todo el escándalo proveniente del pequeño aparato chillón, cesó.

Yo:
¡Lo apagaste! ¿Qué le hiciste?
Tepoz:
Le piqué el boton grande del centro, que dice power.

Nos sentímos muy idiotas, pero al menos teníamos la crisis controlada.

Probé la carne (y con eso quiero decir que hice que Tepoz probara la carne) para ver si todavía servía; y me dijo que sabía a taco barato de afuera del metro Miguel Ángel de Quevedo.
Perfecto, la carne estaba en su punto.

Agarré las dos salsas y las mezclé en un refractario que encontré en el lavabo.
Puse el cilantro y la cebolla en otro refractario que estaba abajo del primero.

Todo estaba listo.

Y justo a tiempo, porque 10 minutos después llegaron Allison y Rebeca; con una botella de Tequila Cuervo en las manos.

La cena no tuvo grandes aventuras; nuestros tacos fueron un rotundo éxito (y si no lo fueron; las vecinas tuvieron la educación de hacer como que sí lo fueron); y la conversación se fue volviendo más y más extraña a medida que el alcohol pasaba de la botella a nuestro torrente sanguíneo.

Para serles sincero, yo no bebí mucho. No me gusta el tequila, me da asco; y vomitar mi propia bebida nacional frente a dos extranjeras me pareció un faux pas social, así que decidí no embriagarme.

Ellas, en cambio, se pusieron hasta el huevo.

Acabando la cena, decidimos ir al parque que estaba cerca de la casa. Como ya era de noche, estaba casi vacío, pero los reflectores del campo de baseball estaban prendidos, y se veían muy chidos. Nos sentamos en las gradas a platicar.
Tepoz se estaba ligando a Rebeca, así que era mi obligación como wingman alejar a Allison de ahí, para darles espacio.

Aproveché que Allison me preguntó que por qué no había bebido para llevarla lejos de su hermana y de mi amigo.

Yo:
Porque estoy muy cansado, me estoy durmiendo. ¿Qué pensarían de los mexicanos si ven que uno se queda dormido a los tres tragos?
Allison:
¿En serio? ¡No te puedes dormir! ¡Es muy temprano!
Yo:
Entonces... acompáñame a la tienda por un café o algo así.
Allison:
Si quieres, en mi casa tengo como veinte latas de Red Bull.
Yo:
¡Red Bull! ¡Perfecto!
Allison:
Ok, vamos rápido a la casa, saco las latas y regresamos.

En su momento me pareció como una excelente idea, porque así le daba privacidad a Tepoz, y yo conseguía Red Bull gratis.

Fuimos rápido a su casa, y en lo que ella pasaba por las latas, yo corrí a MI casa, porque me estaba orinando; y no sabía si orinar en los árboles canadienses iba a causar algún problema diplomático.
Después de hacerme cargo de mis asuntos, salí de la casa, y Allison ya me estaba esperando afuera.

Fue ahí cuando supe que la idea no era tan buena.
No tenía como veinte latas, tenía como cuarenta.

Y, por alguna razón desconocida, porque nuestro señor Jesús Cristo actúa en formas misteriosas; yo soy completamente incapaz de desperdiciar Red Bulls.

Caminamos por el parque, platicando de música, y yo bebía lata tras lata (había tantas, que Allison tuvo que llevar una mochila para poder cargarlas todas).
Cuando ya llevábamos como una hora platicando, y yo llevaba como 8 latas de Red Bull; la cosa empezó a ponerse muy extraña.

Me dió taquicardia, pero en vez de preocuparme, me hizo gracia, así que seguí bebiendo, mientras el mundo se ponía en cámara lenta.

La conversación nos llevó a The Doors, y a cómo los dos admirábamos a Jim Morrison.

Yo:
¿Sabes qué nunca entendí? Por qué se autonombró el Rey Lagarto.
Allison:
Porque adoraba a todos los reptiles, y una vez estaba tan drogado, que se subió al techo de una camioneta, y gritó "¡soy el Rey Lagarto!"
Yo:
Ahá, eso sí lo sabía, pero entonces... ¿lo único que se necesita para llegar a la monarquía lagarta es gritarlo desde un lugar alto?
Allison:
Supongo
Yo:
Y si Jim Morrison está muerto, su título está desocupado, ¿no?
Allison:
Pues sí, tiene sentido

Cuenta la leyenda, que en esos momentos, Dexter, propulsado por alrededor de 15 latas de Red Bull, corrió hasta un estacionamiento cercano al parque; se subió al techo de un camión escolar canadiense, y gritó:

"¡Escuchádme, pueblo civilizado y primermundista!, ¡Alabad a su nuevo monarca!, ¡Prestad atención, Canadá, puesto que hoy nace un nuevo rey!, ¡SOY EL NUEVO REY LAGARTO!"

La leyenda dice que el nuevo monarca medía más de 2 metros, y tenía los cabellos rojos como el fuego del infierno.

Y esa, lectores imaginarios, es la historia del nacimiento del Rey Lagarto.
Al otro día, su primer mandato como soberano, fue instituir una política de no salir de la cama hasta que la cruda de taurina hubiera pasado.

20 comentarios:

Jvr dijo...


Tepoz:
¿No se supone que estás cocinando?
Yo:
¿No se supone que estás en internet viendo cómo cocinar?
Tepoz:
Ok, me parece justo.

JAJAJAJA!!!
Tepoz, atacándo la alarma anti-incendios con una escoba; tratando de zafarla del techo.

JAJAJA no mames, deberías dejar de hacer el blog y hacer una caricatura.
Te harías millonario.

Bueno no, no dejes el blog.

Ninja Peruano dijo...

El único problema es que no sé dibujar. Si mi hermana quiere, le vendo los derechos para caricaturizar mi vida de rockstar.

Lo chingón es que te guste el blog, eso signfica que escribo suficientemente decente como para que te imagines la caricatura

Lady Vendetta dijo...

jajajaja chale Ninja creo q cada dia descubro mas y mas cosas en comun con mi master, y si, definitivamente deberian tu hermana y tu hacer la caricatura

Ninja Peruano dijo...

Tú también eres parte de la dinastía lagarto?
Oh mi Dios!
Pensé que era el último de mi especie!

lielico dijo...

Si, seria muy divertida la caricatura, de eso no hay duda, con tantas aventuras seria varias temporadas, jajaja

Y pues me uní a tu club de fans sin dudarlo ni un instante.

Que buena forma de conseguir bebidas eh, a cambio de tacos semiquemados!! jajajaja

Jajajaja, y lo de la viejita, jajajaja

Pero para mí, esta fue la mejor frase:
"Anda, ve a tu internet de afeminados, deja a los hombres cocinar".

Hasta luego señor Rey Lagarto.

Ninja Peruano dijo...

No es a cambio de tacos semiquemados, es a cambio del arte de hacer tacos jajaja

Me da gusto tener una fan tan morada, yo ya soy lector ávido de tu cuento de hadas.

Miss Mac Lovegood dijo...

Igual y mi pregunta es medio estupida pero... lo gritaste en inglés o en español?

ô_Ô

Jejeje, como haya sido, ¡que chistoso!

Ninja Peruano dijo...

En español.
Por eso sólo Tepoz me entendió.

Pero la declaración queda hecha de cualquier forma.
Y soy el Rey Lagarto.

Yana!!... dijo...

yuhu!! ya soy una fan mas!!
nunca dejes de divertirme como lo has hecho en la ultima semana... porq ya lei tooooodas tus entradas je
hagan la caricatura!!! yo si la compraba =P

Ninja Peruano dijo...

Jajajaja caray, otro proyecto alterno!

La übertoon del ninja peruano.

Espero que las demás semanas sean igual de buenas que esta, gracias por el cumplido ^_^

Odile dijo...

Y yo pense q Tom y Jerry eran de pelos, los has dejado lejos... creo q deberia conocerte y darle más sabor a mi vida (al dejar la uni la vida se vuelve aburrida y más trabajando los fies de semana).

En fin, felicidades por conseguir el sazón de los tacos del metro con ingredientes primermundistas, me alegra q no quemaras la casa y pues me rindo a tu grandeza ¿¿¡¡15 latas de red bull!!?? no estabas pensado ¿verdad?.

Ahora a esperar la cuarta entrega de tus canadienses aventuras.

Ninja Peruano dijo...

La mayoría de las veces no estoy pensando.
Pensar no causa situaciones divertidas.

Patchy dijo...

jejeje...pero que paso con las cuchareadas?

silvestre dijo...

Que bueno que "lo que pasa en Toronto se queda en Toronto" no aplica en tu caso, tienes mucho más. Como cuando...o cuando...¡Síguele Ninja!

Ninja Peruano dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ninja Peruano dijo...

Patchy: Me asusta un poco que sepas de las cuchareadas...

Silvestre: There's no such thing as "what happens in XXX stays in XXX", it's more like "what happens in XXX will haunt your life forever"

Claudia dijo...

awww! tu y tus obsesiones por el red bull!! siempre he pensado que un dia te va a matar!! no te mueras por favor...

me hiciste reirme muchiiisimo!!

Ninja Peruano dijo...

No seas exagerada, no me va a matar.
Y lo que no me mata me hace mas fuerte.
O me mata neuronas, una de esas dos.

Orland0 dijo...

Tús anécdotas son muy buenas, serían mucho mejor con unas buenas pocas ilustraciones, y asi aumentariamos nosotros tus seguidores.

Saludos hermano

LIZBET SIN H dijo...

Bastante divertidas tus anécdotas, me divierto mucho leyendo, no es difícil imaginarse esas situaciones caricaturescas.